Xavier Ruiz Ribes


Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

Y el Premio Nobel de la Paz es para… 

Si el Comité noruego pusiera sus ojos sobre Nicaragua y decidiera otorgarle el Nobel a alguno de sus ciudadanos, en nombre de esas “mujeres y hombres valientes” que han dado su vida por restaurar la democracia, tendría un problema mayor: ¿a quién ungir para que todo el país pueda sentirse representado?

Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

El último que apague la luz

Mientras presenciamos esta sucesión de ilustres decapitados que semana tras semana va encogiendo el aparato represor, sería una ingenuidad esperar a que el último de ellos traspase la puerta de salida y apague la luz, dejando tras de sí un fortín irrompible, sellado y al mando de un caudillaje trastornado.

Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

¿Y mañana, qué?

Todo es tramoya: es lo que deben saber quienes permanecen activos en el combate por la libertad, quienes construyen una alternativa que deberá ser puesta en práctica cuando las condiciones lo permitan, quienes han ido creando un plan de trabajo esperando el día en que se deban tomar decisiones.

Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

Han matado a un hombre

No sirve de nada negar lo evidente, pero tampoco el silencio es una opción, y tanto Costa Rica como España deberán afrontar una realidad incómoda pero tan cierta y sólida como el dolor que sentimos todos ante este crimen.

Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

Los principios de Arquímedes

Si el principio de aquel Arquímedes primigenio dictaminaba que todo cuerpo sumergido experimenta una fuerza igual al peso del volumen del fluido que desaloja, los principios de su tocayo nica y de todos los escritores que siguen narrando en estos tiempos triplican esa fuerza de empuje: hasta la ciencia quedó pequeña ante la magnitud de su empeño.

Xavier Ruiz Ribes es cooperante español en Centroamérica

Abriles

Van a pasar los abriles en el calendario y nadie debería tomarlo con desencanto: la partida se va acabando, las piezas contrarias están cada vez más acorraladas en una esquina del tablero, y el rey, sin corona y a merced de unos pocos devotos, ya no se fía ni de su sombra. Cada nuevo abril es, para ellos, quizás el último y, por ello, también es su peor congoja.