Peligros de la antropología
Los padres fundadores de la democracia norteamericana bebieron más bien de la antropología tradicional cristiana: conscientes de la propensión del hombre al abuso del poder, decidieron limitárselo.
Los padres fundadores de la democracia norteamericana bebieron más bien de la antropología tradicional cristiana: conscientes de la propensión del hombre al abuso del poder, decidieron limitárselo.
San Pablo ya lo había advertido: “Nuestra lucha no es contra seres humanos sino contra los poderes que gobiernan este mundo de tinieblas; contra los espíritus malignos…” (Ef. 6:12).
Aislados en el Carmen, que desde hace rato parece una zona en guerra, no dormirán tranquilos sabiendo que dentro de sus propias filas pululan quienes los detestan y que, a medida que envejecen, salivarán por sustituirlos algunas de las fieras que les sonríen.
Ningún jefe de Estado inteligente, por atrincherado que esté en el poder, haría acciones que multipliquen innecesariamente sus enemigos o perjudiquen su prestigio. Aumentar simpatías es siempre mejor que aumentar antipatías.
Por qué los Ortega-Murillo actuaron con tanta hostilidad, y sin beneficio discernible alguno, contra unas monjitas consagradas exclusivamente al servicio de Cristo.
El régimen, con la complicidad secreta del mando militar, decidió aplastar de una vez por todas a la resistencia opositora armando a millares de sus militantes con armas de guerra.