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Hay quien se queda en la superficie de muchas de las canciones del Bad Bunny, el famoso cantante puertorriqueño cuyo nombre de pila es Benito Antonio Martínez Ocasio y que ha colocado el reguetón en la cima de la música internacional. Basta con ver los resultados de su última gira mundial, con llenos hasta la bandera en ciudades de América Latina y de Europa.
Después de meses viajando con una serie de conciertos para promocionar su último disco, Debí tirar más fotos, Bad Bunny ha cerrado el círculo regresando a su isla y una vez más ha profesado su amor patrio. Lo ha proclamado en el estadio Hiram Bithorn, en San Juan: se lo pasó “cabrón” dando la vuelta al mundo, pero extraña Borinquen porque su tierra le tira en lo más profundo de su corazón. Y si regresó a la isla no ha sido solo para repetir sus éxitos en la modalidad de la música urbana del perreo y el trap, sino también para hacerse eco de la crisis que azota a los puertorriqueños en dos frentes que complican mucho sus vidas: una grave escasez de agua que ha obligado a que se racione a más de medio millón de usuarios; y también los apagones de electricidad que se vienen sufriendo desde 2017, cuando el devastador huracán María arrasó el territorio dejando miles de muertos. Lejos de que se haya recompuesto el sistema eléctrico dañado desde entonces, se suma la falta de agua en hogares donde tienen que esperar a llenar bidones cuando pasan los camiones cisterna.
Las noticias que llegan de un Puerto Rico en estado precario parecieran provenir de una isla vecina, Cuba, pero allí la crisis abismal dura siete décadas y bajo un gobierno comunista que ha hecho de la nación cubana un erial económico y humano. En Puerto Rico, en cambio, que es Estado Libre Asociado de Estados Unidos desde 1952, la ciudadanía goza de una economía de mercado del primer mundo, pero eso no ha evitado el deterioro gradual de sus instituciones. Los sucesivos autogobiernos en este territorio no incorporado se han visto lastrados por la corrupción y la mala gestión. Ahora, con una gobernadora republicana y alineada con el trumpismo, Jennifer González Colón, ambos males ensombrecen su mandato en medio de protestas por un malestar general que no hace más que acentuarse.
El retorno de Bad Bunny para celebrar con su gente el histórico triunfo de su gira, y el haber sido el primer artista en ganar un Grammy al Mejor Álbum del Año con un disco completamente en español, es su manera de solidarizarse con los problemas que afectan a sus compatriotas. El creador de éxitos como Baile inolvidable y Weltita ha aprovechado estos dos últimos conciertos con un público entregado para apelar a la resistencia ciudadana frente a la ineptitud de los políticos. “A este pueblo lo salvamos nosotros”, ha dicho desde el escenario, recordándoles a los puertorriqueños en la isla —hay más residiendo en el continente americano que en el archipiélago— que la fuerza la tienen ellos por medio del voto y de las movilizaciones. Bad Bunny ha compartido con sus seguidores la emoción, pues es consciente de que, por medio de su influencia y con una voz que nada ni nadie puede silenciar, visibiliza una crisis que no acaba de resolverse por mucho que la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos le haya pedido al gobierno federal que agilice la ayuda en la isla.
Qué ingenuidad, o simple miopía, no ver más allá de las letras reguetoneras ideales para fiestas (Bad Bunny reivindica la parranda como manifestación de la felicidad colectiva) del cantante puertorriqueño. Estamos hablando de un artista que renunció a llevar su gira a Estados Unidos, donde sin duda habría ganado millones en ventas de entradas, para así evitar cualquier operativo de ICE en busca de inmigrantes indocumentados en los alrededores de sus conciertos. Bad Bunny no es santo de devoción del presidente Donald Trump, quien premia a sus aduladores y pretende castigar cualquier corriente desafecta. El mandatario estadounidense no ha perdido ocasión en denostar su valía artística, pero de poco le sirvió en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, donde el reguetonero montó un show en el que brilló la exaltación del espíritu boricua junto a otro grande de la isla, Ricky Martin.
A Bad Bunny nadie puede tirarle despectivamente un rollo de papel toalla, como hizo Trump con la multitud cuando visitó la isla después de la tragedia del huracán María. Su mensaje es claramente reivindicativo, tal y como lo han desgranado las académicas Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Ridau en su libro, PFKN R: Bad Bunny y la música como un acto de resistencia (Planeta USA). Benito Antonio Martínez Ocasio volvió a casa para decir bien alto: “Les quiero traer esperanza y fuerza para seguir defendiendo esta tierra”. Bad Bunny les da 100 weltas a los políticos. [©FIRMAS PRESS]
La autora (La Habana, 1960) es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es “Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida” (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela “La mala fama” (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó “Un día sin inmigrantes” (Grijalbo).
*Twitter: ginamontaner