¿Es absurda la propuesta de Humberto Ortega?

Debo interrumpir de nuevo mi serie sobre las causas y remedios de nuestras desgracias políticas. El escrito de Humberto Ortega pidiendo una tregua santa y las demoledoras declaraciones del papa Francisco lo ameritan.

Analizar el primero no es fácil. Somos nicaragüenses y, como tales, propensos a reaccionar más con el hígado que con la cabeza; a ser extremistas o enemigos instintivos de los términos medios. Lo de en medio nos parece traición. Exigimos el todo o la nada.

 No es de extrañar pues, que las primeras reacciones a Humberto hayan sido viscerales, calificándolo como una pieza urdida para lavar a Daniel de sus delitos y amenazar a los nicaragüenses con caos si su llamado a negociar es despreciado. Son reacciones entendibles, ante tantas heridas, pero que dificultan entender las causas y verdaderos objetivos de su escrito.

Un primer interrogante a dilucidar es si su escrito fue consensuado con su hermano, o producto de un “libretazo”, de un pensamiento exclusivo de Humberto, reflejo de sus preocupaciones personales. Si es compadre hablado podríamos al menos sospechar que Daniel está buscando una salida intermedia, algo distinto del modelo radical que hasta ahora viene empujando.

Sería, quizás, un indicio de que, sin estar necesariamente abierto a dejar el poder, puede estarlo a fórmulas de compromiso que le den cierto espacio a la oposición, pero preservando para él su inmunidad (impunidad) y una importante cuota de influencia. Mal o bien, sería al menos una señal de cierta apertura. Que esta deba rechazarse o no es otro tema.

Si el artículo de Humberto es solo producto de su pensamiento, entonces indica la preocupación de un hombre —que en su trayectoria ha mostrado pragmatismo e inteligencia estratégica— ante el curso cada vez más peligroso que surca su hermano. Su advertencia de caos no la veo como amenaza a la oposición, que ya está suficientemente aplastada, sino al mismo gobierno. Es decirle a este, y a sus adversarios, pero sobre todo al primero, que de no llegarse a un acomodo entre las partes antes del 2026, puede venir algo muy feo.

 Dejando al lado aspectos debatibles del escrito de Humberto, su propuesta merece ser meditada. En primer lugar, por los mismos círculos gubernamentales. Porque, en verdad, la marcha actual del gobierno, que hoy parece machacar más a la oposición, terminará machacando también a los machacadores, aun cuando sigan en sus puestos de mando.

Una consecuencia es que se agudizará para ellos su incapacidad de viajar por el mundo. No solo por las carencias de visas, sino por el peligro de ser apresados en muchos de los países de Europa y del continente americano. Los resultados del reciente diagnóstico condenatorio de las Naciones Unidas harán, que como ocurrió en los juicios de Núremberg, sean también condenados funcionarios intermedios, tanto de las fuerzas armadas como del poder judicial y resto del aparato estatal, como cómplices de delitos de lesa humanidad.

Al costo anterior se suma la incomodidad creciente de estar asociados o al servicio de un régimen injusto y torpe, sin el consuelo ideológico de que esté presidido por líderes con áurea de héroes revolucionarios, como una vez lo fue Castro a los ojos de muchos. Por el contrario, su jefe es una pareja hoy vista con tanta alarma y desdén que ni las izquierdas quieren aparecer apañándola y que ni el mismo papa se abstuvo de descalificar, a pesar de la reserva verbal que los romanos pontífices suelen tener para todos los jefes de Estado.

 La mala fama —el casi rechazo universal— y la dependencia exclusiva en China y las armas del general Avilés, ponen al gobierno en una situación quizás prolongable pero costosa y expuesta. Es natural, entonces, que el general retirado Ortega anhele una salida intermedia que también permita a la clase política dominante una vida con menos sobresaltos y limitaciones.

Claro, él sabe que los dos grandes obstáculos para lograrlo es que tanto la pareja como la oposición se atrincheren en posiciones inflexibles. Por eso advierte que sin acuerdos antes del 2026 puede dominar la tentación de la violencia. Creo que tiene razón. Quien difiera enriquecería el debate proponiendo alternativas mejores y realistas.

El autor fue ministro de Educación y es sociólogo e historiador aficionado. Publicó el libro “Buscando la Tierra Prometida; historia de Nicaragua 1492-2019”, disponible en librerías locales y en Amazon.

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