Buscando la piedra angular

Decía en mi artículo pasado (Cómo vencer la maldición de Sísifo), que un elemento indispensable para cambiar Nicaragua y prevenir sus recurrentes desgracias es cristianizarla. Pues, en realidad, nuestro mayor reto no es cambiar las estructuras políticas sino su gente; cambiar la ética y comportamientos de sus ciudadanos. Y nada mejor para lograrlo que la educación cristiana.

No es preciso ser creyente para aceptarlo. Basta ver las lecciones de la historia para comprobar que el cristianismo ha sido, y es, el mayor factor cultural en moralizar y defender la dignidad del hombre. No existe influencia transformadora que se le compare. Recomiendo sobre este tema el extraordinario libro de Rodney Stark, The Victory of Reason; how Christianity led to freedom, Capitalism and Western Success. (La Victoria de la razón; cómo el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo y al éxito de occidente).

Incluso la ética secular moderna, que rechaza a Dios, es tributaria o parasitaria de los principios cristianos. Como lo expresó el filósofo francés Remí Brague: “Cada vez hablamos más de derechos del hombre, de la dignidad del hombre, pero cada vez somos menos capaces de decir a qué se debe esa dignidad, esos derechos”. Porque desde el ateísmo, “el hombre no es más que el simio más afortunado en la lotería de la evolución”, no esencialmente distinto de los animales. La ética cristiana, por el contrario, tiene un fundamento mucho más potente al conceptuar al hombre como creado a imagen y semejanza de Dios, poseedor de derechos inalienables y, en consecuencia, digno del máximo respeto a su vida y libertad.

Una educación cristiana, con su insistencia en el amor, el perdón, la fidelidad matrimonial, la veracidad, y otro conjunto de valores, suministraría a la juventud una moral difícil de adquirir a través de la educación laica. Habría pues que redefinir el propósito de la educación. Dejar de centrarla en la transmisión de conocimientos o habilidades intelectuales y técnicas, y enfocarla en la producción de mejores personas. Y aquí hay que dar un paso más, porque no basta la mera educación cívica desligada de lo trascendente: el logro mayor sería llevar a los alumnos a experimentar un encuentro personal con Jesucristo; a que lo traten, conozcan y amen. Incontables son los testimonios de las personas que han cambiado y mejorado notablemente sus vidas después de semejante encuentro.

Igual cambio puede ocurrir con las naciones. Si una persona puede cambiar encontrando al Señor del evangelio, ¿por qué no también un país? Un escritor protestante, Loren Cunningham, trató de demostrar en su obra El libro que transforma las naciones, casos concretos de cómo la difusión y lectura de la Biblia ha llevado a Cristo e ilustrado las mentes levantando del vicio y la postración a pequeñas comunidades y

grandes colectividades, citando como ejemplos la isla Pitcairn en el Pacifico, Corea del Sur, Noruega y otros.

Invitaba este autor a imaginar lo que sería si una mayor proporción de la población tratara de vivir seriamente los principios cristianos: las familias serían más unidas y los padres, en lugar de abandonar sus niño les proporcionarían guía y estabilidad que necesitan; aumentaría la confianza interpersonal pues bajaría el robo y la mentira, los políticos se preocuparían más por el bienestar público y los jueces por impartir verdadera justicia, disminuiría el alcoholismo y el consumo de drogas, se podría circular con más seguridad, las calles se mantendrían más limpias, etc.

Pero hay un gran obstáculo para lograr este objetivo, y es que el primer vehículo educativo, la familia, es mayoritariamente disfuncional. Dos de cada tres nicaragüenses han crecido sin su padre biológico en su hogar. Por otro lado, tanto las iglesias como los colegios religiosos son insuficientes para llenar el vacío. Una alternativa sería introducir la enseñanza religiosa en la escuela pública, adaptando el currículo de forma que los padres puedan escoger para sus hijos los enfoques —católicos o protestantes— o a rechazar ambos. Hay que meditar sobre estos temas, aunque nos absorban tanto las noticias calientes. Seguiré.

El autor, el expatriado doctor Humberto Belli, fue ministro de Educación y es sociólogo e historiador aficionado. Publicó el libro “Buscando la Tierra Prometida; historia de Nicaragua 1492-2019, disponible en librerías locales y en Amazon.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Me refiero a ciertos políticos manipuladores

  2. Hace 3 años

    Prueba LP

  3. Hace 3 años

    Hay que enseñarles a cuidarse de los lobos disfrazados de ovejas.

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