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El fin de las elecciones en Nicaragua no sorprendió a nadie en Centroamérica. Daniel Ortega y Rosario Murillo han construido una dictadura totalitaria en los últimos 19 años. Pero el anuncio el 19 de julio del dictador, quizás por su descaro, posibilitó que Nicaragua captara la atención en el mundo. En pocos días, se logró una condena internacional, pero los operadores políticos desplegaron a lo inmediato una estrategia con el fin de que sus jefes se queden en el poder.
¿Cuáles son los pasos que está dando la dictadura? Según el politólogo nicaragüense Manuel Orozco, los tiranos apuestan por extender su «estabilidad autoritaria», mientras crece el rechazo a su proyecto político, así como la presión de la administración Trump.
Ortega y Murillo, de 80 y 75 años respectivamente, pusieron en marcha su maquinaria legislativa para iniciar el proceso de reformas constitucionales con que impedirán a la oposición participar en futuras votaciones y, de paso, pretenden establecer un nuevo período presidencial de siete años renovables que, en la práctica, podrá habilitar a la pareja de dictadores para seguir en el poder hasta 2040.
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En otra paradoja de su historia, el dictador Ortega anunció la abolición de las elecciones, durante la celebración del 47 aniversario de la caída de la familia Somoza. Y se quitó la careta. La medida no es un arrebato. Todo lo contrario. La decisión tiene su explicación en la impopularidad muy fuerte de la pareja dictatorial, según Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento con sede en Washington.
El actual período presidencial es de seis años en Nicaragua desde 2025, cuando el orteguismo lo cambió para fortalecer su aparato represivo y empoderar el mando de Murillo.
«La extensión a un año más es una medida para evitar enfrentar presiones políticas externas e internas sobre la dictadura sabiendo que el espectro de su impopularidad y durabilidad es muy fuerte. Ellos se sostienen con el uso de la fuerza y la criminalización de lo democrático, por lo que una vez que se les descubrió la farsa, la opción era seguir su curso y enfrentar mucha más presión, o ampliar un año más para evitar protestas sobre la eliminación del proceso electoral en total, y extender un poco más la estabilidad autoritaria de la que goza en este momento«, afirmó Orozco a LA PRENSA.

El politólogo centra su análisis en la figura de Murillo, elevada por su partido a «copresidenta» en las reformas de 2025. Para Orozco, ella enfrenta el riesgo de perder control político del país. Y esta situación aumenta con el mismo acto de abrir la puerta a elecciones, «aun cuando estas estén completamente bajo el control de ellos. Lo que hacen es cerrar toda opción y prepararse con más tiempo».
Ese control de las elecciones del FSLN es por diseño. Desde hace años, ellos copan la cúspide del poder electoral y las juntas receptoras de votos cuando hay proceso de votaciones. La legitimidad la buscan con una suerte de partidos políticos colaboradores. La gente los llama «zancudos».
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La consulta legislativa, un «show mediático»
Por eso, el proceso de consulta legislativo sobre las reformas de 2026 es un «show mediático», recalca Orozco. Con el mismo intentan mostrar que no hay una decisión de eliminar los procesos electorales, pero aceptan que lo harán con todos aquellos que consideran amenazantes, siguiendo la narrativa de que son «traidores de la patria».
«La razón principal estriba en la creencia que le agregará estabilidad para gobernar mientras no tenga que preocuparse en lidiar con el proceso electoral (leyes, registro de partidos, participación ciudadana, financiamiento, transparencia en la auditoría electoral, y representatividad de partidos). Además, el factor más subyacente en todo este asunto es que para Murillo, la amenaza de su control político es permanente porque ella se sabe que no es popular, no es democrática y el sistema en sí es despreciado«, reiteró.

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En 2018, Murillo fue señalada de ordenar la represión. También la justificó públicamente en sus comparecencias en el aparato de propaganda manejado por su familia. Ahora lo hizo nuevamente. Presionada por las críticas, después que su marido anunció la liquidación de la vía electoral, atacó a los medios independientes. Los tildó de «destrucción masiva«.
Los medios oficialistas invocan la soberanía, pero su versión de la historia es cada vez menos creíble. Ortega y Murillo han sido señalados por la comisión de delitos de lesa humanidad, después de la brutal represión de 2018. La impunidad es una de las características de su régimen y, en un intento de protegerse, fortalecieron sus alianzas con China, Rusia e Irán.
En el contexto de la eliminación de las elecciones, diez países cuestionaron al dictador. Dos presidentes de izquierda destacaron: Lula da Silva en Brasil y Yamandú Orsi de Uruguay. Estados Unidos acusó también a la dictadura de socavar los principios del hemisferio y mantuvo la presión sobre la situación de derechos humanos en Nicaragua.
El Ministerio de Asuntos Exteriores británico expresó su preocupación por lo que llamó el continuo deterioro de la gobernabilidad democrática, el espacio cívico y los derechos humanos en Nicaragua. Instaron a que se restablezcan las garantías democráticas y crear las condiciones para una participación política significativa, la disidencia pacífica y el respeto de las libertades fundamentales.
El orteguismo acusó otra vez a los medios independientes de tergiversar al dictador y a EE. UU. de montar una campaña internacional sobre la supuesta manipulación. Sin embargo, esta narrativa naufragó frente al video en que se puede comprobar cómo Ortega sentenció públicamente a las elecciones.
«Ya quisieran ellos (opositores) ganar elecciones para hacer riales con las escuelas. Pero que se olviden. Aquí no volverán a haber elecciones. No volverá a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder», destacó Ortega.
La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos demandó recientemente en Panamá el fin de las violaciones de derechos humanos en Nicaragua. La gran pregunta es qué se puede esperar si Ortega sigue el camino para entronizarse en el poder.
¿Qué se puede esperar?
Benjamin Gedan, director del programa de América Latina del Sitmson Center, otro centro de pensamiento en Estados Unidos versado sobre temáticas de Paz, coincide en que no lo sorprendió el anuncio de Ortega de eliminar las elecciones. «No hay una gran distancia entre el arresto de los candidatos de la oposición y la suspensión total de los comicios», afirmó.

Gedan se refirió al proceso de votaciones de 2021, cuando la dictadura encarceló a todos los posibles oponentes de Ortega. Así el dictador «ganó» sin ninguna competencia. Esos opositores encarcelados fueron parte de los 222 presos políticos a los que quitaron la nacionalidad, acusaron de «traidores a la patria» y los desterraron a suelo estadounidense en febrero de 2023.
«Lo positivo es que la decisión (de Ortega) provocó una reacción contundente por parte de Estados Unidos y de la comunidad internacional, lo que ofrece una oportunidad para imponer costos al régimen e intentar revertir el nuevo somocismo«, dijo Gedan.
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Sin embargo, el investigador teme que Nicaragua vuelva a pasar rápidamente, por debajo del radar, tal como ocurrió tras la masacre de manifestantes en 2018, las elecciones robadas de 2021 y el destierro de presos políticos en 2023 y 2024.
Herramientas para presionar a Ortega
El académico sostiene que hay herramientas para aumentar la presión en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y los acuerdos comerciales que Nicaragua tiene con Estados Unidos y también con la Unión Europea.
«Los países democráticos también pueden avergonzar a los aliados que le quedan a Ortega, como China. Como mínimo, la familia Ortega debería experimentar el mismo aislamiento que sufre la familia Kim en Corea del Norte. Pero incluso eso requeriría un consenso regional que, tristemente, aún no existe«, agregó Gedan.
De acuerdo con él, no es comprensible cómo la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, no esté dispuesta a pronunciarse sobre el fin de las elecciones en Nicaragua. En días pasados, ella se amparó en la «autodeterminación de los pueblos» para evitar criticar al dictador centroamericano, el mismo que ha forzado el exilio de miles de nicaragüenses.
Orozco considera que aunque el consejo de los asesores de Murillo es que no provoquen a Estados Unidos, el discurso de Ortega y la «desidia» de la dictadora despertaron el apetito de EE. UU. por dar una respuesta proporcional y asegura que se están haciendo consultas y deliberaciones al respecto.