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La frase ha recorrido el mundo entero: “Aquí no volverá a haber elecciones”, dijo el dictador Daniel Ortega durante el acto del 47 aniversario de la Revolución Sandinista en Managua. Y con ello oficializó la dictadura que ya había establecido de facto desde hace varios años. Ortega lleva casi 20 años consecutivos en el poder en Nicaragua.
Sus declaraciones han provocado condena a nivel mundial. Estados Unidos aseguró que “no se quedarán de brazos cruzados”. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Albert R. Ramdin, criticó el abandono de la democracia en Nicaragua o la “apariencia de ella”.
Aquí te damos 5 claves para entender cómo es que Nicaragua llegó a este punto.
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1. El regreso al poder de Ortega y el pacto
Daniel Ortega cumplirá este próximo enero 20 años consecutivos en el poder y sumará en total 29 años en el poder. Había gobernado el país por primera vez tras el triunfo de la Revolución Sandinista luego de ser electo coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Posterior a ello fue electo presidente del país en 1984 y entregó el poder en 1990, tras perder las elecciones ante Violeta Barrios de Chamorro.
Desde el triunfo de la Revolución en 1979, Ortega ha sido el candidato único del Frente Sandinista. Intentó regresar al poder durante 16 años hasta que lo logró en las elecciones de 2006 y lo hizo con la ayuda de Arnoldo Alemán, expresidente de Nicaragua por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) con quien negoció un pacto en el que bajaron el piso electoral.

La Ley Electoral en Nicaragua, previo al pacto del año 2000, establecía que se ganaban las elecciones con el 45 % de los votos en primera vuelta. Sin embargo, tras el pacto se acordó bajar el piso electoral de 45 % a 35 %, que se ganaba con un 40 % en la primera vuelta o bien con el 35 % si había una diferencia de al menos 5 % sobre el segundo lugar. Un pacto hecho a la medida de Ortega, quien regresa a la Presidencia de Nicaragua con un 38 % de los votos.
Ese pacto no solo le permitió volver al poder en 2007, sino repartirse las instituciones con Alemán entre allegados hasta que Ortega logró el control total, a medida que se fue consolidando en el poder.
2. Las primeras reformas constitucionales
Para cuando Ortega llegó al poder, la Constitución Política de Nicaragua prohibía la reelección presidencial consecutiva. También prohibía optar al cargo después de haber estado en dos periodos distintos. Es decir, Ortega solamente podría ser presidente ese periodo.
El control institucional le permitió dar un primer golpe. En octubre de 2009, la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia en la que declaró inaplicable el artículo 147 de la Constitución en el que se prohibía la reelección y le abría el camino a Ortega, quien se postuló nuevamente para las elecciones de 2011 y las cuales ganó bajo críticas de fraude electoral, además de la irregularidad de la reelección misma.
En 2013 y 2014, los diputados del FSLN reformaron la Constitución y permitieron la reelección indefinida, ganar las elecciones en primera vuelta por mayoría simple y además dictar decretos ejecutivos con fuerza de ley. La Corte Suprema de Justicia también fue útil eliminando a posibles competidores en los procesos electorales cada vez más cuestionados en Nicaragua.
3. La crisis que empezó en 2018 y la represión
En abril de 2018 estallaron en Nicaragua las manifestaciones en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Las protestas, que empezaron por la reforma a la Seguridad Social, se convirtieron en una exigencia para que Ortega dejara el poder y realizara elecciones libres en el país. El régimen respondió con represión. Según las cifras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos durante las protestas hubo 355 asesinados.
El Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) concluyó que el régimen ha cometido crímenes de lesa humanidad de forma sistemática. Estas violaciones iniciaron en abril de 2018, pero continúan hasta la fecha. Según el informe, la dictadura ha cometido ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, destierros, persecución y desapariciones forzadas. Según el último conteo del Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, en Nicaragua hay al menos 46 presos políticos. El país sufre bajo la bota del totalitarismo de los Ortega Murillo.

4. Cierre de espacios y el destierro
Más de 800,000 nicaragüense han huido del país desde el inicio de la crisis en 2018, según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Ortega y Murillo han aplastado a las voces críticas y cualquier intento de disidencia en el país. En 2021, el régimen encarceló a los posibles candidatos presidenciales para las elecciones de noviembre de ese año. La dictadura ha desterrado oficialmente a más de 450 nicaragüenses, pero muchos más han sido desterrados de facto.
En Nicaragua, 61 medios de comunicación independientes han sido cerrados y más de 300 periodistas se han tenido que exiliar, según un informe de la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED). De acuerdo con Reporteros Sin Fronteras, Nicaragua representa uno de los casos más extremos de destrucción de la libertad de prensa en el mundo y en su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa lo ubica en el número 172 de 180 países.
5. El control absoluto y la instauración de una dinastía familiar
Teóricamente en Nicaragua debía haber elecciones en noviembre de 2026, sin embargo, en enero de 2025 la Asamblea Nacional orteguista aprobó un paquete de reformas enviadas por la dictadura Ortega Murillo denominada «Ley de protección de los nicaragüenses ante sanciones y agresiones externas», donde extendía las elecciones hasta noviembre de 2027.
Este paquete de reformas modificó más de 100 artículos de la Constitución Política del país y fue criticada duramente y rechazada por la oposición y a nivel internacional por oficializar una estructura de poder absoluto.
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En esta reforma oficializó la figura de “copresidencia” en el país, y establece que el Ejecutivo está compuesto por un copresidente y una copresidenta. Esta reforma no solo le da más poderes a Rosario Murillo, sino que garantiza la sucesión dinástica, ya que, ante la muerte de uno de los copresidentes, la reforma establece que mantiene la Presidencia quien sobreviva.
En esta reforma, además, fueron eliminados los poderes Electoral, Judicial y Legislativo y le da el control a Ortega y Murillo sobre ellos. El Artículo 132 deja establecido que “la Presidencia de la República dirige al Gobierno y como Jefatura de Estado coordina a los órganos legislativo, judicial, electoral, de control y fiscalización, regionales y municipales, en cumplimiento de los intereses supremos del Pueblo nicaragüense y de lo establecido en la presente Constitución Política”.
2025 también fue el año de la implementación de la reforma constitucional que hizo posible que Murillo se convirtiera en copresidenta, nivelándola jerárquicamente a Ortega. Además, se abolió la independencia de poderes y se fortaleció el aparato represivo.
