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Una bala penetró en la frente del joven Gerald Vásquez López, de 20 años, el 14 de julio de 2018. Su madre afirma que el disparo fue realizado por un francotirador al servicio de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ese día, las fuerzas paramilitares del régimen truncaron las ilusiones del estudiante, quien anhelaba graduarse como ingeniero civil y contribuir con sus conocimientos al desarrollo de Nicaragua.
Los paramilitares atacaron desde varios flancos la iglesia Divina Misericordia, ubicada en Villa Fontana en Managua, donde se encontraban resguardados varios estudiantes universitarios. “Es un gobierno maldito y todas sus generaciones están manchadas de sangre”, afirma categóricamente doña Susana López, madre de Gerald.
Este 14 de julio de 2026 se cumplen ocho años del crimen perpetrado contra el estudiante. Sedienta de justicia, su madre no pierde la fe en que los asesinos pagarán por los crímenes ordenados contra la población civil en 2018.

Aunque el dolor por la pérdida de su hijo la ha golpeado profundamente, doña Susana mantiene firme su lucha por alcanzar justicia. También anima a los demás familiares de las víctimas de Ortega y Murillo a no desistir y a continuar exigiendo respuestas por los crímenes cometidos contra sus seres queridos.
Desde el exilio, impuesto a razón de su demanda de justicia, López, miembro de la Asociación Madres de Abril, promete no descansar hasta ver una Nicaragua libre y poder regresar a su patria. Confía en que la pesadilla provocada por Ortega y Murillo llegará a su fin y que esta etapa quedará grabada en la historia, para que las nuevas generaciones conozcan lo ocurrido y no permitan que vuelva a repetirse.
“Hay muchos responsables que todavía no han pagado”
López dijo a LA PRENSA que “a partir de junio de 2018 empezó la Operación Limpieza en Nicaragua, que terminó con la masacre en la iglesia Divina Misericordia, donde asesinaron a mi hijo, Gerald Vásquez, y a Francisco José Flores, conocido como el Oso”.
A ocho años de ambos asesinatos, asegura que las madres de las víctimas mantienen firme su demanda de justicia. “Nosotros siempre hemos dicho que íbamos a llevar esto hasta las últimas consecuencias, hasta alcanzar la justicia transicional. Lo que queríamos desde 2018 era que el Gobierno reconociera lo que estaba pasando en Nicaragua, pero no lo hizo. Lo que ha buscado es borrar la memoria y la historia del país mediante el cierre de espacios simbólicos. Uno de ellos fue la Universidad Centroamericana (UCA) y después continuaron cerrando otros”, expresó.
López recordó que el 14 de julio de 2018, mientras el país aún enfrentaba las consecuencias de la masacre, el régimen salió a marchar con motivo del Día de la Bandera.
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Con énfasis, señala que “hay muchos responsables dentro del país que todavía no han pagado”, pero confía en que la justicia divina y terrenal llegará. “Como madres vamos a seguir exigiendo justicia”.
Espera juicio contra el Estado de Nicaragua
Con esperanza, López aseguró que ha mantenido su búsqueda de justicia y que el caso por el asesinato de su hijo Gerald Vásquez ya se encuentra en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) en un proceso acompañado por la defensora Wendy Flores, del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más.
“Lo último que me comunicaron fue que el caso ya había pasado todos los filtros y que estábamos esperando el juicio contra el Estado de Nicaragua”, explicó.

Según López, la admisión del caso provocó represalias por parte del régimen, pues “cuando se dio la noticia de que habían aceptado el caso en la Corte, la represalia que tomó el gobierno fue destruir la tumba de mi hijo”, recordó.
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Al mirar hacia atrás estos ocho años, Susana López lamenta que la dictadura de Nicaragua no haya respondido ante la justicia internacional por los crímenes cometidos durante la represión de 2018. “Ellos asesinaron a sangre fría y, lamentablemente, las organizaciones de derechos humanos contabilizaron 355 personas asesinadas”, expresó.
Para López, el dolor de las madres no se limita al asesinato de sus hijos, sino que se ha prolongado con el exilio, la separación familiar y la imposibilidad de vivir plenamente el duelo.
“Aparte de que nos asesinaron a nuestros hijos, tuvimos que salir del país. Tenemos a nuestras familias separadas y no nos dejaron vivir nuestro duelo. Hemos andado, como decimos, rodando por distintos países, pasando muchas necesidades. Nos hemos enfermado y hemos atravesado tantas cosas, pero le seguimos demostrando al gobierno que a nosotras, como madres, nunca nos van a callar y vamos a seguir siempre exigiendo justicia”, expresa con seguridad.
18 horas de ataque que no se olvidan
Doña Susana recuerda que el 13 de julio de 2018 los estudiantes universitarios negociaban la entrega de las instalaciones de la UNAN-Managua, donde permanecían atrincherados. Según su testimonio, mientras se desarrollaban las conversaciones, fuerzas paramilitares y policiales atacaron el recinto con armamento pesado.
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“El 13 de julio los universitarios estaban en la mesa de negociación para entregar la universidad. Lamentablemente, Ramona Rodríguez, que en ese momento coordinaba la UNAN-Managua, prácticamente los entregó a los paramilitares. La Policía y el Ejército llegaron con armamento pesado y atacaron la universidad”, relató.
Ante el ataque, los jóvenes se refugiaron en la iglesia Divina Misericordia, donde sacerdotes y miembros de la Iglesia católica intentaron protegerlos. López recuerda que el asedio se prolongó durante toda la noche. “Comenzó la masacre. Fueron más de 18 horas de disparos. Les cortaron la luz y todos los suministros. Al amanecer del 14 de julio fue que asesinaron a mi hijo”, recuerda sollozando.
Durante la noche del 13 de julio, varias personas intentaron llegar hasta la universidad para apoyar a los estudiantes, pero López recuerda que la Policía bloqueó los alrededores del recinto. “Los jóvenes no tuvieron ninguna salida ni oportunidad para protegerse. Realmente, la única protección que tuvieron ahí fue la de Dios, porque pudieron haber muerto todos los universitarios que estaban dentro de la iglesia”, afirmó.
Gerald Vásquez López fue asesinado al amanecer del 14 de julio en el perímetro de la iglesia. Su madre sostiene que él recibió un disparo en la frente cuando se encontraba en una de las trincheras cercanas a la entrada de la casa cural.
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“Él murió en la iglesia. Lo llevaron a la casa cural y lo colocaron sobre una mesa. Eso nunca se me olvida. A los muchachos les costó recuperar el cuerpo de Gerald. Hay videos y mucha evidencia que demuestra que no fueron los estudiantes quienes lo asesinaron”, relató.
López asegura que el Gobierno intentó responsabilizar a los propios universitarios, pese a que, según afirma, no estaban armados.
“El Gobierno quiso que nosotros cambiáramos la versión y dijéramos que habían sido ellos mismos, pero los estudiantes no tenían armamento, no tenían nada. La universidad fue atacada con armamento pesado. Todos los alrededores de la iglesia quedaron acribillados y las balas traspasaron las paredes”, rememoró.
La madre de Gerald insiste en que el disparo fue realizado desde una de las posiciones cercanas a la iglesia. “En una de las trincheras que estaba a la orilla de la iglesia, cerca de la entrada de la casa cural, fue donde le dieron el disparo. Fue un solo disparo. Un francotirador le disparó en la frente. El disparo fue certero”, afirmó.
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Francisco José Flores, conocido como el Oso, también murió en los alrededores de la iglesia. López recordó que recuperar su cuerpo fue difícil, aunque finalmente los estudiantes lograron hacerlo.
“Sé que vamos a obtener justicia”
La madre de Gerald, considera que la presión internacional contra la dictadura de Nicaragua se ha mantenido y confía en que contribuya a alcanzar justicia.
“A nivel internacional se ha hecho mucha presión. Lo último fue que no ganaron el SICA (la Secretaría de Integración Centroamericana) . Las organizaciones han seguido trabajando y aunque en Estados Unidos cerraron muchas, Europa ha continuado apoyando a Nicaragua”, expresó.
López también sostiene que durante la Operación Limpieza hubo participación extranjera. Recuerda que, cuando viajaba de Masaya hacia Managua el 14 de julio de 2018, observó en la entrada de Masaya a personas que identificó como cubanas, con boina verde y un círculo rojo.“Eso nunca se me va a olvidar. Ellos han querido cambiar la historia, pero como madre nunca voy a olvidar lo que nos pasó y lo que nos sigue pasando”, afirmó.
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Pese al exilio y a las dificultades enfrentadas durante estos ocho años, mantiene la esperanza de regresar a Nicaragua y obtener justicia. “Yo vine aquí sin nada (al país donde está asilada) y no sé si voy a volver. Solo le pido a Dios regresar a Nicaragua y ver la justicia. Llevé el caso de Gerald ante la Corte Interamericana no solo por mi hijo, sino también para que las demás madres puedan alcanzarla. No nos hemos callado durante ocho años y hemos seguido en la lucha. Sé que vamos a obtener justicia”, reiteró.
López afirma que tampoco ha perdido la esperanza de ver una Nicaragua libre. “La fe es lo último que se pierde. Yo lo dije en 2019: la luz brillará sobre la oscuridad y vamos a tener justicia”.
Este 14 de julio no tiene prevista una actividad especial por el aniversario del asesinato de su hijo, pues todavía se recupera de un accidente que la mantuvo durante más de tres meses en cama. “Se me reventaron todos los tendones del brazo derecho y estoy en terapia. No podía moverme y pensé que iba a morir porque, cuando recibí el impacto, no podía respirar. Solo le pedí a Dios vivir porque mi esperanza es volver y estar con los míos”, relató.
Parte de su familia permanece en Nicaragua y otros de sus hijos se encuentran fuera del país. Según López, sus hijas mayores tuvieron órdenes de captura y esa persecución, junto con la destrucción de la tumba de Gerald, fue incorporada al informe presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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“Después vino la persecución contra mis hijas y han pasado muchas cosas. Ellos pensaban que, con destruir la tumba de mi hijo, me iban a derrumbar, pero no. Yo he dicho que no me iban a callar y no me callarán”, sostuvo.
Gerald era el mayor de sus cinco hijos. Estudiaba un técnico superior de la construcción en la UNAN-Managua. “Es triste ver cómo te asesinan a un hijo que tenía un sueño. Él quería quería terminar su carrera y ser ingeniero civil”, recordó.
López asegura que las integrantes de Madres de Abril continuarán exigiendo justicia por sus familiares asesinados. “No nos callaron ni nos callarán. Vamos a seguir exigiendo justicia por nuestros asesinados: justicia, verdad, reparación y no repetición. Ese es el lema de la organización Madres de Abril”.