30 de mayo de 2018. Marcha en solidaridad con las madres de víctimas de las protestas. Foto: LA PRENSA / Oscar Navarrete.

Madres de Abril, incansables en su lucha por la justicia, pese al exilio y hostigamiento

Siete años han pasado desde los asesinatos de sus hijos. Pero el tiempo no borra el dolor ni la esperanza por la justicia

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Han pasado siete años desde que aquel 20 de abril de 2018 —dos días después que iniciaron las protestas contra la dictadura— cuando la Policía asesinó al hijo de Francisca Machado, Franco Valdivia, en Estelí. Valdivia tenía 24 años, era estudiante, artista y padre de familia.

Según Machado, desde aquel 20 de abril su vida dio un cambio abrupto y nada volvió a ser lo mismo.

«He atravesado muchas dificultades, enfermedades, y un proceso de duelo que no hemos podido concluir. Desde la muerte de mi hijo ya no volví a trabajar. He estado bastante mal de salud. Se me complicaron muchas cosas físicas y emocionales. Aún hoy, después de siete años, sigo con antidepresivos», cuenta Machado a LA PRENSA.

Franco Alexander Valdivia Machado, de 24 años, estudiaba tercer año de Derecho en la Unival, en Estelí y dejó a una niña en la orfandad. LA PRENSA/CORTESÍA

Machado reconoce que la vigilancia y el hostigamiento desde 2018 es constante, pero que pese a eso, organizarse le permite mantener la esperanza de que en algún momento habrá justicia.

«Han sido siete años muy difíciles para todas las familias de las personas asesinadas. Hemos enfrentado mucha represión, vigilancia constante, incluso en las tumbas de nuestros hijos y en nuestras casas. A pesar de todo eso, seguimos de pie, aunque muchas madres están enfermas. Seguimos luchando por el cambio y por la justicia», expresó.

Francisca Machado, madre de Franco Valdivia Machado, en una fotografía de 2019. LA PRENSA

Los sueños que la dictadura frustró a Orlando Aguirre Córdoba

Orlando Aguirre Córdoba tenía 15 años cuando a las 4:00 de la tarde de aquel 30 de mayo de 2018 fue asesinado por un disparo en el tórax propinado por un francotirador en el sector de la confiscada Universidad Centroamericana (UCA), cuando participaba en la marcha del 30 de mayo en solidaridad con las Madres de Abril.

Según AMA, los familiares de Aguirre Córdoba denunciaron que en el hospital demoraron mucho en atenderlo y que una enfermera dijo: “¿Y quién lo manda a andar en eso? Ahí que se muera”.

«El 30 de mayo es un día que nunca olvidaré. Ese día, mi hijo me felicitó en Facebook diciendo: ‘Hoy no es un día cualquiera, hoy es el día de mi viejita’. Horas después fue asesinado. Para mí, esa fecha ya no tiene celebración, sólo dolor. Mi corazón aún llora como si todo hubiera pasado ayer», relató la progenitora, Yadira Córdoba.

Orlando Aguirre Córdoba. Foto: Cortesía.

El exilio no apagó su demanda de justicia

Debido al hostigamiento del régimen, Yadira se fue al exilio a Costa Rica, en mayo de 2019, donde participó en marchas y plantones. Sin embargo, asegura que debido a la vigilancia de la dictadura en el vecino país del sur tuvo que reasentarse en Estados Unidos.

«Este exilio ha requerido mucha resiliencia. Aquí no puedo manifestarme como antes y el trabajo ha sido difícil. Vivo para mis otros hijos, los que están vivos, porque ellos me dan fortaleza», señaló.

En Estados Unidos le ha tocado trabajar fuertemente y asegura que se ha enfrentado a humillaciones y desprecio.

Yadira Córdoba sostiene el retrato de su hijo Orlando Aguirre Córdoba, asesinado de un disparo en el tórax por la Policía en la marcha de las Madres de Abril. LA PRENSA/ÓSCAR NAVARRETE

No existe Día de las Madres

Córdoba es enfática en señalar que para ella no existe Día de las Madres en Nicaragua y que al acercarse a esas fechas revive un dolor inmenso.

«Por eso pido que el 30 de mayo se declare luto nacional. No tenemos nada qué festejar, sólo conmemorar los crímenes de lesa humanidad», señaló.

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Padres de luto también

Cornelio Rivera, de 52 años, era padre de Wendell Francisco Rivera Narváez, un joven de 17 años que murió el 23 de junio de 2018, luego de ser herido de un balazo en la cabeza por parte de policías y paramilitares.

A la pérdida de su hijo le siguió la de su esposa, quien falleció el 23 de febrero de 2022 debido a la negativa de atención en hospitales públicos de Nicaragua.

«Estos siete años han sido muy duros para mí y mi familia. La muerte de mi hijo no sólo nos dejó una herida profunda, sino que nos enfrentó a un proceso largo y doloroso. Decidimos caminar por el camino de la justicia, sin aceptar sobornos, enfrentando amenazas y acoso constantes», relata.

El 22 de junio de 2018, Wendell Rivera, al regresar a su casa después de jugar futbol en compañía de su hermano Reynaldo José y algunos amigos, dos camionetas repletas de policías y paramilitares dispararon en varias direcciones. Un policía lanzó una granada aturdidora que los hizo caer al suelo. Según la Asociación Madres de Abril (AMA), Reynaldo fue rodeado por más de 15 policías que lo golpearon y patearon, por lo que Wendell pidió clemencia. Sin embargo, los policías arrojaron a Reynaldo a la camioneta y a Wendell le dispararon a la cabeza minutos después.

Rivera relató a LA PRENSA que, con el asesinato de su hijo, los fanáticos sandinistas que lo amenazaron cumplieron con su sentencia.

«En una ocasión, mientras jugaba futbol, a él y a otros jóvenes les ofrecieron armas y dinero para reprimir a los estudiantes. Él se negó y respondió que si les daban armas las usarían contra ellos mismos. Un civil, que creemos que era de la Policía, le dijo: ‘No sabés en lo que te has metido, chavalo’. Y ya sabemos en qué terminó: lo asesinaron», relató.

Cornelio Rivera, padre de Wendell Rivera. Foto: Cortesía.

Dijeron que teníamos que caer

Desde que iniciaron las protestas, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo persigue a las familias de las alrededor de 355 víctimas mortales de la represión reconocidas por el Mecanismo para el Seguimiento para Nicaragua (Meseni) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esto no fue ajeno para Rivera y su familia.

Este hostigamiento, incluyendo una detención de tres días a su hijo mayor en enero de 2024, lo obligaron a exiliarse.

«A uno de mis hijos, el año pasado, lo golpearon y le mostraron fotos de su hermano asesinado, de su madre fallecida y de mí. Le dijeron que nosotros ‘teníamos que caer’”, relató.

Rivera, quien forma parte de la Asociación Madres de Abril (AMA), aseveró que la situación de las madres cuyos hijos fueron asesinados durante las protestas, es muy difícil. «Se sienten solas y abandonadas. Algunas ya son mayores, y viven en condiciones precarias», puntualizó.

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Urge que no se pierda la memoria

A siete años del estallido de violencia que marcó la vida de cientos de familias en Nicaragua, las voces de madres y padres como Yadira, Francisca y Cornelio siguen firmes en una exigencia común: que no se olviden los crímenes, que no se borre la memoria y que la justicia llegue, por más distante que parezca.

“Las Madres de Abril no tenemos nada que celebrar, sólo conmemorar los asesinatos y crímenes de lesa humanidad”, dice Yadira Córdoba.

Lea además: Día de las Madres en Nicaragua: de la esperanza al horror 

Francisca Machado insiste en que no se puede permitir que estos hechos caigan en la impunidad. “Nuestros hijos deben ser recordados. Que esto quede en la historia para que nunca se repita lo que nos pasó”, afirma, sosteniéndose con la esperanza de ver justicia en vida.

Cornelio Rivera, en el exilio en Costa Rica, recuerda con dolor que el costo de exigir justicia le arrebató no sólo a su hijo, sino también a su esposa. Aún así, no baja la voz: “Si nosotros dejamos de hablar, las piedras van a hablar. Se lo debemos a quienes perdieron la vida, a los encarcelados, a los exiliados. No vamos a claudicar”.

Managua 30 de mayo 2018. Multitudinaria marcha del Día de las Madres, en honor a quienes han perdido a sus hijos a manos de la Policía y las fuerzas de choque. Foto: LA PRENSA
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