Mensaje del CSIS a los nicaragüenses en el exterior

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El pasado 30 de junio se dio en Washington una reunión poco usual. En ella, los señores del Centro Estratégico de Estudio Internacionales (CSIS) reunieron a un reducido número de nicaragüenses y les leyeron la cartilla como se dice en Nicaragua. Se suponía que era una reunión muy privada, pero la verdad es que donde se reúne más de un nicaragüense no existe privacidad posible. Yo me di cuenta de los detalles de dicha reunión por dos vías diferentes y ambos relatos coincidían en su apreciación. Días después los mismos personeros de la CSIS dieron a conocer su versión de la reunión por lo que ahora se puede decir que de privada pasó a ser del dominio público, aunque hay detalles que no se publicaron.

En artículos anteriores he insistido en que hay uno que otro nicaragüense trasnochado pidiendo lo que jamás han tenido la intención de hacer personalmente. En otras palabras, piden que las cosas se den bajo sus términos ignorando que la comunidad internacional tiene su propia agenda y peticiones. No hace mucho un amigo me dijo: “La OEA de hoy no es la OEA de la Republica Dominicana, la OEA de hoy aboga por la solución diplomática en las diferencias tanto entre países como a lo interno”.

Dicho esto, paso a comentarles algunas de las cosas que los asistentes escucharon de sus interlocutores. Les dijeron que la Nicaragua de hoy en día ha cambiado mucho que dentro de Nicaragua hay liderazgos emergentes y que no creyeran (refiriéndose a ellos, los invitados) que los estaban esperando con alfombra roja; que ellos (refiriéndose al CSIS) tenían informes de que inclusive había algún malestar con algunos de ustedes.

Otra noticia que imagino debió haberles caído como un balde de agua, fue la confirmación de que por orden del secretario de Estado, Marco Rubio, ningún grupo iba a ser recibido oficialmente en el Departamento de Estado si no había unidad entre ellos. Algo que sin ser adivino ni sajurín les vaticino que jamás se va a dar, porque para que haya unidad de criterios y acción sobre algo hace falta que haya liderazgo y esa habilidad Papachú no se la da a cualquiera. Hace un poco más de un ano, en un artículo en estas mismas páginas escribí sobre las cualidades y calidades que tiene que tener alguien para ser considerado líder y hasta la fecha ninguno de los asistentes a esa reunión las reúne, aunque si puedo decir que han tenido la habilidad de agenciarse sus propios grupos de seguidores y convertirse en Ceos de dichos grupos.

A riesgo de ir a dar con mis huesos donde no deseo, sí se puede decir que hay contradicciones en nuestra sociedad, pero son contradicciones que con el apoyo de la comunidad internacional y la buena voluntad de nosotros, podríamos solucionarlos sin derramar más sangre.

A raíz de esa reunión y otras por el estilo, se comienza a rumorar la posibilidad de unas posibles elecciones, aunque a decir verdad nuestra Constitución contempla elecciones en noviembre del 2027, así que no se está hablando de nada nuevo. A raíz de esa realidad cada vez más cercana, algunos grupos muy reducidos por cierto han comenzado a satanizar dicha posibilidad con argumentos jalados de los pelos ignorando o más bien pretendiendo ignorar el propósito de la administración americana y del resto de la comunidad internacional.

Personalmente no satanizo unas elecciones en donde el pueblo tenga la posibilidad de expresarse, lo que imagino que pone nervioso a algunos es saber que no tendrán la incidencia que soñaban tener. Yo sí estoy de acuerdo con lo que les dijo el anfitrión a los convocados, aquí dentro de Nicaragua han surgido opciones y no les quepa duda que se revelarán en su momento. Nuestra sociedad no puede seguir siendo rehén de uno que otro con mente calenturienta que proponen soluciones por las que nunca, y enfatizo, jamás han pensado luchar. Si a como se dice el gobierno da los pasos que se están comentando, bien venido sean, ya es tiempo que solventemos nuestras diferencias de una manera civilizada.

Finalizo con un pensamiento que he manifestado anteriormente. Lo malo fue que en el noventa enterramos nuestras armas, pero no enterramos nuestros odios. Hoy es tiempo de hacerlo y retomar las riendas de nuestro destino, nuestro hijos y nietos merecen esa oportunidad.

El autor es analista político y exmiembro de la Resistencia Nicaragüense.

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