Ya existen soluciones de bajo coste para la mortalidad materna

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A principios de junio, Melinda French Gates prometió 215 millones de dólares para mejorar la salud de las mujeres a nivel mundial, con especial atención a áreas con escasos recursos, como la atención materna en África. Este anuncio llega en un momento crucial. Cada día, más de 700 mujeres mueren durante y después del embarazo y el parto, a pesar de que muchas de las principales causas de mortalidad materna son prevenibles con intervenciones asequibles y basadas en la evidencia.

Estas muertes maternas no se distribuyen de manera uniforme. Aproximadamente el 87 por ciento ocurren en el sur de Asia y África subsahariana, y esta última región concentra casi el 70 por ciento. Por el contrario, los países de altos ingresos presentan tasas mucho más bajas, aunque persisten marcadas desigualdades. En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres negras tienen más del triple de probabilidades que las mujeres blancas de morir por causas relacionadas con la maternidad.

La disminución de la ayuda exterior ha exacerbado la crisis. Ante el creciente clamor por la movilización de recursos locales, es necesario centrarse en la rentabilidad. En lugar de invertir en costosos modelos hospitalarios, los responsables políticos deberían aumentar la financiación de intervenciones asequibles que aborden las principales causas de mortalidad materna, como la hemorragia posparto, los trastornos hipertensivos como la preeclampsia, las complicaciones de abortos inseguros, el parto obstruido y la sepsis. El reto ya no reside en identificar soluciones, sino en garantizar que las intervenciones de eficacia probada lleguen a todas las mujeres que las necesitan, especialmente en entornos con recursos limitados.

Mientras trabajaba en Nigeria en un proyecto destinado a prevenir la hemorragia posparto, la principal causa de muerte de mujeres durante el parto, tanto en comunidades como en centros de salud, pude comprobar de primera mano cómo intervenciones sencillas y asequibles salvaban vidas.

Para empezar, el manejo activo de la tercera etapa del parto puede reducir la hemorragia posparto grave en aproximadamente un 60-70 por ciento. Esto implica administrar medicamentos que ayudan a la contracción del útero después del parto, momento en el que el personal sanitario puede controlar activamente la expulsión de la placenta y evaluar el tono uterino de la madre. Si bien la oxitocina es el fármaco de elección, su correcto almacenamiento puede ser complicado en entornos con recursos limitados; el misoprostol es una alternativa eficaz y asequible, termoestable y de administración oral.

Medir con precisión la pérdida de sangre es igualmente importante. Un simple paño quirúrgico de plástico, colocado debajo de la mujer inmediatamente después del parto, ayuda a recolectar y medir la sangre perdida. Para las mujeres que entran en shock tras una hemorragia posparto, la prenda antichoque no neumática, que aplica presión en las extremidades inferiores y el abdomen, puede redirigir la sangre a los órganos vitales y ayudar a estabilizarlos mientras esperan una transfusión de sangre o una cirugía.

La preeclampsia, que afecta al 3-8 porciento de las mujeres que dan a luz en todo el mundo, también pone en peligro la vida de las madres, ya que, si no se trata, puede derivar en convulsiones mortales. Afortunadamente, la mejor solución es una de las más sencillas: el control regular de la presión arterial. Entre 2014 y 2017, el programa de Intervenciones Comunitarias para la Preeclampsia capacitó a trabajadores de salud comunitarios para visitar a mujeres embarazadas en sus hogares, controlar su presión arterial e identificar señales de alerta mediante herramientas móviles y guías ilustradas. El ensayo controlado aleatorizado, diseñado por la Universidad de Columbia Británica, mejoró la detección temprana y el manejo de la preeclampsia en Mozambique, Pakistán e India, donde los trabajadores trataron los casos de bajo riesgo con antihipertensivos y sulfato de magnesio, y facilitaron la derivación urgente de pacientes de alto riesgo a centros de salud.

Las complicaciones derivadas de abortos inseguros son otra causa importante de muerte materna, representando aproximadamente el 8 por ciento a nivel mundial. Los abortos inseguros suelen ser consecuencia de la falta de capacitación del personal o de estándares médicos deficientes, y pueden provocar la muerte por hemorragias graves, infecciones y lesiones en los órganos reproductores y otros órganos internos.

La respuesta es sencilla: ampliar el acceso a servicios de aborto seguro. Etiopía liberalizó su ley de aborto en 2005, lo que permitió que estos servicios y la atención de seguimiento crucial estuvieran disponibles en los centros de salud públicos. El personal sanitario recibió capacitación para tratar a las mujeres con hemorragias e infecciones graves, y para extraer el tejido gestacional restante tras abortos incompletos; los casos más complicados se derivaban a hospitales. En una década, el porcentaje de muertes maternas relacionadas con abortos inseguros se redujo del 32 por ciento a menos del 10 por ciento.

Finalmente, el parto obstruido, que ocurre cuando el bebé no puede pasar por el canal del parto incluso con contracciones fuertes, puede provocar hemorragias graves, infecciones, ruptura uterina, muerte fetal y, si no se trata a tiempo, la muerte. La solución a este problema, que representa aproximadamente el 2 por ciento de las muertes maternas en todo el mundo, radica en el acceso oportuno a personal de salud capacitado para el parto y a atención obstétrica de emergencia, incluyendo cesáreas cuando sea necesario.

Bangladesh logró una rápida reducción de la mortalidad materna —incluidas las muertes por parto obstruido— mediante un enfoque multisectorial. Se incrementó el acceso a atención de emergencia especializada para mujeres con complicaciones graves en el parto, se impulsó el crecimiento de centros médicos privados para satisfacer la demanda de cesáreas y se promovió la derivación temprana a través de parteras comunitarias capacitadas. La disminución de las tasas de embarazo adolescente y la mejora de la nutrición materna también contribuyeron a este descenso.

Si bien el compromiso financiero de Gates es oportuno y bienvenido, el futuro de la salud materna, especialmente en países que han dependido durante mucho tiempo de la ayuda exterior, no puede basarse únicamente en la filantropía. Debe fundamentarse en inversiones sostenidas en intervenciones sencillas, probadas y escalables que optimicen el uso de los escasos recursos para garantizar que ninguna mujer muera al dar a luz.

El autor es médico especialista en salud pública y cofundador de la Red Africana de Ciencias del Comportamiento.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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