Vista aérea de la multitudinaria marcha convocada por las Madres de Abril y respaldada por la población nicaragüense. ARCHIVO/LA PRENSA

Día de las Madres en Nicaragua: de la esperanza al horror 

Lo que debía ser una marcha pacífica para honrar a los hijos asesinados por el régimen se convirtió en una masacre. El 30 de mayo de 2018, Día de las Madres en Nicaragua, quedó marcado por la tragedia y la represión.

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El martes 29 de mayo, Amnistía Internacional presentó en Managua un informe titulado “Disparar a matar”, en el que denunciaba el uso sistemático y letal de la fuerza por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Hasta esa fecha, la organización contabilizaba al menos 89 personas asesinadas desde el inicio de las protestas ciudadanas el 18 de abril. 

El informe fue publicado en vísperas de una marcha convocada para el 30 de mayo por las madres que habían perdido a sus hijos durante la represión. La sociedad civil se unió al llamado como muestra de respaldo y solidaridad. 

En respuesta, el régimen convocó ese mismo día a una contramarcha oficialista y lanzó una campaña intimidatoria a través de medios afines y redes sociales. En sus canales, publicaron un video que incitaba a la violencia, con imágenes de sus militantes armados y usando de forma manipulada el poema Uníos, de David McField, musicalizado por Carlos Mejía Godoy bajo el título La Huelga

La marcha ciudadana fue convocada para las 2:00 de la tarde. Las madres de las víctimas fueron las primeras en llegar, ubicándose al frente. En cuestión de minutos, la multitud era tan grande que se extendía desde la rotonda Jean Paul Genie hasta las inmediaciones de la rotonda de Metrocentro. 

La impresionante convocatoria fue bautizada como “la madre de todas las marchas”. Un mar de banderas azul y blanco ondeaba entre mujeres con niños en brazos, jóvenes, adultos y ancianos que caminaban bajo el intenso sol. 

Cuando la cabecera de la marcha llegó a la entrada de la Universidad Centroamericana (UCA), el grueso de los manifestantes aún transitaba cerca de los semáforos de la Universidad de Ingeniería. Fue en ese momento que estalló el horror. Paramilitares y policías apostados en el extremo opuesto de la universidad, así como francotiradores desde lo alto del Estadio Nacional Dennis Martínez, abrieron fuego indiscriminadamente contra la multitud. 

La marcha se partió en dos. Los que venían detrás intentaron resguardarse, mientras los que estaban al frente quedaron atrapados bajo las ráfagas de fusilería. El tiroteo tenía la intensidad de un combate militar. Heridos y muertos yacían en el pavimento mientras voluntarios, la Cruz Roja y bomberos intentaban socorrer a las víctimas, sin poder atenderlos a todos. 

Muchos manifestantes se lanzaron al suelo arrastrándose entre los adoquines para lograr salvar sus vidas. Otros arriesgaron la suya para sacar a los heridos en medio del caos. 

Mientras esto ocurría, a pocas cuadras, el dictador Daniel Ortega ofrecía un discurso confrontativo: 

“Si bien hay un dolor inmenso de las madres por la pérdida de sus hijos durante las protestas, el reclamo de ellas por justicia no puede llevar a la destrucción ni llevar nuevamente a la guerra en Nicaragua”. 

Sus palabras contrastaban con las acciones violentas que ejecutaban sus fuerzas. La jornada terminó con una estela de muerte, sangre y dolor. El Día de las Madres en Nicaragua se tiñó de luto. Desde entonces, el 30 de mayo no sólo recuerda la valentía de las madres de abril, sino también la crueldad con la que fueron silenciadas. 

Una madre llora por la muerte de su hijo durante las protestas de abril de 2018, mientras es consolada por una estudiante universitaria. ARCHIVO PERSONAL / ÓSCAR NAVARRETE
La denominada “madre de todas las marchas” reunió a personas de todas las edades para denunciar las atrocidades del régimen. ARCHIVO PERSONAL / ÓSCAR NAVARRETE
Una lágrima rueda por la mejilla de una madre que perdió a su hijo a manos de la represión orteguista. ARCHIVO PERSONAL / ÓSCAR NAVARRETE
La sociedad civil respaldó la convocatoria de las Madres de Abril, quienes luego también fueron víctimas de represión. ARCHIVO / LA PRENSA
Manifestantes cargan a un herido mientras otros huyen de los disparos de paramilitares y policías orteguistas que salieron del Estadio Dennis Martínez para reprimir la protesta. ARCHIVO / LA PRENSA
Una de las imágenes más virales de la masacre del Día de las Madres muestra a Jonathan Morazán Meza, gravemente herido por un disparo en la corteza cerebral. Su pronóstico de vida era del 10 por ciento. ARCHIVO / LA PRENSA
Un hombre, muerto por el disparo de un francotirador, es transportado en una camioneta por miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos. Sólo el Ejército y la Policía cuentan con francotiradores entrenados y fusiles Dragunov para este tipo de acciones. ARCHIVO / LA PRENSA
Una persona yace herida de muerte en la entrada de la Universidad de Ingeniería, tras ser alcanzada por el fuego de fusilería de la guardia y paramilitares orteguistas. ARCHIVO / LA PRENSA
Un herido es transportado en motocicleta ante la falta de ambulancias y unidades de rescate, desbordadas por la cantidad de víctimas de los ataques. ARCHIVO / LA PRENSA
Bajo el fuego de fusiles AK-47 y los certeros disparos de francotiradores apostados en lo alto del Estadio Nacional Dennis Martínez, los manifestantes evacuaban heridos utilizando motocicletas como ambulancias improvisadas. ARCHIVO / LA PRENSA
Paramédicos trasladan el cadáver de un hombre asesinado durante el ataque perpetrado por policías y paramilitares orteguistas contra la marcha del Día de las Madres, el 30 de mayo de 2018. ARCHIVO / LA PRENSA
Funerales de Francisco Javier Reyes Zapata, en Ciudad Sandino, una de las víctimas de la masacre del 30 de mayo, ejecutada por orden del régimen. ARCHIVO / LA PRENSA
Paula Hernández, visiblemente consternada, permanece junto al ataúd de su hijo Michael González, de 24 años, asesinado por un disparo, en la Universidad de Ingeniería el 30 de mayo. ARCHIVO / LA PRENSA
Yadira Córdoba es consolada por un familiar durante el sepelio de su hijo Orlando Córdoba, de 15 años, víctima de la masacre del 30 de mayo. ARCHIVO / LA PRENSA
La “madre de todas las marchas” tuvo réplicas en otras ciudades como Estelí, Chinandega y Masaya, también reprimidas violentamente. El saldo fue de 19 personas asesinadas ese 30 de mayo, Día de las Madres en Nicaragua, que gritaban “justicia” y fueron respondidas con balas. ARCHIVO / LA PRENSA

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