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Lo que debió ser solo un evento especial dentro de la familia Ortega Murillo intentaron convertirlo en un acontecimiento nacional, mediante la publicación de un comunicado oficial que fue ampliamente divulgado por la extensa red de medios de propaganda del régimen.
Rosario Murillo convirtió el nacimiento del segundo hijo de Camila Ortega Murillo en un acto de propaganda política, asevera el médico ginecólogo Richard Sáenz Coen, quien actualmente vive en el exilio, pero en su momento ayudó a venir al mundo a los primeros nietos de los dictadores Daniel Ortega y Murillo.
Además del comunicado oficial que publicaron, el pasado jueves 21 de mayo Murillo anunció, en su alocución diaria que realiza los mediodías, el nacimiento de Camilo Augusto, el nieto número 31 de ella y de Daniel Ortega. Además, aprovechó para mencionar los nombres de todos sus nietos y bisnietos. Pero excluyó de la lista a cinco de los nietos, tres de su hija Zoilamérica y dos de su hijo Rafael, los que procreó con la ahora exiliada Yadira Leets.
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«Anunciar un nacimiento y celebrarlo desde los medios y espacios oficialistas del poder sandinista no es una simple noticia doméstica, sino más bien un mensaje político: la familia dictatorial es el centro del Estado, la dinastía tiene un proyecto de continuidad y la vida privada del clan gobernante Ortega Murillo es, por ende, un asunto oficial del Estado nicaragüense. Es una especie de escenificación del poder al estilo de una monarquía dinástica, como si se tratase de los Borbones en España o de los Windsor en el Reino Unido, pero trasladado a la dinastía criolla y chapiolla del sandinismo nicaragüense», dice Sáenz Coen.
¿Campaña para facilitar la sucesión dinástica?
Casi en los mismos términos califica el hecho el dirigente opositor Eliseo Núñez. «Es absurdo (los Ortega Murillo) han interiorizado que son una especie de familia real. Es triste y patético», asegura Núñez.
La manipulación política del nacimiento de su último nieto, Rosario Murillo la habría hecho con la intención de que la sucesión dinástica, algo sobre lo que se ha rumorado bastante en los últimos años, se haga realidad en un futuro cercano, indica un analista político que prefiere hablar bajo anonimato, agregando que podría venirse una campaña de los Ortega Murillo en ese sentido.
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«¿Por qué tirar en público toda la lista de los nietos? Es una campaña que va a comenzar de una familia unida, cristiana y católica», cuestiona el analista.
Tras la masacre que los Ortega Murillo perpetraron contra el pueblo nicaragüense durante las protestas sociales de 2018, la popularidad de Rosario Murillo, la supuestamente designada a suceder en el poder a su esposo Daniel Ortega, se vino al suelo. Desde entonces los dictadores han buscado promover a sus hijos, especialmente a Laureano, Rafael y Camila Ortega Murillo.
«Les urge acelerar sucesión»
El analista considera que ahora que los Estados Unidos capturaron al presidente Nicolás Maduro dentro de Venezuela y acusaron al expresidente cubano Raúl Castro, a los Ortega Murillo les urge acelerar un proceso de sucesión a favor de sus hijos.
«Ella (Murillo) va a insistir, más ahora con lo de Cuba, en la posibilidad que le reconozcan a Laureano o a Rafael. Ella sabe que ellos dos ya están rechazados, Daniel y ella, y tiene que morir tratando que la sucesión sea alguien de la familia», sostiene el analista.
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El problema, añade, es que en la actualidad es más difícil que una sucesión familiar sea aceptada entre los Estados Unidos, el pueblo nicaragüense y la comunidad internacional.
Entre los hijos que más probabilidad tienen de aspirar al poder, el analista considera que sobresalen Laureano, Rafael y Camila. Pero, como existe el discurso de género de 50 y 50, lo más probable es que sean Laureano y Camila.
Contexto actual no favorece la sucesión dinástica
Por su parte, el sociólogo Óscar René Vargas considera que el contexto actual y el espacio político nacional e internacional no son favorables para que los Ortega Murillo vendan la «sucesión familiar» para su implementación.
«Lo que quiere Murillo es implantar en la conciencia colectiva del pueblo que ellos van a mandar por muchos años, y sus candidatos son Laureano y Camila, que sería como enroscarse en el poder de la familia. Pero es la estrategia de la sucesión dinástica, vender la idea poco a poco», indica Vargas.
Si la sucesión familiar no funciona, la siguiente opción sería escoger a alguien del círculo íntimo del poder de Murillo, pero esas figuras tampoco cuentan con respaldo popular, manifiesta el analista que habla bajo anonimato.
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«Después, ella tal vez puede pensar en alguien de su círculo de poder, un Ovidio Reyes o uno de esos. No sé si alguien del Ejército. Alguien del grupo de Avilés o de esos. Dentro del grupo de poder de Murillo, Gustavo Porras es odiado por todo mundo. Fidel Moreno, lo mismo. Lumberto Campbell tampoco tiene mucha aceptación. Wendy Morales es muy joven. Y después están Francisco Díaz y Victoriano (Ruiz) de la Policía. En realidad es un grupo muy reducido», comenta el analista.

Favoritismo por Camila
Desde pequeña, Camila Ortega Murillo ha estado en el foco de las cámaras debido a la actividad política de su padre, el ahora dictador Daniel Ortega. En una foto blanco y negro, de 1990, se ve a Camila en los brazos de su padre, durante la campaña electoral de ese año.
Luego, con el regreso al poder de Ortega en 2007, a Camila se le ve como asistente de sus padres en los actos públicos. También dirige eventos de moda. La han presentado como «el rostro de la economía creativa», dice el ginecólogo Sáenz Coen.
Más recientemente, su primer hijo, Camilo Noé Daniel, apareció en los medios del régimen. En una imagen se le vio vestido de manera semejante a su abuelo, con gorra militar y chaqueta deportiva, participando en una escena propia del poder militar: pasando revista detrás de su abuelo ante mandos del Ejército, en un acto oficial de la Fuerza Naval nicaragüense.
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«En esa escena se observó al general Julio César Avilés con la mano derecha en la cabeza, saludando militarmente al niño, como si se estuviera escenificando ante el país la imagen de una nueva generación dictatorial», indica Sáenz.
Debido a esas razones, el doctor Sáenz considera que Camila goza de cierto favoritismo de sus padres respecto de sus hermanos.
Sin embargo, más allá del favoritismo personal hacia Camila, Sáenz ve una estrategia más amplia: «Reforzar la imagen de una familia gobernante casi monárquica, de origen sandinista y casi divino, donde los hijos, nietos, bisnietos y hasta allegados se incorporan simbólicamente al relato del poder nacional».