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Antes que Juan Carlos Ortega Murillo publicara en sus redes sociales un escrito que desató polémica y conjeturas, bajo la sospecha de ser un arpón crítico contra su madre Rosario Murillo, ya otros poemas habían develado la extraña vena poética de los Ortega Murillo.
Antes de ir hacia allá en el tiempo y hurgar en el pasado, veamos el detonante del conflicto: Juan Carlos decide publicar un texto que se presta a interpretaciones de toda índole, incluyendo, por supuesto, la sospecha de estar dirigido a los controles rígidos y cuasi policiales de su madre Rosario.
El texto no parece ser inocente para alguien como él, licenciado en Comunicación Social de la Universidad Centroamericana, fogueado en reportería básica en el antiguo El Nuevo Diario y lector regular de García Márquez y Vargas Llosa.

Poema en mitad del vendaval
El contexto del poema está ligado a la polémica en torno al hijo de la pareja dictatorial: su esposa Xiomara Blandino ha sido objeto de represalias y represión de Murillo, mientras el propio Juan Carlos ha desaparecido de las fotos familiares y versiones extraoficiales lo ubican en desabridos desacuerdos con las políticas familiares de su progenitora.
Tales discrepancias han resultado —de acuerdo con las versiones de prensa— en la separación de Juan Carlos de la dirección de Canal 8, de los negocios de la familia y de la separación de Xiomara del círculo familiar Ortega Murillo, así como de la pérdida de su libertad y derechos.
No es de extrañar, entonces, que la prensa y las redes sociales identifiquen en el escrito una crítica a su madre, con frases que parece calzar con la incendiaria dirección familiar de Murillo:
Inhabitable
“El valor de la sangre
¿lo determina el amor?
¿Qué fue de tu corazón?
… Tu vacío algún día enterraré
porque el miedo es tu dios
y no te deja ser
Vas destruyendo todo…
Perdiste el rumbo, distorsionaste el mundo…
Vas destruyendo todo…”
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Más canción que poema
El texto en cuestión ya fue aclarado por el mismo autor: “Es lamentable, pero no de extrañarse, que salga siempre alguien tratando de manipular letras que responden únicamente a procesos de introspección y revisión personal”, escribió en sus redes cuatro días después de su publicación.
No todos vieron en el texto de la discordia un “poema” en el concepto preciso de la literatura.
El poeta, escritor y crítico literario Carlos M-Castro lo ve más como la letra de una canción en proceso.
“Yo no sigo a Juan Carlos Ortega en redes, de modo que ignoro si suela publicar textos como ese o haya sido algo realmente atípico. A mi juicio lo que compartió más que como poema se lee como el borrador de una canción”, dice.
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“Recordemos que JC Ortega fue miembro de una banda de rock, Ciclo, y si uno hace un ejercicio de imaginación no es difícil integrar esas líneas en una estructura musical como las de las canciones de Ciclo que pueden escucharse en la radio”, acota.
Y en cuanto a su calidad como poema “quedaría debiendo muchísimo”, dice: “Como canción, insisto que sería aún un borrador al que le haría falta pulimento, pero no está del todo mala (en el nivel de las canciones de Ciclo, que conste)”.
Si bien Ortega Murillo ya “aclaró”, la sensación que queda es de polémica, pero el texto en sí no es más polémico que un extraño poema de su padre, Daniel Ortega Saavedra, cuando estuvo preso en los años 60 y 70.

El crudo “poema” de Daniel Ortega
En el caso de Ortega Saavedra, su relación con la poesía y las letras es más limitada, quizás debido a su formación de bachiller en Ciencias y Letras y su desconocido hábito de lectura.
Durante su encarcelamiento entre 1967 y 1974, Daniel Ortega escribió algunos textos fragmentarios con referencias explícitas a la tortura bajo el régimen carcelario de la dictadura de los Somoza.
Estos textos circularon de manera restringida en su momento, según un poeta y escritor nicaragüense en Managua que pide preservar su identidad por temor a represalias.
Según su memoria, en los años ochenta Murillo intentó frenar su difusión por considerarlos inconvenientes para la imagen pública de hombre fuerte de Ortega, pero el poeta Francisco de Asís Fernández publicó parte de ese material prohibido en 1986, como “versos de revolucionarios” en el libro Antología de Poesía Política Nicaragüense.
La publicación generó incomodidad dentro del entorno político y familiar y no era para menos: los escritos mostraban a un Ortega desordenado, explícito y sin filtro.
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En la prisión (fragmento del “poema” de Ortega)
“(…) Patéalo, así, así
en los güevos, en la cara
en las costillas.
Pasá el chuzo, la verga de toro,
hablá, hable hijueputa,
a ver, el agua con sal,
habláaaaaa, que no queremos joder (…)
“Si me das comida me culiás,
por tres cigarros la mamo”.
Crudo y sin filtros
Los extraños versos de Daniel Ortega no han pasado desapercibidos para los escritores.
Alma Guillermoprieto, periodista y escritora mexicana que ha cubierto los conflictos latinoamericanos desde los años 70, publicó un extenso reportaje titulado “La pareja tóxica que domina Nicaragua: historia de Daniel Ortega y Rosario Murillo”, en el Diario El País, el 11 de diciembre de 2021.
Ahí, citando al escritor Sergio Ramírez Mercado (su novela Tongolele no sabía bailar) y al periodista y escritor Fabián Medina (libro El Preso 198), Guillermoprieto cita los poemas de Ortega tras barrotes.
“Se puede decir que Ortega empezó a vivir verdaderamente en la cárcel. Era hijo de un padre itinerante, un chico de barrio que se incorporó con sus amigos al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entonces una organización muy pequeña, como equipo encargado de recaudar fondos: atracaban tiendas y bancos. La primera vez que lo detuvieron y lo torturaron tenía 15 años; un año después lo detuvieron y lo torturaron todavía más en Guatemala, volvieron a encarcelarlo en Nicaragua y salió en libertad gracias a una amnistía general. En 1967, a los 22 años, lo condenaron a 14 años por robar un banco, pero salió siete años antes de lo previsto, cuando sus camaradas guerrilleros secuestraron a unos cuantos rehenes en una fiesta y los intercambiaron por él y otros 13 presos. Unos poemas que publicó Ortega hace mucho tiempo hablan sobre todo de su vida en prisión y son duros. “Si me das comida me culiás, / por tres cigarros la mamo”, comienza uno. En otro describe las torturas que le infligían las autoridades carcelarias casi por diversión: “Patéalo, así, así, / en los güevos, en la cara, / en las costillas. / Pasá el chuzo, la verga de toro, / hablá, hable hijueputa”.
Alma Guillermoprieto
Para M-Castro, el esfuerzo “poético” de Ortega, así como su personalidad, son menos fascinantes que las facetas de Murillo.
“Son poemas mucho menos crípticos que los de Murillo (menos elaborados artísticamente también) y algo duros de leer”.
“En la pieza, Guillermoprieto cita una famosa entrevista que Ortega concedió a Play Boy hace muchos años donde él, al hablar de cuando conoció a Rosario se define como un hombre de acción más que de palabras. Probablemente sus ‘poemas premonitorios’ haya que buscarlos en sus actos más que en sus textos. Como personaje (para redondear un poco la respuesta) él a mí se me figura mucho menos interesante y complejo que su ahora copresidenta”, dice.

Murillo a través de sus poemas
Pero si de polémicas y rarezas se trata, Rosario Murillo supera por amplio margen los intentos poéticos de su hijo Juan Carlos y de su pareja, Daniel.
Murillo es la figura más constante en ese terreno. Nacida en Managua en 1951, comenzó a escribir poesía en 1973, un año después del terremoto de 1972 que devastó Managua.
Trabajaba ya para entonces como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en el Diario LA PRENSA.
De ahí surgió un poema lleno de resentimiento contra sus funciones laborales en el Diario que, según ella, le impedían desarrollar su carrera de poeta.
Lo tituló Las dificultades de un poeta que entre escritorios, máquinas
y otras incontables cosas garabatea poemas y los vuelve a garabatear:
“Quería escribirte un poema
de aquellos nuestros con palabras mezcladas
fresco como la grama del patio
repleto como la tinaja debajo del alero
quería escribirte este poema que te estoy diciendo
pero ya ves que no pude
tuve que agotar mis dedos interminablemente
hacer montones de sobres
doblar papeles cerrar los sobres sellarlos
tuve que alzar el teléfono y responder melodiosa
no, no está, no ha venido
sí, como nó, pase usted
tuve que hacerme sonrisa en cuatro dientes…”.

Nacida del luto
Su producción poética inició marcada por la muerte de un hijo durante el terremoto.
Titulado Canción de Navidad, el poema es un escrito que la ahora codictadora dedicó a su tercer hijo, Anuar Joaquín Hassan Murillo, que procreó con su segunda pareja, el periodista Anuar Moisés Hassan Morales.
El texto había estado oculto y olvidado durante décadas luego que Murillo mandara a desaparecer sus libros de poesía publicados en los años ochenta, luego de la derrota electoral del FSLN en 1990.
Sin embargo, el texto fue revivido en otras condiciones dramáticas: en el Diálogo Nacional de mayo de 2018, cuando Murillo y Ortega encararon a los estudiantes que lideraban las protestas sociales.
Ahí, frente al clero que servía de mediador y ante el círculo de poder del FSLN, el estudiante Víctor Cuadra le leyó en la cara, verso a verso, el doloroso poema mientras la cara de Murillo se descomponía de la sorpresa a la rabia.
“Canción de Navidad
A mi hijo muerto en el terremoto
Yo camino hoy
con el dolor del parto en cada paso
con el vientre rompiéndose
y los pedazos de madre
volando sobre espacios vacíos (…)
(…) siento al hijo que brota de la sangre
siento la piel colgando
tengo las venas en un solo nudo
hay un hijo derramado en la noche”.

La ira desatada
En su ingenuidad política los estudiantes quizás pensaban que al leer a Murillo un poema sobre su vástago muerto, la conmoverían para frenar la ola de represión que por entonces cobraba 58 vidas de manifestantes.
Horas después, Murillo, con rabia y dolor, reconoció el poema y explicó la tragedia que la motivó a escribir.
“Este poema para mí significa mucho, recoge el dolor de una madre y de muchas madres que hemos perdido a nuestros hijos en distintos momentos y en distintas circunstancias”, dijo a través de los medios oficiales.
“Aquel diciembre (1972) fue sumamente doloroso, me tocó recoger a mi hijo a la casa de mi papá y mi mamá, que le había caído el segundo piso encima y veía que el angelito, que inexplicablemente todavía estaba flexible y caliente, no parecía un niño muerto», recordó entonces.
«Parecía un niño dormido y recogerlo, sentirlo y cantarle, y después escribir este poema, para mí significó mucho. Tiene que ver con esa pérdida irremplazable de nuestros hijos y por eso digo: Todas las madres tenemos el mismo dolor y el mismo sufrimiento, todas queremos la paz», continuó.
La lectura, al parecer tocó fibras sensibles porque Murillo no volvió al diálogo y la represión aumentó hasta concluir, meses después, con al menos 355 muertes en las protestas y sus jornadas de represión.
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Viejos sueños de poder
Años antes, en 1985, Murillo publicó un poemario titulado En las espléndidas ciudades, donde ya imaginaba entonces los escenarios que décadas después impondría como codictadora.
El poema Necesito armar el cielo con mis cantos, develaba ya la fijación de Murillo con la coreografía que impuso a los actos públicos de Ortega, incluyendo las gigantografías de Sandino, Carlos Fonseca, las plazas con consignas, la música idolatrando al FSLN y hasta un esbozo de los llamados Árboles de la Vida (“luces y colores”) que mandó a instalar por todo el país:
“Quiero un árbol con flores
una plaza con banderas y coros
una consigna concebida en el pueblo
un estribillo repetido hasta el eco.
Quiero el rostro de Carlos Fonseca
un Sandino, un Rigoberto, un Rugama en el viento
Quiero al alba, una oración colectiva,
y un amor con predicado, verbo y sujeto”.

Los miedos de Murillo
No obstante manifestar sus sueños de poder y dolores pasados, Murillo también escribió otro poema que, si no es premonitorio, al menos expresa sus viejos miedos a perder el poder.
“Tengo miedo y no sé cómo decirlo
¡Estoy desprotegida!
Hay una interminable fila de hormigas
que me queda viendo
a punto de acusarme de algún crimen
empujándome para caer
enredándome mis piernas ya enredadas
gozándose de mi silencio, de mis tantas preguntas,
imaginándome en el suelo
hormiguitas, pequeñitas, mínimas
mediocritas, chiquititas, ínfimas,
pobrecitas hormiguitas íngrimas
buscando como subir la escalera
disfrazadas de fiesta”.
“Si no fuera tan perniciosa”
Según el poeta y escritor Carlos M-Castro, ese poema de Murillo titulado Tengo miedo de tanta realidad, circuló mucho luego de los hechos trágicos de abril de 2018.
El poema se publicó en el libro En las espléndidas ciudades en 1985 y fue usado como una especie de «arma» contra Murillo por poetas y artistas jóvenes a partir de 2018.
Para él, es complejo identificar rasgos de la controversial figura actual de Murillo en sus poemas.
“En general diría que es difícil hablar de poemas que revelen rasgos de lo que hoy representa en cuanto a maldad la figura de Murillo, su ‘personaje público’, vale aclarar, que es lo que nosotros leemos y evaluamos desde afuera, ya que como persona real no podemos, y acaso no queramos, tratarla”, dice.
Según el poeta M-Castro, “la obra poética de Murillo es relativamente vasta, y si se quiere hallar esto o lo otro, se hallará seguramente. Lo que diré nomás es que como personaje es de una complejidad que resultaría fascinante si no fuera tan perniciosa para tanta gente”.
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