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Daniel Ortega baja de un avión tras ser liberado de las cárceles somocistas en diciembre de 1974. LA PRENSA/ ARCHIVO

Los privilegiados días como reo político de Daniel Ortega

Acceso a escuchar radio, a escribir y leer, a tomar sol, a comida caliente, a recibir visitas, a cortarse el cabello, son solo algunos de los privilegios que recibía el dictador Daniel Ortega durante sus años de cárcel. Privilegios que ahora les niega a los presos políticos que él tiene en el nuevo Chipote

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La primera vez que Daniel Ortega cayó preso fue en 1960, cuando era parte de Juventud Patriótica Nicaragüense. Lo llevaron a las oficinas de la seguridad somocista, lo interrogaron, lo fotografiaron y lo torturaron, igual como ahora él ordena que hagan con los opositores que son llevados al Chipote.

La segunda vez fue en 1961. Lo acusaron de prender fuego a algunos vehículos que pertenecían a la embajada estadounidense, lo cual, según confesó años después a la revista Playboy, era verdad. Ese segundo arresto fue más serio. Lo llevaron ante un juez y lo condenaron.

Al poco tiempo, el juez lo soltó. Según el propio Ortega, en ese momento la dictadura somocista no los veía “como un verdadero peligro”, sino “como si fuéramos un montón de muchachos locos”.

En noviembre de 1967 lo volvieron a capturar y, aunque había participado en el asesinato del sargento Gonzalo Lacayo, solo lo condenaron por asaltar un banco, con una pena de 14 años de cárcel.

Preso en La Modelo. LA PRENSA/ ARCHIVO

Ortega pasó siete años encarcelado, hasta que en diciembre de 1974 un comando sandinista realizó un operativo para liberarlo junto a otros prisioneros del FSLN.

Sobre esos años en prisión, Ortega solo tiene quejas. Que lo torturaron. Que era horrible. Que lo metieron junto a criminales. Que no había higiene en las celdas. Que eran pequeñas. Que tenía que hacer fila para ir al baño. En varias entrevistas se ha quejado de las condiciones de las cárceles somocistas.

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Sin embargo, en escritos y testimonios de personas que estuvieron en la cárcel con él, se trasluce que gozaba de ciertos privilegios, como tener a mano papel y lápiz para escribir poemas, o, que la comida se la llevaban caliente. Privilegios que ahora, convertido en dictador, les niega a las casi 200 personas que tiene como prisioneros políticos, entre ellos varios de sus excompañeros de armas contra los Somoza.

Los hábitos de prisionero

Según el propio Daniel Ortega, él desarrolló ciertos hábitos en la prisión y perdió la timidez, especialmente a la hora de realizar las necesidades fisiológicas.

“Siempre había una línea permanente esperando usar el inodoro. Siempre había por lo menos una línea de 50 personas esperando a usar el único inodoro, presionando al que estaba usándolo para que se apresurara, ya que este era tan inmundo”, le dijo Ortega a la revista Playboy en 1987.

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Ortega usaba el inodoro sin sentarse, de pie, mientras los demás reos le gritaban: “Vamos, aligérate. ¿Qué está pasando? Te estás tomando tanto tiempo”.

A la hora de bañarse, era lo mismo. Algunas veces había 100 personas que querían usar la ducha. “Todo el ambiente daba la impresión de una de esas galeras de esclavos, así es como se sentía”, explicó Ortega.

De pie, de lentes, en los juzgados. Ortega contó con defensor privado nombrado por sus padres. En la actualidad, él le niega el derecho a la defensa a los reos políticos. LA PRENSA/ ARCHIVO

A las cuatro de la mañana, todos los días, debían levantarse a bañar, cuenta el periodista Fabián Medina en su libro biográfico sobre Ortega, El preso 198.

“Era un baño común con nueve regaderas que se convirtió también en su sala de pláticas. Dos veces por semana salían al patio y formaban en fila, desde arriba directivos y trabajadores de los bancos asaltados llegaban a identificarlos. Tenían derecho a visitas y a que les llevaran alimentos como pinolillo, avena, pan, tortilla, queso y jalea”, escribió Medina.

“En las celdas estábamos hacinados, eran unos camarotes, unos encima de otro, de tal forma que si todos bajamos al mismo tiempo no cabíamos en el piso”, relató otro de los presos políticos del FSLN, Jacinto Suárez, según reproduce Medina.

Privilegios

A pesar de las quejas de Ortega, algunas personas que también fueron prisioneros políticos en la misma época que él, aseveran que los privilegios que los Somoza brindaban a los prisioneros políticos cobijaron al entonces reo político Ortega.

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El escritor Kenneth Morris, autor de una biografía sobre Ortega, explica que en las celdas los prisioneros políticos del somocismo, aunque de manera oculta, tenían hasta acceso a tener radio. Además, podía leer revistas. Sus textos preferidos eran sobre la revolución francesa y también leía a escritores clásicos, como Marcel Proust.

Los prisioneros políticos no solo tenían papel y lápiz para escribir, sino hasta para dibujar. Lenin Cerna, quien después llegó a ser el jefe de la Seguridad del Estado sandinista, realizó varios bocetos de sus compañeros de prisión.

Esta foto carné de Ortega estaba en manos de Carlos Brenes, excompañero de armas del dictador, quien después fue prisionero político de Ortega. LA PRENSA/ CORTESÍA

Fue estando en prisión que Ortega, como mantenía papel y lápiz, comenzó a escribirse con su ahora esposa Rosario Murillo.

“Cuando me encontraba en la prisión, comencé a leer sus poemas (de Rosario Murillo). Me sentí muy atraído por ellos, me atraía la poseía femenina en general. Era una poesía de alta calidad y comencé a escribirle. Y así, acostumbrábamos a intercambiar poemas”, le comentó Ortega a Playboy.

El analista político Onofre Guevara comentó a la Revista DOMINGO que en 1968 cayó preso en las mismas celdas donde estaban ocho prisioneros políticos del FSLN, entre ellos Ortega.

Según Guevara, Ortega era como el líder de los otros siete. No los trataba como iguales sino como peones. Les daba órdenes, como recibir la comida. Eso se explica porque en ese momento Ortega ya era miembro de la Dirección Nacional del FSLN. Era el preso político sandinista de más alto rango dentro de la organización guerrillera.

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Guevara recuerda que Ortega, al igual que todos los demás reos, todos los sábados era llevado a la barbería para cortarse el pelo y recibir bien presentable la vista de sus familiares.

Además, la comida que le daban en la cárcel era “calientita”, buena comida, incluido sopas, recuerda Guevara, algo muy diferente a la “chupeta” de arroz y frijoles que hoy la dictadura orteguista les da a los reos políticos en el nuevo Chipote.

Los lunes, desde las 8:00 de la mañana hasta el mediodía, Ortega salía a recibir sol, algo muy importante para ser nutrido de vitamina D.

Una actuación incomprensible

Más de 40 años después, el dictador en Nicaragua ya no es ningún Somoza. Es Daniel Ortega, el mismo que fue preso político a finales de los años sesenta e inicios de los setenta del siglo pasado.

Ahora es él quien tiene las cárceles de Nicaragua llenas de prisioneros políticos.

Son más de 170 presos políticos, aseguran diferentes organismos de derechos humanos, pero quienes están peor son los que están en el nuevo Chipote, una cárcel provisional que no brinda las condiciones como sistema penitenciario.

Sus familiares se están quejando de las condiciones inhumanas a las que los tiene sometidos el dictador Daniel Ortega, el mismo que fue identificado como el preso 198 en la cárcel La Modelo durante la época somocista.

El comando sandinista que liberó a Daniel Ortega y a otros prisioneros políticos del FSLN en diciembre de 1974. LA PRENSA/ ARCHIVO

Los familiares de los actuales reos políticos describen que la dictadura orteguista no permite que vean a sus hijos pequeños. Hay casos dramáticos, como el de Tamara Dávila que no ha visto a su pequeña hija. Pero también el del periodista Miguel Mora, quien ha hecho huelga de hambre para ver a su hijo, quien sufre de problemas motores.

Los reos políticos languidecen en el nuevo Chipote porque la comida es pésima y no les permiten que sus familiares les lleven comida.

Tampoco les conceden acceder a libros para leer, ni papel y lápiz para escribir a sus familiares. Ni siquiera les permiten recibir las cartas con dibujos que les escriben sus hijos o nietos.

Los familiares llaman a todo eso “tortura blanca”. Algunos prisioneros políticos tienen un año de no ver lo que se comen porque están completamente a oscuras. Otros escriben en la mente, para ejercitar la mente.

El exreo político Daniel Ortega se está ensañando contra los actuales presos políticos, algo que, para su excompañero de prisión, Onofre Guevara, “es incomprensible como les ha negado derechos hasta a excompañeros de lucha”.

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