Varios personajes del régimen Ortega Murillo han mostrado una faceta artística. En la familia dictatorial existen poetas y músicos; uno de sus diputados fue cantante y un embajador es pintor.
Sin embargo, no son conocidos como artistas, sino por ser cabeza y parte del régimen totalitario que cada día violenta los derechos del pueblo nicaragüense.
Los versos de Ortega
Durante su estancia de siete años en prisión, luego de asaltar un banco para financiar a la guerrilla sandinista, Daniel Ortega tuvo una discreta faceta de poeta.
“Sus poemas son poco conocidos porque ha tenido hacia ellos una actitud modesta-vergonzante y ha evitado su publicación hasta donde ha podido”, dice el libro El preso 198, un perfil de Daniel Ortega.
Sin embargo, en 1986 del Ministerio de Cultura publicó una selección de poesía política nicaragüense en la que se incluyeron textos de Ortega. De ahí se han podido rescatar poemas donde el ahora dictador retrata lo que él vivió en la cárcel, muchos años antes de hacer padecer lo mismo a sus opositores.
Patealo así, así
en los güevos, en la cara
en las costillas.
Pasá el chuzo, la verga de toro,
hablá, hable hijueputa,
a ver el agua con sal,
hablaaaaá, que no te queremos joder…
—Honorabilísimo y Reverendísimo
arzobispo,
Excelentísimo e Ilustrísimo
embajador,
La paz, el respeto a la persona,
la abundancia, la democracia.
Apriétenle las esposas
métanlo en la Chiquita
te vas a comer tu propia
mierda cabrón.
—La cucaracha, la cucaracha
ya no puede caminar
porque le falta, porque le falta
una pata para andar”.
(En La Prisión, Daniel Ortega, sin fecha, fragmento).

Murillo, la gran poetisa
Muchos dicen que “la poesía salvará al mundo”, pero fue a través de la poesía que Daniel Ortega y Rosario Murillo se conocieron a inicios de la década de los setenta. Para ello utilizaron las páginas de LA PRENSA, el mismo diario cuyas instalaciones allanaron en agosto de 2021.
A la cárcel donde Ortega estaba preso a veces lograban meter el periódico a escondidas. Así fue conociendo a Murillo, gracias a los poemas que publicaba en LA PRENSA. Como Ortega también escribía versos sintió afinidad con ella y le mandó algunas de sus propias creaciones.
En respuesta Murillo le dedicó algunos poemas. Por ejemplo:
A Daniel
Y este también sos vos.
Este vaso, esta canción, esta
vieja fotografía de niño,
Este anillo de bachillerato,
estas cartas desde la cárcel,
el recorte del diario donde
aparecía la denuncia,
tus torturas, tu foto.
(El reencuentro, Rosario Murillo, sin fecha).
La afición de Murillo por la poesía viene desde la época en que fundó, junto con Camilo Ortega Saavedra, un movimiento llamado Gradas, en el que los artistas se expresaban con poemas, pintura o cantos en las gradas de las iglesias.
A lo largo de los años su pasión por la poesía se ha seguido reflejando en los textos que lee durante los actos partidarios del Frente Sandinista. A pesar de ello, no ha recibido reconocimiento como poetisa e internacionalmente es más conocida por violentar los derechos de los nicaragüenses.

El tenor de la dictadura
El heredero político del régimen Ortega Murillo, que parece decidido a perpetuarse como dinastía, es conocido por sus relojes Rolex de más de 40 mil dólares y su afición a la ópera.
Para que el delfín de la dictadura pudiera brillar como cantante, en 2015 se creó la Fundación Incanto y Laureano es la estrella indiscutible de sus festivales de ópera, con amplia cobertura de los medios propagandísticos del régimen.
“Tenor nicaragüense de amplia trayectoria como protagonista, productor y promotor de la ópera en Nicaragua”, dice su biografía en la página de Incanto. “Realizó estudios musicales desde los 17 años con el reconocido maestro Alberto San José Molina, quien lo invitó a unirse al Grupo Lírico de Nicaragua, siendo además de fundador, el miembro con mayor permanencia hasta la fecha. Luego ingresó al nivel medio de canto del Conservatorio de Música de la UPOLI”.
Además, “ha participado en cursos de perfeccionamiento con diferentes maestros de canto, entre los cuales destaca la soprano Lucetta Bizzi y el barítono Claudio Ottino de Italia, y la soprano Conchita Frankie de Cuba. Atendió cursos y lecciones magistrales en los Conservatorios Luigi Boccherini de Lucca, Giuseppe Verdi de Milano y en la Academia de la Fondazione Festival Puccini en Italia”.
En enero de 2016 lo invitaron a una “fiesta rusa” con motivo de la inauguración de la planta de vacunas Mechnikov en Managua. En la celebración se gastaron más de 50 mil dólares en comida traída desde Rusia y licores dignos de un sibarita como Laureano, relató Vitalii Granovskii, antiguo gerente de la fábrica de vacunas, en entrevista con LA PRENSA. La cereza en el pastel fue la participación de dos cantantes de la ópera rusa, regalo especial para el “chigüín” de los Ortega Murillo.

Pasión por la alta costura
Camila, la mayor de las hijas biológicas de Ortega y Murillo, no diseña ropa, pero es una gran entusiasta de la alta costura y el presupuesto del Estado nicaragüense le ha ayudado a demostrar ese lado artístico.
Desde 2012 dirige Nicaragua Diseña, plataforma que le ha servido para proyectarse como modelo de pasarelas y codearse con diseñadores de trayectoria internacional.
En octubre de 2019 unió su gusto por la moda con la pasión de su hermano Laureano por la ópera, llevando sus caprichos a otro nivel. Sus respectivas “instituciones” firmaron un convenio para que Nicaragua Diseña confeccionara los trajes utilizados en la Ópera Lírica de Fundación Incanto, de Laureano.
El arreglo incluía “capacitación en el extranjero” para los diseñadores, además de seminarios, simposios y lecciones magistrales sobre diseño y técnicas para la ópera. Todo salido de las arcas del Estado.
El ciclo de Juan Carlos
Juan Carlos Ortega Murillo, quien según su madre es la reencarnación de Augusto C. Sandino, también tiene inclinaciones artísticas. Desde su juventud ha intentado triunfar como músico, hasta ahora sin éxito.
Es guitarrista de su banda Ciclo, que existe desde hace unos trece años. El pasado octubre el trío compuesto por bajo y voz, guitarra y batería lanzó un disco con 13 temas musicales inéditos que han pasado sin pena ni gloria, pese a la difusión de los medios oficialistas.