Ortega y Murillo con Raúl Castro

Daniel Ortega y Rosario Murillo junto al dictador cubano Raúl Castro. REUTERS

El vínculo de Raúl Castro con los sandinistas en Nicaragua

Garantizó entrenamiento, armas, inteligencia y operaciones militares para los sandinistas. Su mejor amigo fue el enlace entre Cuba y Nicaragua, aunque acabó fusilado por el régimen castrista.

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El día que Raúl Castro ordenó el derribo de dos avionetas de la organización de cubanos exiliados Hermanos al Rescate, él se encontraba cerca de Managua, Nicaragua junto a un contingente de las Fuerzas Armadas cubanas, según detalló él mismo en unos audios divulgados el 20 de agosto de 2006.

“Túmbenlos en el mar cuando se aparezcan y no consulten los que tienen las facultades”, se escucha ordenar a Castro el 24 de febrero de 1996, día en que fueron derribadas las aeronaves en el Mar Caribe, en esos audios revelados por el periodista cubano radicado en Miami, Wilfredo Cancio.

“Ese día yo estaba recorriendo con el Ejército Occidental, precisamente estaba en una unidad cerca de Managua y ya esa mañana ellos estuvieron metiéndose en aguas nuestras. Salió la guardia y después sucedió lo que ustedes conocen. Ellos dicen que fue en aguas internacionales, nosotros que fue en aguas nuestras”, se escucha decir a Raúl Castro en esa grabación que según Cancio tuvo lugar el 21 de junio de 1996, unos meses después de haberse producido el derribo de las dos avionetas y cuando Castro era ministro de Defensa de Cuba.

Daniel Ortega junto a Hugo Chávez, Raúl Castro y Evo Morales. ARCHIVO

En esas aeronaves murieron cuatro personas. Tres de ellas ciudadanas de Estados Unidos. Por ello es que el Departamento de Justicia acusó a Raúl Castro de conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de una aeronave y asesinato. De acuerdo con documentos del Congreso de Estados Unidos, el derribo de las avionetas Cessna 337 ocurrió cerca de las costas cubanas y fueron destruidas con misiles guiados por calor.

En su momento, Cuba acusó a Hermanos al Rescate de fraguar operaciones encubiertas contra la isla, pero estos alegaron que era solamente una organización civil dedicada a dar asistencia a los cubanos que salían de la isla en balsas hacia las costas de Florida.

Diferentes analistas en la región indican que Estados Unidos está apuntando contra el segundo de la Revolución Cubana. El hombre que fue la sombra de su hermano Fidel, se convirtió en el estratega del régimen cubano y en el colaborador incondicional de los sandinistas en Nicaragua.

Daniel Ortega y Raúl Castro son viejos conocidos. Desde los tiempos en que el Frente Sandinista era una guerrilla tenían relación e incluso en 1986, en la primera etapa de Ortega como dictador, se encontraron en Zambia en la 8.ª conferencia del Movimiento de No Alineados en donde también estuvo Ali Jamenei, el recién eliminado líder supremo de Irán.

Armas y dinero

El hombre fuerte de Cuba era Fidel Castro. El guerrillero, ideólogo con retórica y utopía en su discurso. Admirado por muchos y adversado por otros tantos era el gran líder de la Revolución Cubana. Su hermano Raúl en cambio era su sombra, al mando de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, era el estratega militar de la defensa de la isla.

Raúl Castro también estuvo detrás del montaje del aparato de inteligencia cubano, conocido como el G2, el mismo modelo que después llegó a Nicaragua en los años ochenta con la Revolución Sandinista. Mucho antes de eso, Raúl Castro estaba al frente de las estructuras de entrenamiento de guerrilleros de América Latina, Asia y África que buscaban derrocar a las dictaduras de sus países por la vía armada, detalla el exescolta de Fidel Castro, Juan Reinaldo Sánchez, en su libro La vida oculta de Fidel Castro.

El exescolta de Fidel Castro mostrando fotos de él junto al dictador cubano. ARCHIVO

Los sandinistas llegaron así a entrenarse con los cubanos desde los años sesenta, cuando Raúl Castro había designado a Manuel Piñeiro conocido como Barbarroja para dar armas y dinero en efectivo “para los agradecidos y admirados grupos guerrilleros latinoamericanos. Sus adversarios en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), sin embargo, lo consideraban un enemigo astuto y peligroso, el equivalente cubano del mago del espionaje de Alemania Oriental, Markus Wolf”, lo describió el New York Times.

De hecho, el proyecto de mayor éxito que tuvo Raúl Castro a través de Barbarroja pudo haber sido el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pues a diferencia de las otras guerrillas que apoyaban en todo el continente a través del Departamento América, los sandinistas fueron los únicos que consiguieron alcanzar el poder por las armas el 19 de julio de 1979.

Con el ascenso de los sandinistas al poder, las relaciones con los cubanos se estrecharon aún más y fueron de carácter oficial. Es decir, los dos estados colaborando entre sí para acciones humanitarias como salud, educación, alimentación y más, pero también en cuestiones militares. En eso último tuvo mucho que ver Raúl Castro como jefe del Ejército de la isla.

El exescolta Sánchez presenció en una ocasión en el aeródromo militar de Baracoa, en Cuba, donde normalmente despegaban y aterrizaban las aeronaves utilizadas por los dirigentes cubanos, como Raúl Castro le detallaba la manera en que enviaría armas a Nicaragua para que Arnaldo Ochoa ayudara a los sandinistas en la guerra con la Contrarrevolución.

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“En la intimidad, y a salvo de oídos indiscretos, Raúl detalla a su hermano las modalidades del embarque, transporte y entrega secreta de las armas para la guerra a Ochoa. Este, aclara Raúl, ya ha tomado posiciones al norte de Nicaragua, cerca de la frontera hondureña, a orillas del río Coco, donde dentro de algunas horas, al amparo de la noche, recibirá la mercancía en una pista clandestina. Siempre preocupado por verificar los menores detalles y ser consciente por sí mismo de la situación, Fidel escucha atentamente a Raúl, con una preocupación fundamental en mente: verificar que el plan de su hermano carece de fallos y que será imposible, en caso de que el enemigo descubriera el tráfico, establecer vínculo alguno con Cuba”, cuenta Sánchez en su libro.

Más adelante en el relato, Sánchez escribe que Raúl había mandado a pintar las aeronaves “con los colores… ¡de Honduras!”, con la intención de mantener al régimen cubano alejado de toda sospecha de colaborar con los sandinistas, en caso de ser descubiertos, aunque aquello era un secreto a voces. “Algunas semanas después seré testigo de la misma escena, con los mismos protagonistas y el mismo avión hondureño”, apunta el exescolta de Castro.

El mejor amigo

El exescolta de Fidel Castro, Juan Reinaldo Sánchez, también cuenta en su libro que Arnaldo Ochoa era “el mejor amigo de Raúl Castro”. A Ochoa lo tenían como un héroe en Cuba y por recomendación de Raúl, Fidel Castro lo mandó a Nicaragua como el jefe de la misión militar cubana y asesor del Ejército Sandinista, entre 1984 y 1985.

Ochoa era el general más respetado de la isla, casi al nivel de Fidel Castro. En 1984 el mismo líder cubano lo condecoró como “Héroe de Cuba”, la máxima distinción de ese país. Para entonces ya servía en Nicaragua junto a los sandinistas.

Luego fue enviado a Angola en otra misión y el 12 de junio de 1989, Ochoa fue arrestado, acusado de traicionar a la Revolución Cubana al exponerla a una invasión de Estados Unidos por estar inmiscuido en el tráfico de drogas hacia ese país, y de estar aliado con el capo colombiano Pablo Escobar.

El general Arnaldo Ochoa junto a Fidel Castro. Era el mejor amigo de Raúl y le llamaba «el Negro». ARCHIVO

La justicia militar cubana, dominada por Fidel Castro, le realizó un juicio sumario y, un mes después, al amanecer del 13 de julio, fueron fusilados Ochoa y otros tres altos mandos militares cubanos: Amado Padrón, Antonio (Tony) de la Guardia y Jorge Martínez.

Desde el inicio, se intuyó lo que hubo detrás de esos fusilamientos. Fidel Castro siempre estuvo al tanto de las operaciones de drogas que realizaban sus subordinados, pero se quiso limpiar ejecutándolos, a pesar de que era muy cercano con De la Guardia y con Ochoa. El líder cubano evitó así que Estados Unidos acusara a Cuba de estar detrás del narcotráfico, explicó en un reportaje el periodista Pedro Schwarze, del periódico La Tercera.

“Tras la muerte de Ochoa, Raúl Castro entró en el mayor período de alcoholismo de su existencia. No sólo no había podido salvar la piel a su amigo, sino que, encima, tuvo que ratificar en público la condena a muerte del héroe de la República de Cuba, del mismo modo que se vieron obligados a ello los demás miembros del Consejo de Estado y del Estado Mayor militar. Incapaz de superar esa contradicción, había participado en el asesinato de su amigo, se dio al vodka, que desde entonces es su bebida favorita”, relata Sánchez.

Socialismo del siglo XXI

Una de las primeras cosas que hizo Daniel Ortega en 2007 cuando regresó al poder fue viajar a Cuba para visitar a Raúl Castro, entonces presidente interino porque su hermano Fidel se encontraba muy mal de salud.

Ortega llegó acompañado de Rosario Murillo a Cuba pocos días después de que los entonces presidentes de Bolivia y Venezuela, Evo Morales y Hugo Chávez, también visitaran a Raúl Castro, en junio de ese año. Según archivos periodísticos, tanto Morales como Chávez pudieron entrevistarse con un convaleciente Fidel Castro, aunque no trascendieron imágenes. Ortega solo fue recibido por Raúl.

Ortega volvió a Cuba en 2009 en otra visita de trabajo de la cual tampoco circuló mucha información sobre las discusiones. Para entonces, Raúl Castro ya era oficialmente el presidente de Cuba.

Tras el retorno de Ortega al poder en Nicaragua se hizo habitual verlo en foros internacionales junto a otros presidentes de la izquierda latinoamericana: Hugo Chávez, Evo Morales y Raúl Castro. Los cuatro encabezaban lo que llamaron “el socialismo del Siglo XXI”.

Raúl Castro tiene 94 años y enfrenta una acusación por asesinato del Departamento de Justicia de Estados Unidos. ARCHIVO

Casi 20 años después, Hugo Chávez está muerto. Su sucesor Nicolás Maduro fue detenido por Estados Unidos y enfrenta un juicio por narcotráfico en un tribunal de Nueva York, mientras Venezuela parece encaminada a una transición democrática de la mano de Donald Trump.

Evo Morales cayó en desgracia. Perdió el poder el 10 de noviembre de 2019 tras intensas protestas. Su propio Ejército le pidió que abandonara la silla presidencial. Ahora es fugitivo de la justicia de su país en donde enfrenta cargos por trata de personas.

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Raúl Castro ya es un anciano de 94 años. Delegó en Miguel Díaz-Canel la Presidencia de Cuba en 2018 y él se quedó como secretario general del Partido Comunista de Cuba y enfrenta acusaciones de asesinato por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Esto en medio de secretas negociaciones entre personeros del régimen cubano y personal de la Casa Blanca.

Mientas Daniel Ortega y Rosario Murillo siguen aferrados al poder en Nicaragua. Mantienen consolidada su dictadura encaminada a una sucesión dinástica, resistiendo las presiones internacionales y viendo de lejos cómo sus aliados caen uno a uno en el ajedrez geopolítico.

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 meses

    Las avionetas volaban sobre espacio aéreo internacional y esto las autoridades lo pueden probar científicamente. Raúl Castro desde sus años de adolescencia tenía instintos criminales. Le gustaba matar animalitos cuando niño y esta es una mala señal de que el niño es un criminal en potencia tal como lo diría el filósofo Aristóteles.

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