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Que Daniel Ortega y Rosario Murillo, con 19 años de poder ilegítimo, con una pila de cadáveres a cuestas, toneladas de abusos, crímenes a granel y tan envejecidos, son más populares que Nayib Bukele.
Y hay más: que pese a masacrar protestas sociales, esquilmar los fondos de pensiones de los trabajadores, desterrar y exiliar a decenas de miles de personas, encarcelar y confiscar a empresarios, sacerdotes, pastores evangélicos, medios de comunicación social, universidades, oenegé y cometer cualquier barbaridad contra presos políticos, es cada vez más respaldado y aplaudido por casi 9 de cada 10 personas en Nicaragua.
Eso dice de la dictadura la empresa M&R Consultores.
Cada año, la firma encuestadora dirigida por el ingeniero Raúl Obregón, publica entre cuatro y seis sondeos de opinión nacionales, cuyos resultados suelen ser amplificados por los medios de propaganda de la dictadura, con datos que Ortega no tuvo ni al inicio de su régimen, allá por 2007, en su primer año de gestión.
Este año la encuestadora fue más allá: ubicó a Ortega en la cima de líderes más populares a nivel latinoamericano.
Tan «popular» como Bukele
La prensa oficialista de Nicaragua divulgó el 25 de febrero de 2026 los resultados de la llamada Doceava Ola del estudio Panóptico de Opinión Pública (POP), elaborado por la firma M&R Consultores.
Ahí, supuestamente el régimen de Ortega y Murillo alcanzó un 89.6 % de aprobación, una cifra que, según el propio estudio, lo ubicaría “entre los mandatarios mejor evaluados de América Latina”.
De acuerdo con los datos difundidos por medios del oficialismo, el sondeo habría sido realizado en 19 países de América Latina y el Caribe y se basaría en entrevistas a poco más de 5,000 personas mayores de 16 años, con una muestra compuesta por 53.6 % de hombres y 46.4 % de mujeres.
La empresa asegura que el estudio tiene un margen de error de ±1.4 % y un nivel de confianza del 95 %.
Según M&R, el régimen nicaragüense encabezaría el ranking regional de aprobación con 89.6 %, apenas por debajo del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con 89.9 %.
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Más atrás aparecen, según el mismo estudio, Claudia Sheinbaum de México con 58.9 %, Mark Carney de Canadá con 56 % y Gustavo Petro de Colombia con 46.2 %.
Según M&R Consultores, no hay nadie más popular que los Ortega Murillo en Latinoamérica.
El informe también sostiene que 86.7 % de los nicaragüenses considera que el país “va por buen rumbo”, muy por encima del promedio regional, donde solo 46.3 % cree que su país avanza en la dirección correcta.
En ninguna otra encuesta internacional o nacional, desde hace más de diez años, los Ortega Murillo figuran con tanto respaldo como el que solo, y siempre, presenta M&R.

El hombre detrás de M&R
Detrás de las inverosímiles encuestas está el ingeniero Raúl Obregón Morales, un hombre de origen humilde con un pasado tormentoso.
Obregón nació en diciembre de 1947 en Jinotepe, Carazo, en el seno de la familia de Raúl Obregón Fonseca y Velia Morales.
Según personas que le conocen, su infancia quedó marcada por una tragedia temprana: la muerte repentina de su madre cuando él tenía nueve años.
Aquel episodio, que el propio Obregón describió como un “terremoto” en su vida, alteró su conducta y provocó que abandonara los estudios. A los 13 años llegó a Managua para trabajar como mensajero en un almacén deportivo de la avenida Roosevelt.
En esa etapa comenzó a consumir alcohol y cigarrillos, una adicción que lo acompañaría durante décadas.
Su vida tomó un rumbo distinto en 1967, cuando a los 19 años ingresó a Alcohólicos Anónimos e inició un proceso de rehabilitación. Dos años después se casó con Velia del Carmen Gaitán Matus, con quien dirige la ahora cuestionada empresa.
Mientras trabajaba, estudió ingeniería y más tarde economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), donde se graduó en 1986. Décadas después ampliaría su formación con posgrados, incluyendo una especialización en diseño, desarrollo y procesamiento de estudios de opinión.
Antes de convertirse en un encuestador conocido, Obregón trabajó en procesamiento de datos y llegó a presentarse como uno de los primeros operadores de computadoras en Nicaragua.
Su experiencia en estudios de opinión comenzó a finales de los años ochenta, cuando participó en sondeos durante la campaña electoral de 1990.
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Aquellas encuestas, como muchas otras de la época, fallaron al anticipar el triunfo de Violeta Barrios de Chamorro sobre el entonces presidente sandinista Daniel Ortega.
A Obregón no se le conocía militancia política, pero era amigo personal de influyentes militantes del Frente Sandinista (FSLN).
En 1991 fundó M&R Consultores, empresa dedicada a estudios de opinión pública y mercado. Decenas de estudiantes de Sociología, Trabajo Social y Comunicación pasaron por ahí haciendo encuestas y procesando datos como parte de sus prácticas profesionales.
Durante los años noventa, la firma funcionaba desde una pequeña casa ubicada entre el barrio La Luz y Los Robles, en Managua.
Era una oficina modesta, casi familiar, en la que trabajaban con recursos limitados
Sin embargo, sus encuestas gozaban de credibilidad y sus estudios podían presentarse en universidades como la UCA y la UAM, además de publicarse en medios de comunicación y tomadas en cuenta por políticos de distintas corrientes.
En esa época, dirigentes como Dionisio Marenco y el fallecido Herty Lewites, confiaban en la capacidad técnica de Obregón y le encargaban encuestas de medición de opiniones
La estabilidad personal y profesional de Obregón volvió a quebrarse en 1997, cuando su hijo Raúl Alejandro Obregón murió en un accidente de tránsito a los 20 años.
El golpe lo devolvió al alcoholismo y a una crisis económica profunda. Durante varios años acumuló deudas, problemas familiares y un deterioro personal que él mismo describió años más tarde como una derrota emocional y espiritual.
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A comienzos de los años 2000 inició un proceso de conversión religiosa que lo llevó a definirse como cristiano. Desde entonces comenzó a escribir sus reflexiones espirituales en un blog y publicó el libro Hechos Vitales, donde relataba episodios de su vida.
El giro más polémico de su trayectoria llegó después de 2007, cuando Ortega regresó al poder.
Diversas fuentes sostienen que en ese período se produjo un acercamiento entre el encuestador arruinado y el FSLN.
El sociólogo Óscar René Vargas, antiguo amigo del alcalde de Managua Dionisio Marenco (2005-2009), confirma que fue éste quien acercó a Obregón a la secretaria general del FSLN. El encuentro habría ocurrido en 2006, para la campaña electoral que trajo de vuelta a Ortega al poder en Nicaragua.
Algunas versiones apuntan que, gracias a esa mediación de Marenco, a Obregón le realizaron favores políticos o apoyos económicos en momentos de dificultad cuando su empresa estaba en quiebra y su familia en dificultades.

M&R creció como la espuma
Desde entonces, M&R Consultores creció como la espuma: trasladó su sede de una zona popular del barrio La Luz a una vivienda mejor acondicionada en Villa Fontana, Managua, donde Obregón figura como gerente general y su esposa como gerente administrativa financiera.
A partir de la campaña electoral de 2008, las encuestas de Obregón comenzaron a presentar sistemáticamente niveles de aprobación extraordinariamente altos para el FSLN y el régimen de Ortega y Murillo.
En numerosos estudios, la firma les atribuye niveles de respaldo superiores al 60%, 70% e incluso 80% desde 2011 hasta 2026.
Durante ese mismo período, el régimen de Ortega y Murillo ha sido acusado de asesinar a cientos de personas en la represión de 2018, encarcelar opositores, desterrar y exiliar a decenas de miles de nicaragüenses, y lanzar una ofensiva contra amplios sectores de la sociedad.
La represión ha alcanzado organizaciones de la sociedad civil, grupos ambientalistas, colectivos feministas, estudiantes universitarios, campesinos y empresarios privados.
También ha golpeado a la Iglesia católica, sacerdotes, feligreses y comunidades evangélicas, así como a periodistas, medios de comunicación, diplomáticos y familiares de presos políticos o exiliados.
No obstante, Obregón no ha salido bien librado de su compromiso con el régimen: desde 2017 no tiene clientes más allá del régimen o aliados y en 2022 Estados Unidos le anuló la visa, según fuentes cercanas a la firma.
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Un turbio método de medición
Al menos cuatro investigadores de Nicaragua consultados para este reportaje han señalado que las encuestas de M&R se basan en cuatros factores cuestionables: una escala de evaluación de 6 a 10 para medir a los dictadores, sus proyectos y decisiones; una escala de 0 a 3 para medir a sus adversarios; una selección de preguntas manipuladas y el acompañamiento de policías o espías sandinistas en las encuestas casa a casa.
El sociólogo Juan Carlos Gutiérrez, ex catedrático de la Universidad Centroamericana (UCA) y especialista en diseño, desarrollo y procesamiento de datos, estudios de opinión y estadísticas, sostiene que las encuestas difundidas por M&R Consultores presentan problemas metodológicos que, a su juicio, distorsionan los resultados.
Según explica, una de las principales irregularidades radica en el uso de escalas de evaluación que comienzan en valores altos, generalmente del 6 al 10 y, más recientemente, del 7 al 10, lo que a su criterio constituye una aberración “estadística”.
Gutiérrez señala que en cualquier encuesta de opinión es una regla básica utilizar escalas completas que permitan recoger tanto valoraciones positivas como negativas.
En la mayoría de estudios se emplean escalas de 1 a 5 o de 1 a 10, precisamente para captar todo el espectro de opiniones de la población, dice. Cuando una encuesta limita la escala únicamente a rangos altos, explica Gutiérrez, elimina la posibilidad de medir percepciones negativas o bajas.
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“Cuando se parte de valores entre 6 y 10 lo que se genera es una percepción ficticia de la realidad”, detalla.
A su juicio, ese diseño metodológico impide detectar variaciones en el extremo negativo y conduce a una interpretación artificial de los resultados, inclinándolos inevitablemente hacia evaluaciones altas.
Por esa razón, añade, los datos que se presentan bajo ese tipo de escala tienden a mostrar siempre niveles elevados de aprobación arriba del 60 por ciento.
Desde su perspectiva, esa práctica se acerca más a una estrategia de comunicación o propaganda que a un estudio científico de opinión pública.
“Científicamente hablando, ese no es un uso requerido, ni permitido, ni éticamente aceptado dentro de la investigación estadística”, sostiene.
Preguntas con policías incluidos
El especialista también apunta a otros factores que, según dice, han aniquilado a los estudios de opinión en Nicaragua.
Explica que desde 2018 las empresas encuestadoras que realizan trabajo de campo deben solicitar permisos a la policía del régimen. Esas solicitudes, afirma, terminan siendo evaluadas directamente por Murillo.
Ese procedimiento implica que la dictadura conoce previamente la metodología, el financiamiento, las preguntas, los lugares a visitar y el plan de trabajo de las encuestadoras.
Gutiérrez asegura que, en el contexto de represión y vigilancia actual, varias firmas encuestadoras internacionales han dejado de realizar estudios presenciales en Nicaragua, debido a presiones o dificultades para operar.
Además, advierte que en esas condiciones el trabajo de campo se realiza en entornos donde intervienen secretarios políticos de barrios o policías, lo que genera temor entre los encuestados.
En esas condiciones, explica, las personas difícilmente responden con total libertad sobre lo que realmente piensan.
“Estamos hablando de sesgos técnicos y metodológicos radicales que afectan la ética y la validez científica de las encuestas”, concluye Gutiérrez.
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¿Por qué hacen encuestas?
El sociólogo y analista político Óscar René Vargas sostiene que las encuestas divulgadas por M&R deben entenderse dentro de una estrategia política de propaganda del régimen.
“Yo no conozco ningún régimen que tenga esa necesidad de que aparezcan encuestas donde siempre obtienen el 80% o más de respaldo”, afirma Vargas.
Según explica, incluso en sistemas autoritarios muy cerrado, como el de Corea del Norte lo Cuba, los dictadores no suelen recurrir a este tipo de mediciones porque no necesitan justificar su poder ante la opinión pública.
“Lo que demuestran la encuestas de Obregón es que el régimen se siente tan débil y tan frágil que necesita tratar de vender, tanto hacia el exterior como hacia el interior del país, la idea de que sigue firme y que continúa siendo fuerte”, sostiene.
A su juicio, el verdadero objetivo de estos estudios es construir un relato de fortaleza política de un régimen que se sabe despreciado.
“El objetivo de las encuestas de Obregón es tratar de vender la idea de que la dictadura y sus líderes siguen siendo tan fuertes como hace 18 o 19 años, y que todo lo que han hecho no ha tenido repercusiones negativas para ellos”, señala.
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Popularidad imposible
M&R Consultores también ha marcado la pauta con la cual el FSLN comete los continuos fraudes electorales desde 2008 a la fecha.
Antes de cada fecha de votación Obregón saca una encuesta con intención de votos favorables al FSLN. Luego el Consejo Supremo Electoral suele asignar al régimen un porcentaje de «votos» similar al «pronosticado» por M&R Consultores.
El sociólogo y economista nicaragüense Douglas Castro considera que las cifras ofrecidas generosamente por la encuestadora a los Ortega Murillo son, literalmente, improbables.
“Ni en sus mejores momentos el régimen alcanzó esos datos, ni siquiera con toda la cooperación venezolana, buenas relaciones diplomáticas y alianzas sólidas. Ahora, sin nada de eso, con la carga de una represión encarnecida desde 2018 y una economía que no hace más que generar empleo precario o desempleo, resulta aún menos creíble”, dice.
Castro le suma a ese descalabro de imagen una migración altísima (más de un millón de nicaragüenses forzados abandonar el país desde 2018) y una represión generalizada contra prácticamente todos los sectores sociales del país lo cual, lógicamente, no abona a crear la imagen de popularidad que le atribuye Obregón.
“Además, el ejercicio del poder desgasta: es natural. Una vez que las personas sienten cubiertas ciertas demandas, aparecen otras, y así sucesivamente; incluso la popularidad más alta no es eterna. De hecho, sería extraño que un gobierno se vuelva más popular con el paso del tiempo justo cuando pierde asistencia financiera internacional, como la cooperación venezolana, y carga con el enorme costo social, económico, político, humano y reputacional que dejó la represión de las protestas de 2018”, cierra Castro.
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