Daniel Ortega cuando recuperó el poder en 2007, acompañado de su esposa Rosario Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO

Daniel Ortega cuando recuperó el poder en 2007, acompañado de su esposa Rosario Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO

Daniel Ortega cumple 19 años en el poder: dos décadas perdidas para Nicaragua

El dictador celebrará el sábado 10 de enero 19 años de haber retornado al poder, con Rosario Murillo despojándolo del mismo y condenando al pueblo a la pobreza y a la falta de libertades

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Daniel Ortega cumple, el próximo sábado 10 de enero, 19 años de haber recuperado el poder, pues, la primera vez que lo ostentó, entre 1979 y 1990, lo perdió en una contienda electoral frente a doña Violeta Barrios de Chamorro, ya fallecida.

Ortega celebrará en la Plaza de la Fe, anunció Rosario Murillo, después de haber cumplido 80 años de edad el pasado mes de noviembre. Lo hace en un estado «mal de salud» y «decadente mentalmente», con una esposa, Murillo, que algunos aseguran lo ha venido despojando en los últimos años de casi la totalidad de ese poder, en beneficio de ella misma.

Una fuente consultada por LA PRENSA, en condición de anonimato por temor a represalias, asegura que en la actualidad, Ortega está limitado a controlar «una sola institución» del Estado, el Ejército, y eso que Murillo poco a poco se va posicionando también frente a los militares, pero todavía no logra ser reconocida cabalmente por la cúpula militar.

Otra cuota de poder que aun conserva Ortega, asegura la fuente, es la capacidad de veto sobre algunas decisiones que toma Murillo, aunque no en todas.

Por ejemplo, en diciembre pasado se filtró que Ortega quiso sacar de prisión a sandinistas históricos que Murillo mantiene en prisión, y mandarlos al régimen de casa por cárcel. Entre los antiguos aliados a los que quería beneficiar estaban Bayardo Arce Castaño, el general en retiro Álvaro Baltodano y Néstor Moncada Lau, entre otros, pero Murillo se negó.

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Murillo depende de Ortega

En cambio, Ortega sí logró que Murillo no destituyera, en octubre de 2023, a la todavía presidenta del Poder Judicial, al menos en el papel, Alba Luz Ramos, con quien supuestamente Ortega habría tenido una relación sentimental en los años ochenta y por eso Murillo no la tolera, esto último según un reportaje de la revista Domingo de La Prensa.

A pesar de ello, a Murillo, de 74 años, no le conviene que Ortega fallezca, porque este último es el caudillo bajo el cual se identifican casi todos los sandinistas, que aun mantienen «legitimidad» dentro del sandinismo, aunque no para la ciudadanía en general, para quienes Ortega siempre ha sido dictador y, desde 2018, un dictador «criminal» y «sanguinario». Los sandinistas lo ven como «el comandante» que cargó con el partido en los 17 años de oposición, desestabilizando a los gobiernos democráticos y pactando. Además, hizo posible que el sandinismo regresara al poder.

Ortega es la «sombra» bajo la cual Murillo se cobija para terminar de asentarse como dictadora, sucediendo en ese papel a Ortega dentro de la dinastía que han venido conformando desde 1999, considera una de las fuentes, cuando Ortega pactó con el caudillo liberal Arnoldo Alemán, para repartirse el poder y luego poder retornar a la silla presidencial.

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Tres etapas, la última es la «más negra»

Los 19 años que Ortega cumplirá ejerciendo el poder se pueden dividir en tres etapas, considera un analista político bajo la condición de anonimato. La primera comprende el periodo 2007-2012; el segundo, entre 2012 y 2017 y el tercero desde 2017 hasta la actualidad.

La primera de esas etapas, indica el especialista, fue cuando dieron «la con dulce». Es decir, prometieron que habían cambiado, pues Ortega estaba mal visto por los años de su primer mandato en los años 80, cuando hubo guerra, los jóvenes morían en las montañas, hubo escasez de alimentos, pobreza, restricciones de las libertades, entre muchas otras calamidades que sufrió el pueblo.

Ese primer periodo había sido «el más correcto» de los tres, porque las elecciones de 2006 fueron reconocidas como «limpias». Ortega hizo acuerdos con los empresarios, con la Iglesia Católica, trató de acercarse a todas las fuerzas políticas y, mal que bien, propició el crecimiento de la economía del país.

Ortega y Murillo se ganaron el visto bueno del cardenal Miguel Obando, que todavía tenía peso en la Iglesia. Se ganaron al presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas, pero también consolidaron el pacto que Ortega tenía con el caudillo liberal Arnoldo Alemán.

En ese momento, Rosario Murillo irrumpió de alguna manera en las decisiones del Estado, pero sin hacer mucho ruido.

Es posible, señala el analista, que Ortega y Murillo desde entonces ya pensaban en construir la dictadura dinástica que hoy pretenden consolidar, pero no dieron a conocer públicamente esas intenciones.

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En 2011 Ortega aseguró la reelección

Las cosas se complicaron en el 2011, cuando Ortega se lanzó por la reelección, sobre la base de una sentencia de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), pasando encima de la Constitución Política, que la prohibía.

En las elecciones de ese año, el principal candidato opositor, Fabio Gadea Mantilla, denunció fraude electoral y siempre dijo que él era el presidente legítimo del país. A eso se le sumaba el antecedente de las elecciones municipales de 2008, en las que hubo abundantes evidencias de fraude, especialmente en Managua.

Sin embargo, las denuncias de fraude no trascendieron, aunque se trató de un periodo cuestionado, en el que Ortega reformó la Constitución Política para, entre otras cosas, establecer la reelección indefinida, pues la Corte la había dejado solo para el periodo siguiente.

Las cosas se «enturbiaron» tanto que, en el 2013, se produjo una cadena de protestas, todos los miércoles, frente a la sede del Poder Electoral, para exigir reformas en la ley electoral que garantizaran elecciones limpias en el futuro.

En el 2014, hubo una especie de ruptura entre la jerarquía de la Iglesia y el régimen Ortega Murillo, pues en ese año los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), emitieron una carta pastoral exigiendo cambios en beneficio de la democracia y de la población.

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Murillo buscaba desplazar a Ortega

Rosario Murillo, por su parte, buscaba reemplazar a Ortega en el poder, pero, para las elecciones de 2016, Ortega le prometió que para 2021 sí sería ella la candidata presidencial del Frente Sandinista (FSLN). No obstante, Murillo logró colarse como candidata a vicepresidenta, rompiendo así con la estrategia de Ortega de llevar a un personaje «suave» como compañero de fórmula, como había ocurrido en 2006 con Jaime Morales Carazo y en 2011 con el general en retiro Omar Halleslevens.

Sin embargo, los hechos que definieron que los Ortega Murillo se dirigían a una dictadura ocurrieron precisamente en mayo de ese 2016, cuando la CSJ le quitó a Eduardo Montealegre la representación legal del Partido Liberal Independiente (PLI), el principal partido opositor en ese momento, y se lo entregó a Pedro Reyes Vallejos.

Más tarde, en julio de 2016, la Asamblea Nacional destituyó a los 28 diputados del PLI y ahí se vio, señala el analista, que los Ortega Murillo no querían una oposición «verdadera» en el país.

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Ahora son la dictadura Ortega Murillo

El tercer periodo, de estos 19 años de Ortega en el poder, comenzó con Murillo ya como vicepresidenta, «robándose abiertamente» las elecciones de 2016, pero tuvo un «punto de quiebre», con las protestas de abril de 2018, y desde entonces los Ortega Murillo se destaparon como una «sangrienta dictadura».

Desde entonces, han asesinado, robado, encarcelado, perseguido a la Iglesia, eliminado a la sociedad civil, enviado al exilio a miles de nicaragüenses. Han aislado internacionalmente al país y han cometido toda clase de crímenes, por lo que actualmente están acusados de crímenes de lesa humanidad.

Ahora claramente, los Ortega Murillo son una dictadura con fuerte tendencia a la sucesión dinástica. Planean que Murillo suceda a Ortega y que después asuman el poder sus hijos.

La única interrogante está en el Ejército, pues no está claro si los militares reconocerán a Murillo finalmente.

Dos décadas perdidas para Nicaragua

El balance general que se puede hacer de los 19 años que Ortega lleva en el poder es que se trata de dos décadas perdidas para el país, señala el especialista en derechos humanos, Uriel Pineda.

En esos 19 años, señala Pineda, los Ortega Murillo han demolido el Estado de derecho en Nicaragua, han eliminado los derechos y las garantías constitucionales de las que antes gozaba la población.

Según Pineda, 19 años abarcan a toda una generación y ese tiempo no les ha bastado a los Ortega Murillo para «mejorar la vida de los nicaragüenses», pues actualmente los nicaragüenses no tienen satisfechas sus necesidades básicas, a no ser que se trate del círculo cercano a los Ortega Murillo y algunos de sus adeptos.

Además, los nicaragüenses carecen de libertades y viven bajo un régimen dictatorial. «(Los Ortega Murillo) han condenado a las generaciones futuras (de nicaragüenses) a la pobreza y a la falta de libertades públicas», enfatiza Pineda.

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