Roberto Clemento Guevara Gómez

Roberto Clemento Guevara Gómez, el torturador de La Modelo, sancionado «por grave violación de los derechos humanos de un preso político».

“El Chacal de La Modelo”: los brutales métodos de un torturador

Golpizas, colgamientos y grilletes. A un reo le arrancó una uña. Dentro de la caterva de torturadores sandinistas en las cárceles de Nicaragua, destacan las brutales técnicas de Roberto Guevara.

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Dicen que Roberto Clemente Guevara Gómez camina a pasos rápidos, con las manos crispadas, la mirada fija y dura y el ceño permanentemente fruncido. Ya se verá luego que tras esa imagen de hombre poco refinado habita uno de los peores torturadores de los que se tenga memoria y abundantes testimonios de su crueldad.

En las pocas fotografías públicas aparece con uniforme gris del sistema penitenciario, hombreras con grados, insignias metálicas en el pecho.

Lleva el bigote fino y recortado, como se acostumbra en el campo; el cabello corto peinado hacia atrás con entradas pronunciadas. Es delgado, bajo de estatura y fibroso de brazos. El rostro es anguloso, ojeras, la piel morena clara, los pómulos marcados y a decir de sus víctimas, roza los 50 y tantos años.

Lea además: EE. UU. sanciona al director de Máxima Seguridad de «La Modelo

A pesar de ello, sonríe. Y se ríe a carcajadas. Y goza y hace mofa y «chilea». Cuando habla frente a subordinados y reos tiene, casi siempre, un insulto de varias palabrotas encadenadas.

En otra imagen, rodeado de custodios y ante micrófonos, mantiene las manos en los bolsillos, postura de mando, gesto adusto, mirada nerviosa. No acostumbra estar ante la prensa. Ni siquiera ante la oficialista.

Ese hombre dirigió la galería de máxima seguridad conocida como “La 300”, dentro del complejo penitenciario Jorge Navarro, en Tipitapa, del cual hoy es su director.

Su nombre y mala fama empezó a sonar en 2011, cuando la dictadura sandinista empezaba silenciosamente a cometer abusos y crímenes contra presos y campesinos sospechosos de disidencia.

Su brutalidad alcanzó notoriedad en 2018 cuando los primeros presos políticos denunciaron la salvajada de sus métodos y ya en 2021 era una “celebridad” por su bestialidad tras los barrotes.

Desde entonces, su figura está asociada a un régimen de castigo que exreos políticos describen con una palabra que atraviesa todos los testimonios sobre Roberto Clemente Guevara Gómez: tortura.

A mediados de febrero, el Departamento de Estado sancionó a Roberto Clemente Guevara Gómez, por su participación en la “violación grave de los derechos humanos de un preso político”, según una declaración de prensa publicada en su sitio electrónico.

Al centro aparece Roberto Guevara, con las manos en las bolsas y la mirada fija al frente, en esta imagen de 2011 cuando se hizo una inspección a las instalaciones de La Modelo. LA PRENSA/ARCHIVO.

Torturador impredecible

En “La 300”, la galería de máxima seguridad de La Modelo, no había rutina visible bajo la administración de Guevara.

Los reos que pasaron por ahí, y que ahora comparten su testimonio con DOMINGO, recuerdan que en el aislamiento de las celdas de castigo el tiempo se medía por el sonido metálico de las puertas y por el eco de pasos rápidos y corto de botas en los pasillos.

“Ahí viene Roberto Guevara”, pensaban con terror.

Podía llegar a las tres de la madrugada lo mismo que a las 6 de la tarde o al mediodía. Un día podía estar sobrio, otro borracho y luego con resaca.

La llave giraba, la puerta se abría y un custodio pronunciaba un nombre y un insulto. El traslado era breve: un pasillo angosto, una habitación sin ventanas, una banca de cemento pegada a la pared. A ese espacio lo llamaban “el túnel” o “la reflexión”.

No había diálogo previo, pero todos los que eran mencionados por Guevara sabían a lo que iban. El castigo consistía en inmovilizarlos, golpearlos, insultarlos y devolverlos casi desmayados a su celda, a la clínica interna o al hospital de la policía.

Lea también: Las huellas de las cárceles de la dictadura

Las golpizas fueron la forma más frecuente de violencia de Guevara

Puños cerrados, patadas a las costillas, bastonazos en la espalda, cachetadas en el rostro. Algunos exreclusos describen golpes calculados en el abdomen para evitar moretones visibles. Otros recuerdan haber sido arrastrados por el suelo, empujados contra las paredes o pateados cuando ya estaban en el suelo.

En varios relatos aparece la figura del jefe de máxima seguridad entrando a la celda, ordenando el engrilletamiento y exigiendo a sus subalternos “darse gusto” con los reos atados, mientras él fiscalizaba la agresión de cerca.

“Si no le das como hombre de verdad a quien voy a ordenar que desturquen es a vos mismo”, le dijo a un guarda que castigaba a puñetazos al reo Carlos Bonilla López, hoy exiliado.

Este sobreviviente relata a DOMINGO que otra de las técnicas de torturas de Guevara es la suspensión o colgamiento por las extremidades.

Maldad sin limites

Presos atados de pies y manos, elevados hasta quedar invertidos o sostenidos en posiciones dolorosas durante minutos u horas. El cuerpo colgado, la cabeza abajo, la sangre acumulándose de tantos golpes, la respiración entrecortada.

Algunos vomitaban, otros perdían el conocimiento.

El 8 de marzo de 2019, al menos cinco reos fueron sacados de sus celdas, atados y colgados de cabeza en una celda de castigo por órdenes de Guevara. Entre ellos estaba Yubrank Suazo, quien nunca olvida aquellas golpizas alentadas y propinadas a la vez por Guevara.

Dice que por más de media hora los golpes continuaron hasta que algunos expulsaron sangre. Después los regresaron a sus celdas sin atención médica inmediata, sin agua y sin alimentos.

El engrilletamiento prolongado formaba parte del castigo cotidiano de Guevara. Grilletes ajustados en muñecas y tobillos durante horas o noches enteras.

A veces colocados de modo que impedían acostarse con normalidad o cambiar de posición. Las marcas en la piel tardaban semanas en desaparecer. Los internos describen el sonido metálico constante al moverse y el dolor punzante al intentar dormir.

El desprendimiento de uñas aparece en varios testimonios como una forma extrema de castigo.

La ONU en 2025 identificó a los principales torturadores del sistema penitenciario, bajo las órdenes del viceministro del Interior, Luis Cañas Novoa. En primer plano, Roberto Guevara. LA PRENSA/ARCHIVO.

Agua como tortura

Kevin Solís, capturado el 6 de febrero de 2020 al salir de la Universidad Centroamericana, relató que en una celda de castigo Guevara le levantó la uña del pie con una pinza y lo dejó sangrando hasta el amanecer.

No fue el único. En informes posteriores se consignan otros casos de uñas arrancadas de manos y pie como método para confesar “faltas”.

El agua la convirtió también en instrumento de humillación y tortura. Chorros a presión dirigidos al cuerpo durante interrogatorios, forzada ingestión de líquidos mediante mangueras para desactivar huelgas de hambre y agua sucia en botellas tras largas horas expuestos en celdas calientes sin ventilación.

Kevin Solís relató que, tras declararse en huelga, le introdujeron una manguera por la fuerza para obligarlo a ingerir líquidos. La sensación de asfixia parcial y la pérdida de control se sumaban al castigo físico.

La privación de alimentos fue otra herramienta. Algunos presos pasaron días con raciones mínimas. Otros fueron castigados con retrasos deliberados en la entrega de comida.

A la vez, la negación de atención médica agravaba las lesiones. Presos con fracturas o heridas abiertas tras las torturas denunciaron demoras prolongadas para ser examinados y si Guevara estaba de malas les confiscaba las medicinas.

El aislamiento prolongado y la privación del sueño completaban el cuadro.

Puede interesarle: Estas son las 38 formas de torturas que viven las personas presas políticas en las cárceles de Nicaragua

Insultos y golpes

Celdas pequeñas, húmedas, con ventilación mínima, agua disponible solo una hora al día. Calor sofocante durante el día, frío intenso en la madrugada eran decisión de Guevara. Interrogatorios repetidos cada quince minutos que impedían dormir.

La humillación verbal acompañaba cada agresión. “Basura”, “asesino”, “desestabilizaste el país”. Kevin Solís recordó sesiones en las que lo sentaban en una banca rodeado de custodios que repetían insultos durante una hora bajo la fiscalización de Guevara.

En otros casos, las amenazas incluían referencias a familiares: “Los vamos a desaparecer”, “nadie va a saber dónde estás”.

Cristhian David Meneses Machado pasó casi tres años en La 300. Relató que desde su traslado a La Modelo en agosto de 2020 comenzaron las golpizas.

“Me desmayaron a golpes”, contó. En diciembre de 2022 recibió una paliza que le fracturó un diente delantero.

Dijo que el director entró a la celda y anunció que lo iba a matar antes de golpearlo directamente en el rostro. Después, custodios continuaron la agresión.

Lea además: Las torturas a los presos políticos, otra grave violación a los derechos humanos de la dictadura en Nicaragua

Carlos Bonilla López, por su parte, afirmó que cuando estaba próximo a recuperar la libertad fue acusado de un nuevo delito dentro del penal.

Sostiene que le sembraron pruebas y señala al subalcaide Roberto Guevara como responsable de esa maniobra. Bonilla fue uno de los 222 presos desterrados el 9 de febrero de 2023.

Antes de subir al autobús que lo trasladó al aeropuerto, asegura que el jefe de máxima seguridad le entregó la ropa civil y le sonrió: “Pórtate bien, para que no volvás aquí”.

Varias años pasará en la cárcel Modelto de Tipitapa, Álvaro Orzoco acusado por 16 robos agravaod en Managua. LA PRENSA/ARCHIVO.
Detrás del portón principal del Sistema Penitenciario La Modelo, ocurren los más espeluznantes castigos de verdugos uniformados como Roberto Guevara. LA PRENSA/ARCHIVO.

Registrado como torturador

En diciembre de 2025, el Colectivo Nicaragua Nunca Más publicó 229 testimonios que describen al menos 40 métodos distintos de tortura: 18 casos de quemaduras con cigarrillo, 15 descargas eléctricas, 17 suspensiones o colgamientos, siete desprendimientos de uñas, nueve simulaciones de ejecución y 84 amenazas de muerte.

El informe identificó a 179 presuntos perpetradores dentro de la Policía y el Sistema Penitenciario Nacional. Entre los señalados en máxima seguridad figura Roberto Guevara.

El Grupo de Expertos de Naciones Unidas sobre Nicaragua incluyó en su informe de 2025 una descripción detallada de la cadena de mando en el sistema penitenciario y consignó testimonios sobre tratos crueles y degradantes en La 300.

Otra vez el nombre en común: Roberto Clemente Guevara Gómez, pero esta vez, bajo órdenes del también violento y sanguinario jefe suyo, Luis Roberto Cañas Novoa.

Testigos narraron que el director llegaba de madrugada, llamaba “basura” a los presos y los golpeaba con un bastón. En un caso, un recluso afirmó que permaneció largo rato con sangre en el rostro sin acceso a agua para limpiarse.

Lenin Ariel Rojas Contreras fue víctima de torturas en la cárcel Modelo. Los carceleros le arrancaron las uñas en 2019. LA PRENSA/ARCHIVO.

Entrenado por cubanos

Pablo Cuevas, ex abogado de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, dijo haber recibido quejas sobre Guevara desde 2011, cuando era reeducador.

Internos denunciaban alteración de expedientes para impedir beneficios de ley y coimas a familiares. Una mujer identificada como Marlene afirmó a Cuevas que le exigieron favores sexuales para mejorar las condiciones de su esposo enfermo.

Cuevas vincula la sistematización de la violencia a cambios organizativos y asesorías de cubanos que endurecieron el control penitenciario.

El 9 de febrero de 2023, cuando los 222 presos fueron sacados antes del amanecer, muchos pensaron que serían ejecutados.

Les colocaron bridas en las manos y los subieron a autobuses con cortinas cerradas. En el aeropuerto supieron que serían desterrados. Roberto Guevara estaba allí aquella madrugada.

Entregó ropa civil a varios de los detenidos. Según Kevin Solís, se acercó, le puso la mano en el hombro y le dijo: “Cuídate”. Sonrío como si nunca hubiera hecho nada malo.

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    Roberto Guevara Gómez es un sicópata. Su desempeño en sus deberes deja mal parados a la Chayo y a Danielin porque lo que Guevara Gomez realiza en el desempeño de sus deberes es un reflejo de lo que son en realidad sus jefes: Chacales.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí