Javie Nart

Javier Nart, periodista y político español. LA PRENSA/CORTESÍA/EL ESPAÑOL

Javier Nart: “Bebí un brebaje de Rosario Murillo y sobreviví”

Javier Nart, exeurodiputado español y antiguo colaborador del Frente Sandinista reacciona a la expulsión de embajador de su país, y toca con humor y rencor su vieja relación con los sandinistas y los Ortega Murillo

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El pasado fin de semana, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó la expulsión del embajador de España en Managua, profundizando el aislamiento internacional de Nicaragua y confirmando la deriva autoritaria del sandinismo.

Para el periodista español Javier Nart Peñalver, excombatiente del Frente Sur en 1979, exeurodiputado y uno de los socialdemócratas europeos que más de cerca vivió —y sufrió— la transformación del sandinismo, el episodio es apenas la última evidencia de una traición consumada.

“Ortega no es otra cosa que el mismo traidor de siempre, pero más viejo, más esclerótico y desalmado que nunca, a la par de Rosario Murillo, esa mujer maquiavélica, de malos instintos y perversa”, dispara Nart, quien no escatima adjetivos para describir a la pareja dictatorial de Nicaragua.

¿De dónde le viene tal carácter contra Ortega a este periodista y político español de 79 años?

La excusa es la expulsión del embajador español Sergio Farré Salvá de Managua, pero el criterio duro y crítico viene de más atrás.

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Javier Nart
Javier Nart, miembro de la mision de Eurodiputados que llegó a constatar in situ la situacion de derechos humanos en Nicaragua en enero de 2019. LA PRENSA/O. NAVARRETE.

Bautizo de fuego

Nart (nacido en Laredo, 1947) habla desde la experiencia de la guerra y la desilusión revolucionaria que vivió en Nicaragua a finales de los años 70.

“Cuando uno ha estado allí, cuando ha visto morir a la gente, cuando ha terminado herido, cuando ha respirado el olor de la pólvora y del miedo, ya no le engañan las consignas. Y yo estuve allí en Nicaragua. En el Frente Sur en 1979. Y allí fui herido”, recuerda.

Esa herida, dice, no fue solo física en la cabeza: fue, sobre todo, política y ética porque considera que fue un riesgo por algo que derivó en otra dictadura como la que se combatía en 1979.

“Por eso cuando hablo del Frente Sandinista (FSLN) no hablo desde la teoría, ni desde la nostalgia. Hablo desde la experiencia”, alega.

Recuerda que dentro del FSLN nunca existió un movimiento democrático en el sentido europeo de la palabra y que ello ha estado presente a lo largo de su historia “y no ha hecho más que empeorar”.

“En verdad había compañeros honestos, valientes, incluso admirables (uno de ellos, en su momento, fue Edén Pastora, aclara). Pero la dirección real del FSLN estaba en manos de una estructura marxista-leninista que solo utilizaba la apariencia democrática para seducir a la socialdemocracia europea. Eso fue lo que se vendió en Europa. Y eso fue lo que muchos compraron”, reitera.

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 “Esto no es tu PSOE, Felipe”

Nart asegura que esa deriva autoritaria la advirtió desde el principio. “Yo se lo dije a Felipe González (expresidente español) en su momento: ‘Esto no es tu PSOE, Felipe. Esto no es una izquierda democrática. Esto es un movimiento que quiere capturar el poder y militarizar la sociedad’”.

La advertencia fue desoída, dice. “Porque cuando una revolución mantiene los rangos militares después de ganar la guerra, cuando sigue hablando de ‘comandantes’ en lugar de ciudadanos, cuando organiza el poder como un ejército, lo que está construyendo no es una democracia, sino una jerarquía de obediencia. Y donde hay jerarquía, hay dominación”, cuestiona.

Ese militarismo, denuncia Nart, no era accidental en los sandinistas.

“La mentalidad sandinista es fascista, siempre ha sido la misma: ‘Dirección Nacional ordene’. Es lo más parecido a aquello de ‘el Duce siempre tiene razón’, que decían en la Italia de Mussolini”, señala.

La fascinación europea por la revolución nicaragüense, reconoce, fue un fenómeno de época.

“Había una especie de moda. Pero yo le dije claramente a Felipe: ‘Esto no es tu movimiento de trabajadores, esto no es un movimiento democrático. Esto es un movimiento que quiere capturar el poder, no repetir los estadios democráticos’. Estaban enamorados de esa historia de seguir llamándose ‘comandantes’ aún después de ganar la guerra, cuando lo que tocaba era un proceso democrático”, señala.

“El Frente debía haberse convertido en un partido como cualquier otro, pero esa manía de mantener la figura del comandante y militarizar la revolución era la mejor manera de controlar la sociedad. Porque, militarizándola, creas una jerarquía: el general, el teniente general, el comandante, el pueblo urgido de un líder que obedece como condición para ser salvado, para ser feliz”, critica.

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Javier Nart
En Managua, Javier Nart, miembro de la mision de eurodiputados que denunció la violación de derechos humanos de la dictadura Ortega Murillo. LA PRENSA/O. NAVARRRETE.

Ruptura total

La expulsión del embajador español Sergio Farré Salvá marca un nuevo umbral en la relación bilateral España-Nicaragua, pero para Nart no hay sorpresas.

“La ruptura con España era cuestión de tiempo. Ortega ha demostrado que no le interesa ningún diálogo con Europa, salvo el de la extorsión o el victimismo. España, y en general la socialdemocracia europea, fue clave para la caída de Somoza y el nacimiento del nuevo régimen. Pero hoy Ortega y Murillo han dado la espalda a todos, incluida esa izquierda internacional que fue su sostén”, acusa.

Nart recuerda cómo, en los años setenta, participó en la red internacional de apoyo político y logístico al FSLN, actuando como intermediario con organizaciones y gobiernos que suministraban recursos y armamento a la guerrilla.

“Un cargamento de armas que organicé fue interceptado por la CIA, hecho que décadas después sería utilizado por Daniel Ortega para acusarme de ser ‘agente del imperio’, en un intento de desacreditar mi ruptura con el régimen”, relata, con cierta ironía.

Su desencanto con los sandinistas fue temprano. “Tras el triunfo de 1979, fui uno de los primeros aliados europeos en denunciar la militarización del sandinismo y la transformación del Frente en una estructura de poder autoritaria, dominada por la cúpula de los nueve comandantes y, finalmente, por Daniel Ortega. Mi ruptura con el sandinismo fue política y ética: sostengo que la revolución había sustituido una dictadura por otra”.

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“Ortega, un esclerótico rígido”

La actual figura de Daniel Ortega, para Nart, resume el drama de la degeneración revolucionaria que apostó todo a un proyecto que, hoy, no es la sombra de aquellos ideales.

“Con Daniel Ortega llegué a hablar directamente la última vez que fui a Nicaragua con la delegación (en enero de 2019). Nos miramos antes de empezar a hablar. Él llegó a decir de mí que era agente de la CIA, porque un cargamento de armas que yo llevaba desde Líbano lo paró la CIA en Túnez. Me acusó de ser miembro de la CIA cuando yo mismo organicé y preparé toda la operativa del envío de armas. Lo hacía porque estaba en contra de la dictadura de Somoza», recuerda.

Nart llegó a Nicaragua como miembro de una Comisión del Parlamento que constató in situ la brutalidad de la represión Ortega-Murill contra la población opositora. Ahí volvió a ver a Ortega.

“Un Daniel esclerótico, rígido, no con posturas ideológicas sino con problemas de salud graves, como un proceso de esclerosis. Hablaba como dictando, como si ya no tuviera flexibilidad. Se notaba que quien mandaba era otra cosa, Murillo”, dijo sobre lo que vio en esa ocasión.

Sobre Rosario Murillo, la definición de Nart es aún más cruda. “Todo el mundo dice que es una bruja, no como insulto, sino como definición. Llevaba collares y pulseras de candomblé y santería. Ella me ofreció brebaje y todo mundo me dijo que no me lo bebiera, pero los desafié y me lo bebí y pues, sobreviví”, dice riendo.

“Desde entonces nunca más he tenido comunicación con Ortega ni con Murillo”, dice.

A ella la describe como una mujer “maquiavélica, perversa”. “Es una mujer que ha sabido construir poder desde lo esotérico, desde el miedo, desde el control simbólico. Ortega, como tantos dictadores enfermos, se refugia en eso”, acusa.

Javier Nart
En 1979, Nart entrevista a Edén Pastora en la frontera norte de Costa Rica. Llegaron a ser amigos, pero Nart se distanció de él por muchas razones. LA PRENSA/ARCHIVO

Aislados y sin futuro

Nart subraya que el aislamiento internacional de Nicaragua es culpa exclusiva del régimen y no de los gobiernos ni de los opositores, como vende la propaganda sandinista. De modo, dice, que la suerte del país es responsabilidad de ellos dos.

“Hoy hay una condición de poder familiar: Ortega y Murillo envejecidos, sin alianzas, con el problema venezolano y la situación europea complicada. El factor Trump también es un problema. Nicaragua uso petróleo venezolano para enriquecerse, pero eso se ha acabado y la economía depende mucho del mercado norteamericano”, dice al analizar el contexto actual del régimen, al que no le ve un porvenir positivo.

“No le veo gran futuro a Ortega y Murillo, sobre todo porque buscan repetir su presencia a través de sus hijos, creando una nueva dinastía, como la de la familia Somoza, tal cual. No lo veo posible. Igual que en Cuba, donde el régimen está acabado, el poder de los Ortega Murillo puede librarse temporalmente, pero no tiene futuro”, advierte.

Sobre la expulsión de diplomáticos, tema al que vuelve para retomar el objetivo de la entrevista, es tajante, pero repite que no es extraño: “Expulsar a un embajador europeo es un acto de puro reflejo autocrático, propio de quien ya no tiene nada que ofrecer salvo el miedo».

«Es la reacción típica de los regímenes que se saben acorralados. No buscan diálogo, buscan enemigos para justificarse”, señala.

Javier Nart herido en Nicaragua en 1979. LA PRENSA/ARCHIVO

“Ya no son nada”

Nart interpreta la última crisis de Nicaragua con España como un síntoma de agotamiento histórico del modelo sandinista y sus líderes.

“El sandinismo está muerto. Hoy el nombre ‘sandinismo’ significa represión, exilio y miedo. No la lucha contra Somoza. Ni la revolución. Menos la esperanza. Y eso es definitivo”, dictamina Nart.

Para Javier Nart, lo ocurrido en Nicaragua con los sandinistas es una tragedia histórica de dimensiones continentales.

“El sandinismo que yo conocí fue una novia hermosa. Pero ya quedó atrás. Para los jóvenes nicaragüenses, ‘sandinismo’ significa represión, exilio y miedo”.

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COMENTARIOS

  1. Hace 7 meses

    Los europeos apoyan a todos estos gobiernos fascistas de izquierda como el criminal FSLN y a los Castro en Cuba para contradecir a los EE.UU. al cual los europeos les tienen envidia porque los estadounidenses han formado una nación unida algo que los europeos nunca han logrado en miles de años.

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