El dictador ruso Vladimir Putin y los dictadores de Nicaragua Rosario Murillo y Daniel Ortega. LA PRENSA.

El dictador ruso Vladimir Putin y los dictadores de Nicaragua Rosario Murillo y Daniel Ortega. LA PRENSA. Russian dictator Vladimir Putin and Nicaragua’s dictators Rosario Murillo and Daniel Ortega. *LA PRENSA.

Rusia, maestra de la represión, y el rastro difuso de sus acuerdos con la dictadura Ortega Murillo

Un repaso a los convenios entre Managua y Moscú revela una brecha entre los anuncios y la ejecución de los proyectos sociales, mientras en seguridad la historia es otra.

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El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha construido una narrativa de progreso cimentada en una supuesta alianza estratégica con la Federación de Rusia. Desde los primeros años de régimen, la firma de convenios y memorándums de entendimiento ha sido una constante en la agenda oficialista. La retórica ha sido la misma: «Transformaciones profundas» en sectores como la salud y tecnología.

Sin embargo, cuando se analiza la ejecución real de estos proyectos, se evidencia un patrón de estancamiento. La mayoría de las iniciativas sociales se quedaron en una fase de diseño o la divulgación de información sobre ella es extremadamente limitada. Pero la contribución en el área de seguridad es otra historia. Según un experto, consultado bajo condición de anonimato, la alianza con Vladimir Putin ha permitido el fortalecimiento de las capacidades represivas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Rusos tienen en Managua centro de capacitación y enseñan «contrainteligencia» a policías nicas

La escuela de adiestramiento de la Policía, dirigida por el Ministerio del Interior ruso en Managua, ha graduado a 2,353 oficiales de 13 países de la región desde su fundación en 2017, admitió el embajador ruso Alexander Khokhólikov en octubre de 2024. Entonces aseguró que la formación era para «desarrollar la cooperación en la esfera de seguridad y orden público».

«Las capacitaciones a Rusia se dan en dos vías: La primera es el entrenamiento en centros con esos fines allá, principalmente en Moscú. Envían una camada de oficiales para capacitarse en temas digitales. El segundo es el centro de capacitación que los rusos tienen en Managua. Teóricamente los capacitan en temas de investigación contra el lavado de dinero y financiamiento al terrorismo. Pero esos son temas fachadas. Se les capacita en contrainteligencia, mientras Nicaragua les facilita a ellos el territorio para espionaje extraterritorial», dijo el especialista mencionado anteriormente.

Según este experto, la cooperación entre Rusia y Nicaragua se materializa más por la vía de la seguridad y la represión que por lo comercial, aunque el patrón de la opacidad es común a todas las áreas en que comparten intereses. «Cuando menciono la palabra contrainteligencia es vigilancia interna, es decir quiénes son opositores», agregó.

Esta visión coincide al parecer con investigaciones como una realizada en 2022 por Douglas Farah y Marianne Richardson sobre la incursión de Rusia en América Latina, realizada por el Instituto de Estudios Estratégicos Nacionales, en que hablaron del caso de Nicaragua, la escuela de adiestramiento rusa instalada en su capital y del sistema satelital GLONASS.

«Nuestras fuentes con conocimiento directo de los hechos indicaron que cuando estallaron las protestas contra el régimen de Ortega en 2018, al (Coronel Oleg Surov) se le encomendó brindar capacitación especial a un grupo selecto de policías nicaragüenses, en clases tituladas «Medios y métodos modernos para combatir el extremismo y el terrorismo», sostuvieron en aquel momento Farah y Richardson en su investigación, que fue ampliamente divulgada.

Desde la llegada de Ortega al poder en 2007 el régimen ha fortalecido su alianza con Putin con toda una historia en el pasado, durante los años de la revolución, cuando el régimen sandinista se alineó a la Unión Soviética y armó su ejército. En 2014, de manera inesperada, Putin aterrizó en Managua y hubo una reunión rápida con el caudillo nicaragüense.

El autócrata ruso aseguró que Nicaragua era un «socio importante» y aceptó que tenían que hacer mucho para desarrollar sus vínculos económicos. Durante años de la dictadura nicaragüense, funcionarios de Ortega han viajado a Rusia, incluido sus hijos Laureano y Rafael, pero también altos jefes de la Policía y el Ejército.

La cooperación militar

A través de la Corporación Estatal Rostec, Nicaragua firmó en 2024 un contrato para la adquisición de un importante lote de material bélico destinado a la Fuerza Aérea. El equipamiento militar fue entregado con prontitud en febrero de 2025, menos de un año después de formalizarse el interés de compra, según medios internacionales.

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El lote entregado por Rusia consistió en cinco helicópteros Mi-17, tres aviones de transporte Antonov AN-26 y dieciocho piezas de artillería antiaérea ZU-23-2. Estas unidades no solo fueron recibidas, sino que se incorporaron de inmediato a las operaciones del Ejército de Nicaragua, con el argumento oficial de mejorar las capacidades para combatir el narcotráfico y otras supuestas amenazas internas.

Acuerdos vacíos y el escándalo de la planta Mechnikov

A diferencia de estas áreas en las que se encuentra alguna información, en otras abunda la propaganda o simplemente no se sabe nada. Una revisión del resto de acuerdos firmados entre funcionarios de ambos países indica que estos parecen responder más a una necesidad de propaganda política que a una planificación estatal efectiva. Mientras los medios del oficialismo celebran cada visita de delegaciones rusas como un hito histórico, la realidad en las instituciones nicaragüenses refleja una implementación lenta e inexistente en ocasiones. Por ejemplo, el Centro de Medicina Nuclear sigue en diseño.

La brecha entre el discurso de “cooperación estratégica” y los beneficios tangibles para el pueblo nicaragüense es cada vez más lejana y se impone una eterna espera burocrática. Esto a excepción de otras colaboraciones como la entrega de de buses rusos o el envío de trigo.

Uno de los fracasos más sonados antes de la crisis sociopolítica de 2018 fue el de la supuesta fábrica de vacunas Mechnikov, que fue presentada en 2016 como una moderna planta que produciría vacunas contra la influenza, hepatitis, zica y sarampión. Sin embargo, en aquellos años la planta fue más conocida por las suntuosas fiestas de Laureano Ortega Murillo con los funcionarios rusos. Una investigación de LA PRENSA reveló que sólo una de las fiestas rusas de Laureano con costó más de 50 mil dólares.

Cada cierto tiempo los medios de propaganda del régimen hacen referencia a la planta, in embargo, después de 10 años es evidente que la pompa dio paso a un proyecto mucho más modesto. En noviembre de 2025 la prensa oficialista hablaba de que en la planta se realizaban procesos de «llenado y empaque» de vacunas contra el Covid.

«El contenido de los acuerdos es irrelevante,» explica experto

Para el especialista en relaciones internacionales, Carlos Murillo Zamora, la función de los acuerdos ruso-nicaragüense parece más simbólica más que operativa. «El contenido de esos acuerdos, en el fondo, es irrelevante porque pueden ser muy pomposos o abarcar muchos temas, pero en la práctica eso no es lo relevante. Lo relevante es que Nicaragua puede decir que tiene a Rusia como firme aliado y Rusia puede decir que tiene un aliado en Centroamérica, que de nuevo se convirtió en el traspatio de los Estados Unidos. En ese sentido, a ambas partes les sirve más allá del contenido de los acuerdos y de cómo se van a implementar», dijo el especialista.

De hecho, a excepción de la cooperación en seguridad, los principales acuerdos suscritos entre 2021 y 2026, dejan muchas interrogantes. Los sectores de ciberseguridad y medicina nuclear, presentados como los pilares de la modernización del país, se encuentran atrapados en fases operativas limitadas o en procesos de diseño. Pero no terminan de concretarse en infraestructura real.

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La fachada de la capacitación técnica

En abril de 2025, el régimen anunció con entusiasmo la firma de un memorándum de entendimiento entre la entidad reguladora de telecomunicaciones, TELCOR, y la empresa rusa Rostelecom Solar. El objetivo central era establecer un programa de capacitación para especialistas nicaragüenses en materia de seguridad informática. Según la información oficial, se procedió a la elaboración de un plan de trabajo conjunto que sentaría las bases para la formación de técnicos en las instituciones del Estado.

Sin embargo, los avances reportados desde la firma del documento son prácticamente nulos en términos de transparencia pública, aunque especialistas consultados bajo anonimato sostienen que estos acuerdos pueden servir para que Rusia coopere en otras cosas para sostener a la dictadura. Hasta la fecha, no se han divulgado detalles adicionales sobre la implementación de estos cursos, el número de beneficiarios o los módulos específicos que se estarían impartiendo.

Esta opacidad es característica también de los acuerdos tecnológicos con Moscú, en que el anuncio inicial de “cooperación estratégica” rara vez viene acompañado de informes de ejecución o resultados evaluables para la opinión pública.

Medicina nuclear: Infraestructura no sale de los planos

La Corporación Estatal Rosatom ha sido la protagonista de los anuncios más ambiciosos en materia de salud pública, vinculando la tecnología atómica con el tratamiento del cáncer en Nicaragua. El camino documental comenzó en diciembre de 2021 con un memorando de cooperación general, seguido en octubre de 2022 por una “hoja de ruta” para el uso pacífico de la energía nuclear.

No fue sino hasta marzo de 2024, en el Foro ATOMEXPO de Sochi, cuando se concretó el compromiso para construir un Centro de Medicina Nuclear en Managua, destinado al diagnóstico y tratamiento oncológico.

Rusia se comprometió a proveer isótopos, radiofármacos y equipos médicos de alta tecnología, además de encargarse de la construcción de la infraestructura necesaria. Sin embargo, la celeridad de los anuncios no se ha traducido en obras físicas inmediatas. En noviembre de 2025, casi dos años después de la firma del acuerdo en Sochi, las autoridades nicaragüenses confirmaron que el director regional de Rosatom Health se encontraba en el país apenas trabajando en el diseño y la planificación del centro.

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El rastro de las vacunas Sputnik

Uno de los acuerdos que más cuestionamientos ha generado es el contrato de suministro de vacunas Sputnik V y Sputnik Light, firmado con el Fondo Ruso de Inversión Directa en septiembre de 2021. En un contexto de crisis sanitaria global por la pandemia del Covid-19, el régimen pactó la adquisición de 1.9 millones de dosis para fortalecer el esquema nacional de vacunación, especialmente para la población adulta mayor de 30 años en Managua y otras regiones clave del país. El contrato representaba una de las mayores apuestas de salud pública del régimen durante la pandemia.

Sin embargo, las cifras de entrega muestran una discrepancia notable respecto a lo contratado inicialmente. De acuerdo con reportes oficiales del año 2021, para mediados de ese periodo solo se habían recibido aproximadamente 290,000 dosis de los 1.9 millones acordados. A partir de ese momento, la información sobre entregas posteriores se volvió escasa y las autoridades no publicaron cifras exactas que confirmaran el cumplimiento total del contrato. En estos 19 años de dictadura, además de la opacidad, la prioridad parece enfocada a fortalecer el esquema represivo con el que Ortega y su esposa se sostienen en el poder.

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