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La exposición del Centro Cultural Latinoamericano de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), en Pittsburgh, Pensilvania, resalta la historia, cultura y vitalidad democrática costarricense, entre máscaras, metates y migraciones.
Una estimación reciente indica que el 70 % de la fuerza laboral de los cultivadores de plátanos y piñas en Costa Rica son migrantes de Nicaragua. Ese dato, contundente y humano, encabeza uno de los afiches que recibe al visitante en la exposición cultural de Costa Rica.
La muestra, inaugurada el 20 de septiembre de 2025, permanecerá abierta hasta el 28 de junio de 2026. Bajo la coordinación del doctor Manuel Román Lacayo, subdirector de LASA y nicaragüense radicado en Pittsburgh, el proyecto reúne piezas arqueológicas, obras contemporáneas y documentos que narran la historia, identidad y desafíos de este país.

“El Gobierno de Costa Rica facilitó al Centro Cultural Latinoamericano varios objetos que representan distintos momentos de la historia de la nación centroamericana”, explican los organizadores. Pero más allá de los objetos, la exposición busca ofrecer una lectura integral de un país pequeño en tamaño, pero enorme en simbolismo regional: democracia estable, conciencia ambiental y convivencia multicultural.
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Una idea guardada más de un siglo
“La idea surge de la posibilidad de hacer un préstamo de varios objetos de la época precolombina que han estado en la bodega del Museo Carnegie de Historia Natural (en Pittsburgh) desde 1912, o sea, tienen 113 años de estar guardados sin ver la luz”, relató Román durante una entrevista.
El subdirector recordó que cuando llegó a Pittsburgh en 1999, algunos profesores del Departamento de Antropología le hablaron de aquella colección precolombina originaria del territorio que hoy comparten Costa Rica y Nicaragua. “Era verdaderamente la misma zona cultural que el Pacífico de Nicaragua hasta llegar más allá de León”, precisó.
Román, formado en el programa de Doctorado en Antropología de la Universidad de Pittsburgh, explicó que la propuesta tomó forma en un contexto particular. “Queríamos, sobre todo en vista del cambio socio-político en los Estados Unidos, pensar cómo abordamos esta problemática desde el ángulo de Latinoamérica sin hacer una crítica directa al Estado de este país”, dijo.

“Entonces se nos ocurrió subrayar un país latinoamericano que ha gozado de fortaleza en las instituciones democráticas… que ha sabido manejar sus recursos naturales, que ha sabido mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y que ha mantenido una sucesión democrática y pacífica después de haber borrado de su presupuesto al ejército. Entonces, Costa Rica es ese país”, afirmó Román.
Piezas desde el Museo del Oro Precolombino en San José
La exhibición no solo rescata esa memoria democrática, sino que se convierte en un puente simbólico entre Nicaragua y Costa Rica. “Para mí ha sido como trabajar en casa”, expresó Román, quien participó personalmente en los préstamos de piezas desde el Museo del Oro Precolombino y el Museo Numismático de San José.
Además de la colección precolombina del Museo Carnegie, la muestra se complementa con piezas del Museo del Oro, obras de jade labrado y una selección de metates y estatuas de piedra que habían permanecido décadas en colecciones privadas o almacenadas. También participan coleccionistas costarricenses y la artista plástica Marité Vidales, quien aportó obras gráficas que dan vida a cada espacio de la exposición.
“Vamos a tener presentaciones sobre arqueología precolombina especialmente del área de donde surgen estas piezas… y vamos a estar hablando de las encrucijadas en términos políticos y de la dirección actual de Costa Rica”, adelantó Román. El programa paralelo incluirá proyecciones de cine, actividades infantiles y conversatorios junto a especialistas de la Universidad de Costa Rica.
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Entre máscaras, leyendas y trabajo
Una de las secciones más entrañables está dedicada a las máscaras de don Alfonso Vega Coto, conocido artísticamente como Pocho, un mascarero con más de medio siglo de trayectoria. En un video incluido en la exposición, Pocho cuenta con humor y ternura cómo nació su oficio: “Hoy en día me dedico más a las miniaturas porque ya no me aguanto las máscaras grandes. Yo inicié con las máscaras porque mi papá tenía una Cimarrona; desde niño andaba con mi papá, entonces inicié a hacer unas máscaras para usarla aquí en el barrio y cuál fue mi sorpresa que fue un éxito que a los 15 días me las estaban pidiendo prestadas o alquiladas para otro turno”.
La Cimarrona, explica la muestra, es una pequeña banda de músicos aficionados, propia del folclor costarricense, formada solo por instrumentos de viento y percusión. “Yo bailaba la Giganta, siempre me gustaba andar a la par de la Cimarrona… La Cegua era una mujer muy elegante, fumaba y salía en la noche… entonces cuando ella tiraba fuego era el momento que se transformaba en forma de Cegua”, recuerda el mascarero. Con nostalgia, agrega: “Antes, después de la comida, como no había nada que hacer, se sentaban a contar leyendas… hoy todo eso se ha perdido”.

Esa sensibilidad popular convive con una lectura más estructural del país. Los afiches de la exposición muestran la complejidad del panorama agrícola costarricense, donde el plátano y la piña siguen siendo pilares de exportación, aunque cada vez más dependientes del trabajo migrante.
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En 2023 se cultivaron 125,000 acres de plátanos y 80,000 de piñas, representando el 9 % y 7.25 % del total de exportaciones, respectivamente. Costa Rica es hoy el principal exportador mundial de piñas, según uno de los afiches de la exposición cultural en Pittsburgh.
El café, otro símbolo nacional, mantiene su prestigio histórico
Las exportaciones recientes alcanzaron los 432 millones de dólares, “una reputación de alta calidad, producción sostenible y prácticas de comercio justo”. Pero el país ha apostado por diversificar su economía: las zonas francas atraen a empresas tecnológicas y farmacéuticas como Intel, HP, Bosch y Bayer. Actualmente, solo el 5 % de la producción nacional proviene de la agricultura, frente a un 76 % del sector servicios.
En el plano político, la muestra cultural contextualiza la elección de Rodrigo Chaves Robles como presidente en 2022, un economista con larga trayectoria en el Banco Mundial. Pese a la estabilidad institucional del país, el abstencionismo electoral —superior al 43 %— evidencia un descontento latente.
La exposición también aborda la creciente presión migratoria: más de medio millón de inmigrantes legales y un número desconocido de no registrados, la mayoría nicaragüenses, conviven en un país con servicios públicos ya tensionados por la pasada pandemia y las dificultades económicas.
Naturaleza, patrimonio y resiliencia
La exposición dedica un espacio especial a la conservación ambiental, una de las mayores fuentes de orgullo nacional. Con el 27 % del territorio protegido y el objetivo de alcanzar emisiones netas de carbono cero para 2050, Costa Rica es un referente mundial en ecoturismo.
En 2024 recibió 2.6 millones de turistas, generando 190,000 empleos y cerca de 5,000 millones de dólares en ingresos. Las Máscaras Tradicionales del 31 de octubre, declaradas símbolo nacional en 2022, también tienen su espacio, celebrando la creatividad y la sátira popular de los pueblos del Valle Central.
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Los visitantes pueden admirar los metates ceremoniales, tallados en piedra volcánica, decorados con figuras de jaguares, iguanas o águilas arpía. Estas piezas, señala uno de los paneles, “fueron halladas en enterramientos junto con ofrendas de jade y oro, testimonio del arte y la espiritualidad de los pueblos precolombinos”. Los amuletos y celtas en piedra verde completan el conjunto: “Las celtas de Las Huacas se usaban como adornos para personas de alto estatus y, en ocasiones, se transformaban en personajes aviares o antropomórficos”, se lee en la descripción.

Vínculos con región Maya y con Sudamérica
Un análisis arqueológico reciente, realizado por especialistas costarricenses y estadounidenses, ha identificado objetos que reflejan contactos culturales tanto con la región Maya como con Sudamérica. Las similitudes entre vasijas Moche del Perú y artefactos hallados en Guanacaste sugieren que las balsas de juncos fueron el medio de intercambio entre civilizaciones distantes, testimonio de una red cultural tan antigua como el continente mismo.
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“Queremos mostrar cómo un país puede mantener su equilibrio entre progreso, cultura y naturaleza”, resume Román. Y lo lograron: entre metates y circuitos integrados, entre marimbas y zonas francas, la Costa Rica de esta exposición late como una metáfora de resiliencia y esperanza para toda América Latina.