Kimberly Dariana Rayo. L.A Fritanga

Kimberly Dariana Rayo dueña de L.A. Fritanga, en Los Ángeles. Foto: Cortesía

L.A. FRITANGA, el negocio de una corinteña en Los Ángeles  

“Cuando estaba en Nicaragua yo solo cocinaba para mi familia. Ahora cocino para sobrevivir aquí”, cuenta Kimberly Rayo

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“Vamos a la fritanga”. Kimberly Dariana Rayo, de 37 años, estaba haciendo fila en un supermercado en Los Ángeles cuando le escuchó esa frase a un grupo de nicaragüenses. En ese momento, Rayo estaba sin trabajo, recién había migrado a Estados Unidos y la acompañaban dos vecinas de su natal Puerto Corinto. Ese día pensaron en hacer un negocio, una fritanga.  

Esa idea se convirtió en L.A FRITANGA, un negocio rodante en Compton, en el condado de Los Ángeles, California, que atienda a más de 500 personas al día y ofrece carne asada, enchiladas, gallopinto, sopa de queso, vaho, quesillo.  Ahora, con una planilla de 12 colaboradores, Rayo espera poder abrir un local fijo en Los Ángeles y adquirir un “foodtruck” o “Lonchera”, como le llaman en la zona.  

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Rayo nació en Corinto, Chinandega, y desde los 8 años le ayudaba a su abuela a pelar yuca y plátanos. Para ese tiempo vivía en la casa de sus bisabuelos, lugar que era conocido por vender moronga, enchiladas y tajadas fritas. Ahí, dice, gracias a su abuela aprendió a cocinar. 

“Cuando estaba en Nicaragua yo solo cocinaba para mi familia. Ahora cocino para sobrevivir aquí”, dice la propietaria de L.A FRITANGA.  

El deseo de migrar  

A sus 14 años, Rayo fue madre por primera vez. Al pasar el tiempo y debido a las dificultades, decidió que lo mejor para su hija, que ya tenía 10 años, era irse a vivir a los Estados Unidos con su abuela paterna. 

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La chinandegana trabajó durante doce años en Migración y Extranjería de Nicaragua, en su sede de Chinandega. Ahí comenzó con la idea de migrar. “Como todos, tenemos el sueño americano. Llegar a Estados Unidos, trabajar, salir adelante, ayudar a nuestra familia que está en Nicaragua”, cuenta. 

También quería irse para poder ver a su hija, a quien tenía 10 años de no ver. Así que en julio de 2021 decidió migrar y una vez estando en Estados Unidos, se quedó, pidió asilo.   

Durante el primer año en Los Ángeles, estuvo “de trabajo en trabajo”. Trabajó en un restaurante de pollo asados, luego en una marisquería e incluso, vendiendo sopas desde su casa. 

Personal de LA FRITANGA
Kimberly Dariana Rayo (derecha) junto parte del personal de L.A FRITANGA en Compton, California/Foto: cortesía

Luego de tantos cambios, pudo laborar por unos meses en un taller mecánica automotriz donde aprendió a pulir automóviles. Sin embargo, el taller cerró y fue cuando se quedó sin trabajo y en esa ida al supermercado fue que se le ocurrió vender comida nica.  

Junto a las otras dos nicaragüenses obtuvieron un permiso de manipulación de alimentos y fueron a hablar con el encargado de vendedores ambulantes de la zona y para septiembre de 2023 empezaron a cocinar y vender fritanga. Después de un tiempo quedó sola y contrató a dos nicaragüenses que habían llegado con parole. Pronto el negocio comenzó a crecer y ahora en L.A Fritanga trabajan 12 personas los días de semana y 16 los fines de semana. Todos son nicaragüenses de diferentes departamentos:  El Rama, Managua, Nagarote, Masaya y Sébaco. Rayo cuenta que cada quince días manda a traer productos de Nicaragua. 

Platos en L.A. Fritanga
Plato de carne asada, parte de lo que ofrece L.A FRITANGA en Compton, California/Foto: cortesía

L.A. FRITANGA 

“Cuando queremos comer, ¿qué decimos en Nicaragua? Vamos a la fritanga. Y también, jugamos con el doble sentido porque estamos en Los Ángeles (LA), entonces le pusimos L.A. FRITANGA”, dice sobre el nombre de su negocio.  

Su clientela, cuenta, son principalmente nicaragüenses, mexicanos, venezolanos, colombianos y cubanos, y de otros países de Latinoamérica. El trabajo es de tiempo completo, atienden de lunes a domingo de 2 de la tarde a 9.30 de la noche, a excepción de los martes, que tienen el día libre.  

Migrar, reconoce Rayo, representó un cambio radical en su vida. Recuerda que tuvo muchas noches donde lloraba porque no podía encontrar un trabajo estable. Por esa razón, asegura, se centra en darle trabajo a personas que lo necesiten, que acaban de llegar a Estados Unidos o que no conocen la zona y tienen dificultades. 

Local de L.A. FRITANGA, ubicada en Compton, California/Foto: cortesía

Temor tras redadas de ICE  

L.A FRITANGA es un restaurante móvil, gracias al permiso de venta ambulante, se ha movido de lugar en tres ocasiones, sin embargo, cuando empezaron las redadas de ICE en la ciudad de Los Ángeles, Rayo decidió solicitar un permiso para vender comida desde su casa.  

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Con el tiempo, el temor desapareció y volvió a vender fritanga en las calles de Compton. “Tenía temor, pero siempre me encomiendo a Dios para que todo en mi día salga bien”, agregó. 

Rayo vive con su hija, que se encarga de su publicidad en redes sociales de L.A FRITANGA, planea alquilar un local para abrir un restaurante de manera formal, y también adquirir un Foodtruck que le permitirá movilizarse por toda la ciudad de Los Ángeles. 

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