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La nostalgia del sabor de Nicaragua fue el motor que llevó a María Teresa Aguilar a reinventarse en Canadá. Hace seis años dejó Managua, donde ejercía como abogada, y nunca imaginó que terminaría dedicada a la gastronomía. Hoy, en Laval, una ciudad ubicada al norte de Montreal, Quebec, es conocida como «La Gaviotita», un proyecto culinario que rinde homenaje a la tradición familiar.
«Cuando llegué aquí no sabía ni cocinar un arroz. En Nicaragua mi mamá tenía el restaurante La Gaviota, y yo era conocida como ‘La Gaviotita’. Estando aquí ella me enseñó a través de videollamadas y poco a poco descubrí que la cocina era mi manera de transmitir amor», cuenta Aguilar.
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El inicio fue sencillo: canastas de desayunos nicaragüenses con gallo pinto, queso frito, chorizo criollo, huevos y tortillas. La idea nació en su búsqueda de un ingreso extra. Al principio no fueron los nicaragüenses quienes más compraban, pero con el tiempo logró enamorar paladares de venezolanos, colombianos, dominicanos y otras nacionalidades.
«A pesar de que no encontré mucha acogida con los nicaragüenses, con otras nacionalidades me fue bien, una bonita experiencia, mostrarles nuestro mundo gastronómico. A veces uno no es profeta en su tierra, pero ver cómo disfrutan nuestra comida es un orgullo que me hace llorar», señala.
El legado de «La Gaviota»
El nombre no es casual. En Managua, su madre levantó un restaurante que funcionó por más de 25 años y que se convirtió en un referente. Hoy, Aguilar sigue ese legado desde Laval con su emprendimiento La Gaviotita, un homenaje a su familia y a su tierra.
«El legado de la cuchara viene desde mi bisabuela. Mi mamá era guerrera y emprendedora. A nosotros nos enseñó a trabajar y a soñar en grande. Seguir con el nombre de La Gaviota es volar alto, como dice el libro Juan Salvador Gaviota: la gaviota que mira alto, vuela lejos», relata.
Con el tiempo, le llegó la oportunidad de alquilar un local los fines de semana en la ciudad donde vive. Aguilar no lo dudó y se lanzó, sin pensarlo, al reto. «Inauguré con cero presupuesto. No tenía para pagar meseros y mi hijo, de 16 años, se puso la camiseta y trabajó conmigo. Su mejor amigo también me ayudó. Fue emocionante», recuerda.
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La primera noche fue un éxito total. «Llegaron nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, colombianos (…) todos reunidos con un mismo sabor. Terminé llorando de orgullo por la gran aceptación», detalla.


Entre las especialidades que la nicaragüense ofrece destacan las fritangas, caballo bayo, rellenos navideños de pavo y lomo, carne asada y las sopas tradicionales que aprendió de su madre: de albóndiga, res, frijoles, cola y marinera.
«Quiero que el mundo conozca lo que se cocina en Nicaragua. Quiero poco a poco ir abriendo ese paladar internacional para que prueben lo nuestro, porque la comida también es identidad», asegura.
Una noche con artistas nicaragüenses
Su sazón ya ha llegado a grandes escenarios. Aguilar tuvo la oportunidad de atender a los cantautores Luis Enrique Mejía, Luis Pastor y Adrián González durante un concierto en Montreal, realizado en septiembre de 2024, experiencia que considera un reconocimiento a su esfuerzo.
«Le dije al promotor que aunque fuera gratis, yo atendía el camerino porque quería hacerlos sentir acogidos por los nicaragüenses. No fue gratis, él (el promotor) fue justo conmigo, pero lo que viví no tiene precio. Luis Enrique agradeció públicamente el catering que hice y para mí fue un orgullo enorme como nicaragüense», relata emocionada.


En la actualidad, Aguilar no solo cocina para nicaragüenses. En sus eventos privados reúne a personas de todas las nacionalidades, incluyendo canadienses que se enamoran del tradicional vigorón, el caballo bayo o las costillas adobadas con yuca.
«Cuando alguien prueba mi comida y pregunta dónde queda Nicaragua, siento orgullo. La gastronomía es un pasaporte cultural y La Gaviotita es mi forma de levantar la bandera azul y blanco desde Canadá», sostiene.
Los retos del camino
El emprendimiento no ha estado exento de dificultades: conseguir un local estable, capital de inicio, clientes fieles y superar la competencia. «Hay mucha competencia, pero Dios da para todos. Aquí somos muchos ofreciendo comida nica, cada quien tiene sus clientes, especialidades, y tiene su segmento de mercado», dijo.
Agregó en cuanto a los clientes que «hoy en día te puedo decir un gran porcentaje de mis clientes no son nicaragüenses, como decimos en mi tierra, a veces somos ‘matamama’. Pero eso me abrió explorar con otras culturas, aunque no es fácil, uno tiene que secarse las lágrimas y seguir».

Aguilar combina su pasión gastronómica con trabajos entre semana para ahorrar y soñar con un local propio. «Quiero hacerlo con todo listo, para que La Gaviotita sea un éxito no solo para los nicaragüenses en Montreal y, si que eventualmente irnos a Toronto y para otras ciudades. Mi sueño es que la gastronomía nicaragüense suene en grande en Canadá», sostuvo.
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Su historia, dice, es la de muchos migrantes que llegan con miedo, pero también con ganas de crecer. «Yo siempre digo: me seco las lágrimas, respiro profundo y sigo. Las piedras nunca van a faltar, el asunto es no perder la consistencia y fe en vos mismo», remarca.
A quienes quieren emprender les deja un mensaje claro: «Hay que aventarse. Mejor decir ‘lo intenté’ que quedarse con la duda. A veces uno se estrella, pero el camino siempre te lleva hacia arriba», concluye.
Si usted quiere contratar el servicio para algún evento puede escribir o llamar al número +1 438 377 5984.