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Silvia Sánchez nunca pensó que su vida daría un giro tan radical. Nacida en San Ramón, Matagalpa, hace casi ocho años dejó Nicaragua para instalarse con su esposo, Jaume Martorell, y su pequeño hijo Gabriel en Mallorca, España. Hoy su emprendimiento Chocolates Maüa es un referente de calidad y sabor en Europa, llevando en cada tableta un pedacito de su tierra natal.
La decisión de dejar Nicaragua no fue sencilla. «Nuestros planes eran poder seguir más tiempo en Nicaragua, hasta que nuestro hijo Gabriel estuviera mayor. Fue en 2018, con la situación que hubo en Nicaragua, que decidimos adelantar el viaje que habíamos planeado», cuenta.
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Psicóloga de profesión, Sánchez conoció a su esposo hace 17 años cuando él llegó a Nicaragua como estudiante de Ingeniería Agronómica y quería conocer más sobre las plantaciones de café, «productos que no suelen tener aquí en Europa». En su natal Matagalpa ella trabajaba en temas de educación y cooperación al desarrollo.
Una vez llegaron a Mallorca, una isla mediterránea que es parte del Reino de España, la adaptación tampoco le fue fácil. «Aunque mi esposo es mallorquín y su familia nos acogió, siempre se siente la diferencia cultural. Extrañaba el clima, la comida, hasta el olor de la tierra mojada en Nicaragua», recuerda.
Un inicio en pandemia
La pandemia del covid-19 fue el punto de partida de lo que hoy es Chocolates Maüa, una microempresa fundada por Sánchez y su esposo, quien tiene vasta experiencia por haber trabajado con plantaciones de cacao en Nicaragua y otros países.
«En el confinamiento que aquí se vivió bastante fuerte, se nos ocurrió la idea de que podíamos hacer pruebas de chocolate en casa, porque Jaume tenía un pequeño laboratorio donde hacía pruebas de corte de cacao y lo tostaba para ver la calidad de estos granos (…) y había cacao de Nicaragua y otros países, esos olores que te recuerdan a Nicaragua».
Sánchez cuenta que le dijo a su esposo que hicieran un chocolate caliente porque ese cacao «me recuerda Nicaragua, mi mamá y mi casa». Fue ahí donde la idea del emprendimiento tomó fuerza.
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«Nosotros aprovechamos las noches para hacer pruebas de chocolate mirando videos, o sea, muy autodidactas con la poca información en libros que mi esposo tenía, y al final nos salió las pruebas que hicimos atemperábamos a mano, tostábamos el cacao, empezamos a hacer pruebas con diferentes azúcares, hasta que logramos unas tabletas que nos gustaron», rememora.

De esas primeras tabletas hechas de manera artesanal surgió una idea que pronto se convirtió en negocio. «Empezamos regalando a amigos y familiares, y todos nos decían que estaba delicioso. Fue entonces que pensamos: ¿y si lo hacemos en serio?», relata.
El nombre de la marca refleja la unión de dos mundos: «Maüa», combinación de Ma de Mallorca y üa de Nicaragua.
Chocolate artesanal con sello nicaragüense
Aunque actualmente trabajan con siete orígenes de cacao desde Nicaragua, Perú, Colombia, Ecuador, Panamá, Madagascar e India, la esencia del proyecto sigue enraizada en Matagalpa. Su producción sigue la filosofía estadounidense bean-to-bar, es decir, transformar el cacao desde el grano hasta convertirse en una tableta de chocolate.
«Iniciamos con cacao de Waslala, de la Reserva Bosawas. En nuestras tabletas siempre especificamos el origen y la cooperativa de donde proviene. Es una forma de dar visibilidad al trabajo de los productores y a la calidad del cacao nicaragüense», explica.
El producto estrella es el chocolate nicaragüense al 70 por ciento con sal de Mallorca, el más vendido tanto en su tienda física como en línea. «Ese es el preferido de los clientes. Es un puente entre mis dos tierras: el cacao de Nicaragua y la sal de esta isla», asegura.



De hecho, Sánchez insiste en que Chocolates Maüa nació en respuesta a la «búsqueda de alguna manera de sentirme siempre cerca de mi cultura, el olor de cacao me recordaba mi niñez, a mi casa, vi en ese momento un proyecto que me mantuviese de alguna manera en contacto con mis raíces y con las tradiciones de Nicaragua».
Este año, Chocolates Maüa celebra cinco años desde que presentó sus productos al público. Lo que inició en un pequeño local alquilado hoy se ha convertido en un negocio con espacio propio. Su fundadora, una nicaragüense apasionada por el cacao, comparte con orgullo que el chocolate que ofrecen es «totalmente diferente» al que suele encontrarse en Europa de forma industrial.
Para Sánchez, el éxito no sólo radica en la calidad del chocolate, sino en la historia que lo acompaña. «Siempre digo: no vendemos solo una tableta, vendemos una historia. El cacao forma parte de nuestra cultura, de nuestra identidad. En Nicaragua, ¿quién no se toma un pinolillo o prepara tiste con cacao? Eso también queremos transmitir con cada producto», afirma.
De un sueño a una empresa consolidada
Lo que inició con ahorros limitados y préstamos cooperativos, hoy emplea a diez personas, cuatro de ellas mujeres nicaragüenses que encontraron en Chocolates Maüa una oportunidad distinta a los trabajos que suelen realizar los migrantes en España.
«Teníamos pocos ahorros que fue con los que venimos de Nicaragua, empezamos a comprar utensilios, pequeñas máquinas en las que nosotros podíamos hacer el chocolate a mano (…) necesitábamos más maquinaria, pero eso implicaba una inversión económica grande que no teníamos y nuestros amigos y familiares empezaron a apoyarnos para ir comprando», detalla.
Con el tiempo, tuvieron que asociarse a Butaï, la entidad que agrupa a pequeñas cooperativas y microempresas, con el fin de acceder a asesoría, planes de negocio y pequeños créditos. Esta alianza les permitió formalizarse como pareja emprendedora y comenzar a hacer crecer la empresa. Hoy cuentan con diez trabajadores y han logrado duplicar su producción.
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«Cuando veo a mis compatriotas escogiendo el cacao a mano, igual que se hace en Nicaragua. A mí me llena el corazón y me alegra mucho saber de que estas mujeres están ahí conmigo, de que estamos todo el día escuchando música de Nicaragua mientras trabajamos, que compartimos sobre nuestra familia y nuestros hijos me siento orgullosa. Es como tener un pedacito de nuestra cultura aquí en Mallorca», comenta emocionada.



El negocio, además de su tienda en el centro de Mallorca, ya abastece a hoteles de lujo, tiendas gourmet en varias ciudades de España, y realiza envíos a toda Europa y Estados Unidos.
Además de las tabletas de chocolate, la oferta incluye bombones, trufas y rocas —una especie de cajetas— elaboradas con cacao combinado con almendras, naranja, leche y otros ingredientes. Las tabletas se venden entre 6 y 10 euros.


Chocolates Maüa a Nicaragua
Hoy, con planes de expandirse a más ciudades de España y aumentar la exportación, Silvia y su esposo tienen claro su propósito: dar a conocer a Nicaragua en el mundo, a través del sabor del cacao y llevar Chocolates Maüa a Nicaragua.
«Las veces que he ido a Nicaragua hemos llevado chocolates para nuestros familiares, amigos y también a los productores, porque son quienes cosechan el cacao. Nosotros les llevamos las tabletas de chocolate para que vean del cacao que ellos producen nosotros hacemos esas elaboraciones, pero me encantaría que nuestros chocolates se conozcan más en Nicaragua», comparte.
Aunque reconoce que emprender en otro país no es fácil, Sánchez insiste en que la clave está en creer en la idea y tener un plan claro.
«No es cuestión solo de dinero, sino de disciplina y de saber diferenciarse. Nuestro chocolate no compite con las marcas industriales: es un producto único, artesanal, con un trasfondo cultural. Eso nos ha permitido crecer, porque a muchos le ha gustado nuestra historia», concluye.