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Dicen que la vida está llena de hechos imprevisibles, de acciones cuyo destino final sólo se conocen cuando ya han pasado a la historia. De entre muchos ejemplos, hay dos que no admiten dudas sobre lo impredecible de su suerte: una bala al ser disparada y un billete al salir de la cartera. Nadie sabe dónde terminarán.
Así las cosas, nadie habría de sospechar que aquella operación de compra de vehículos de guerra a Israel, destinadas primero para combatir a los nazis en la Segunda Guerra Mundial y pensadas luego para blindar a las fuerzas armadas al servicio de la familia Somoza en Nicaragua y al ejército de Fulgencio Batista en Cuba, terminarían en las manos contrarias.
A inicios de 1957 atracó en el puerto de Corinto un buque de la naviera Mamenic Line con un cargamento poco habitual para Nicaragua: ochenta blindados M6 T17E1, conocidos como Staghounds, adquiridos a Israel. En Nicaragua se les llamó “tanquetas”.
Eran vehículos diseñados en Estados Unidos por Chevrolet durante la Segunda Guerra Mundial, para misiones de reconocimiento y apoyo a la infantería
Habían servido en distintos teatros de operaciones en África y Europa y durante la posguerra algunos lotes pasaron a inventarios de países en Oriente Medio, que habían prestado apoyo a Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
El entonces recién creado Estado de Israel conquistó cientos de esas unidades blindadas en sus primeros conflictos con sus vecinos estados árabes; pero después, al racionalizar sus existencias tras la campaña del Sinaí de 1956, los vendió, literalmente, a precio de buen amigo a Nicaragua.
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«Tanques en vez de tortillas»
El gobierno de Luis Somoza Debayle concretó la compra por menos de un millón de dólares, según denunció el Diario LA PRENSA por aquella época.
Diversas estimaciones de entonces situaban el valor de mercado de la flota entre cuatro y cinco millones, debido al número de unidades, al paquete de repuestos y a los accesorios incluidos.
Una vez concluida la descarga y el trámite aduanero, los vehículos fueron trasladados a bases de la Guardia Nacional en Managua y León.
De manera inmediata, diez unidades se apartaron para repuestos, práctica habitual para sostener flotas con mantenimiento complejo.
LA PRENSA insistía en sus preguntas y críticas: «¿A dónde va nuestra economía cuando adquirimos tanques y frenamos la compra de tractores? La célebre frase nazi de cañones en vez de mantequilla puede traducirse por tanques en vez de tortillas».
Los compradores de Somoza
A inicios de 1957, el presidente Luis Somoza Debayle mandó a una misión de tres oficiales de la Guardia Nacional a Israel para revisar, probar y aprobar la venta de un lote de vehículos ofrecidos generosamente a Nicaragua.
Los elegidos fueron los tenientes Guillermo Rivas Martínez, Irving Davidson y Florencio Mendoza Guillén, quienes estuvieron dos meses en Israel cumpliendo la misión encargada desde la Casa Presidencial.
El teniente retirado de la Guardia Nacional (GN), Ricardo Mendoza, hijo de uno de los oficiales enviados por Somoza a inspeccionar aquella flota, dijo que en realidad Davidson era un consejero de negocios militares de la GN, a quien Somoza elevó ad honoren al rango de teniente por sus servicios.
“Era un comerciante de armas de guerra, que ayudó mucho en asesoría y avituallamiento, pero era de confianza y se le encargó transar las negociaciones con Israel”, recuerda Mendoza desde su exilio.

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Mendoza, en esta entrevista telefónica con LA PRENSA, no olvida que la transacción fue altamente beneficiosa para la Guardia Nacional ya que los vehículos blindados, junto a tanques y piezas de artillería, fortalecieron la capacidad de defensa militar del país, convirtiéndolo en su momento en uno de los cuerpos de infantería mecanizada más poderosos de Centroamérica.
El teniente en retiro de la Guardia rememora que la venta de Israel fue un gesto de gratitud a Somoza García, por su apoyo firme al Estado sionista desde su surgimiento como Nación.
Somoza no solo votó en Naciones Unidas reconociendo la fundación del Estado de Israel en 1947, sino que suministró armas, pasaportes y documentación falsa para operaciones de inteligencia, así como municiones y contactos para el suministro de insumos a las tropas israelitas en sus primeras guerras contra los países árabes, cuando aún no tenían desarrollada su industria armamentística.
Características de las tanquetas
El Staghound M6 T17E1 integraba un casco remachado de hierro y soldado con espesores que alcanzaban los 32 milímetros en zonas críticas.
Montaba un cañón M6 de 37 milímetros en torre giratoria, una ametralladora Browning calibre .50 coaxial o en montaje de torreta y, en varias configuraciones, una ametralladora adicional de 7.62 mm en la parte posterior o en afustes secundarios.
Su planta motriz le permitía alcanzar alrededor de 80 kilómetros por hora en condiciones favorables y sostener velocidades operativas sobre terreno irregular.
Contaba con radio, periscopios y escotillas para los operadores. La tripulación típica era de cuatro a cinco efectivos, según la variante y la doctrina de empleo: conductor, comandante, artillero, cargador y, cuando correspondía, operador de radio.
En Nicaragua, la Guardia Nacional estandarizó procedimientos de conducción y tiro, así como protocolos de escolta de convoyes, control de perímetros y patrullaje en sectores urbanos, según archivos históricos de los exoficiales GN exiliados en Estados Unidos.
Algunas unidades conservaron elementos propios de los lotes israelíes; otras recibieron ajustes con repuestos estadounidenses y locales y en muchos casos se les adaptaron nuevos emplazamientos para ametralladoras de calibre ligero.
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Desfile y primera exhibición
El 5 de julio de 1957, parte de la flota desfiló por el centro de Managua. Los periódicos registraron el movimiento de columnas blindadas por la Avenida Bolívar y las inmediaciones de la Loma de Tiscapa.
La exhibición sirvió para presentar el nuevo material al mando militar, a funcionarios de gobierno y a la ciudadanía. No se trató de una demostración de tiro, sino de circulación y despliegue.
Posteriormente, los vehículos regresaron a sus hangares como unidades tácticas del Primer Batallón Blindado, para completar procesos de revisión mecánica y capacitación de tripulaciones.
En las semanas siguientes, el cuerpo de instructores organizó cursos de conducción, mantenimiento preventivo y operaciones en equipo, con especial atención a comunicaciones y a coordinación con infantería transportada.
Los manuales de operación incluían pautas sobre límites de pendiente, vadeo y ataque sobre desplazamiento, así como el empleo del cañón de 37 milímetros en escenarios de corta distancia.
La Guardia Nacional definió además un esquema de rotación para no concentrar el desgaste en un subconjunto reducido de vehículos.
Los mecánicos priorizaron la puesta a punto de las unidades que permanecerían en servicio, incluyendo sustitución de neumáticos, revisiones de transmisión y verificación de los sistemas de freno y dirección, cuyo desempeño era crítico para operar en calles estrechas y tramos con pendientes.
Ese mismo año, y en paralelo, se abrieron conversaciones con el Gobierno de Cuba para la venta de una parte del lote.
Venta de tanquetas a Batista
En octubre de 1957, Nicaragua concretó la reventa de treinta Staghounds al gobierno del general Fulgencio Batista.
La operación se realizó por un monto de un millón de dólares, cifra equivalente casi al costo total que Nicaragua había pagado por el lote original.
La logística implicó alistamiento técnico, documentación de traspaso y traslado marítimo, así como el envío de personal técnico para entrenamiento.
Cuba enfrentaba una intensificación del conflicto interno, con las guerrillas de Fidel Castro aumentando sus capacidades militares, por lo cual Batista, amigo de los Somoza, requería medios blindados para tareas de patrullaje y control.
Los Somoza no lo dudaron y le vendieron los vehículos y armamento.
La transacción incluyó piezas de repuesto y accesorios, según listados incorporados a los manifiestos de carga, de acuerdo con las denuncias que por entonces hizo la prensa mexicana que apoyaba a Castro.
Al final, el refuerzo de los vehículos blindados no salvó a Batista y Castro y sus hombres entraron a La Habana a bordo de varios de los Staghound vendidos por Somoza.
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Castro ofreció cambiarlos por tractores
En uno de sus primeros discursos posvictoria, Castro dijo que revenderían los blindados a Nicaragua para comprar tractores y echar adelante la economía de la isla, pero nunca lo hizo. «Nos quedamos esperando los blindados», recuerda el teniente en retiro Mendoza.
La Guardia Nacional reorganizó su flota con las unidades restantes, ajustando su plan de mantenimiento a la disponibilidad real de municiones y repuestos.
La venta generó de nuevo dudas de medios locales nicaragüenses, LA PRENSA principalmente, preguntando ahora sobre el destino de los fondos.
Presionado por la prensa internacional y por el reclamo de Estados Unidos, que aseguraba «no estar enterado de la transacción con Cuba», el régimen de los Somoza informó que los recursos se asignarían a un proyecto educativo para familias de militares.
Defensa oficial de la operación
El 21 de febrero de 1958, Luis Somoza Debayle ofreció una conferencia de prensa en la que confirmó la venta de blindados a Cuba y el monto, según publicó Novedades, el periódico oficialista del régimen.
Somoza señaló que Nicaragua, como Estado independiente, podía enajenar material adquirido con recursos propios y que la transacción no infringía acuerdos internacionales vigentes.
Indicó, además, que los equipos en cuestión no formaban parte de ayuda estadounidense, sino de compras directas realizadas a Israel.
La comunicación oficial respondió a solicitudes de claridad sobre el origen de los fondos empleados en el proyecto educativo anunciado y sobre la legalidad del traspaso de material militar a un tercer país.
Somoza dijo que el dinero entraba a las arcas del Estado para la construcción de un colegio digno para los hijos de los militares que prestaban servicio al país.
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Así nació el Colegio Primero de Febrero en Managua, bautizado en homenaje al natalicio del general Anastasio Somoza García, ocurrido un 1 de febrero de 1896.
La primera piedra se colocó en septiembre de 1958, la obra civil se ejecutó durante 12 meses y fue entregada en septiembre de 1959.
En la edición del diario oficialista Novedades Nº 7313 del día martes 26 de enero de 1960, apareció la nota periodística bajo el título “NUEVA ESCUELA DEL EJÉRCITO”.
Oficialmente el colegio se inauguró el 1 de febrero de 1960 y se mantuvo vigente con su nombre oficial hasta el 19 de julio de 1979, cuando los sandinistas, igual que los guerrilleros cubanos en La Habana, entraron triunfantes a Managua a bordo de los blindados que Israel vendió a Somoza.
A partir de entonces, bautizaron el colegio como Instituto Nacional Rigoberto López Pérez, en homenaje al suicida que asesinó a disparos a Anastasio Somoza García en septiembre de 1956.

Preparación y empleo de los Staghounds
Mientras el Colegio Primero de Febrero consolidaba sus servicios en los años 60 y 70, la Guardia Nacional mantuvo en inventario entre 30 y 35 Staghounds operativos hasta finales de los setenta.
El resto quedó fuera de servicio por desgaste, falta de repuestos o canibalización destinada a sostener a las unidades activas.
Las tripulaciones entrenaron tiros con el cañón de 37 milímetros y con ametralladoras, así como comunicaciones por radio en convoyes.
Los vehículos se emplearon en tareas de patrullaje, control de accesos, resguardo de instalaciones sensibles y, de manera eventual, escoltas de desplazamientos oficiales, de acuerdo con los archivos históricos de Operaciones Especiales del Primer Batallón Blindado.
En los últimos años del régimen, los Staghounds recibieron refuerzos improvisados en rejillas, portaequipajes y almacenamiento de munición, con arreglo a criterios prácticos de las unidades.
Los años de ejercicios de campo, tiro y maniobras en calles estrechas y cruces de obstáculos, fueron esenciales en las “operaciones limpieza” para custodiar a los tractores que despejaban las calles y carreteras de barricadas y obstáculos defensivos de las guerrillas sandinistas en la parte más cruda de la guerra.
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Los blindados en tiempos de guerra
Durante la insurrección guerrillera de 1978 a 1979, en la que la Guardia Nacional enfrentó al Frente Sandinista de Liberación Nacional y a combatientes extranjeros vinculados a la llamada “internacional comunista”, permanecían operativos entre 25 y 30 de estos vehículos.
En la ofensiva final de 1979 se desplegó la totalidad de las unidades disponibles, recuerda el teniente Mendoza.
Todos estaban adscritos al Primer Batallón Blindado de la Guardia Nacional Presidencial y llevaban en su fuselaje las siglas PBB-GNP, seguidas por el número de identificación de cada unidad, desde la 001 en adelante.
Los combates urbanos de ese año fueron especialmente intensos en Managua, Masaya, Estelí, León y Matagalpa. Entre 8 y 12 de los blindados resultaron destruidos o capturados por los rebeldes en esas batallas.
Según los reportes de la GN, extraídos de los archivos del Cuartel General en la Loma de Tiscapa, algunas pérdidas se debieron a la falta de coordinación entre las tripulaciones de los vehículos y la infantería que debía protegerlos.
En otros frentes de guerra la cooperación y comunicación fue más efectiva y feroz, evitando que los sandinistas los destruyeran.
Las bajas entre las tripulaciones fueron elevadas: muchos resultaron heridos, muertos o hechos prisioneros.
Tras la victoria guerrillera, el recién constituido Ejército Popular Sandinista incorporó a su arsenal una quincena de estos blindados, con los que formó su primer batallón blindado, reforzado además con otras unidades capturadas a la Guardia Nacional.

Inventarios, repuestos y final de ciclo de los M6
El modelo M6 T17E1 fue concebido por Chevrolet para otra guerra, otra industria y otra época.
Mantenerlo operativo en Nicaragua por más de cuarenta años exigió costosas inspecciones periódicas, movimiento de piezas entre cascos, ajustes de carburación y sustituciones de elementos ya fuera de catálogo que afectaron el mantenimiento y vida útil de los blindados.
Según un libro-memoria del Ejército de Nicaragua del año 1995, los talleres priorizaron vehículos con mejores diferenciales, cañones en estado aceptable y radios funcionales.
Con la modernización del Ejército sandinista y los cambios de doctrina de tecnología americana a soviética y rusa en los sangrientos años 80, los Staghounds llegaron a su final de ciclo.
Algunas unidades permanecieron como material de instrucción, tiro al blanco y reserva, y otras fueron desincorporadas.
Otra parte sirvió como fuente de repuestos o quedó almacenado a la espera de una reparación mayor, pero al final terminaron exhibidos como recuerdos y trofeos de guerra.
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