Forenses, agentes del OIJ y efectivos de la Fuerza Pública escoltan el cadáver del mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, Roberto Sancam, quien fue trasladado por la Unidad de Transporte Forense (UTF) a Medicina Legal. ÓSCAR NAVARRETE / LA PRENSA
Huella de sangre: asesinatos con marca FSLN
Nacido como una organización político-militar el 23 de julio de 1961, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) alcanzó el poder por la vía armada en julio de 1979. No obstante, desde sus inicios ya acumulaba una serie de ejecuciones, incluso de miembros de sus propias filas.
Desde su fundación, el FSLN ha sido una estructura con adoctrinamiento férreo, de ideología marxista-leninista, hoy autodenominada socialista. Su línea beligerante se manifestó desde los primeros años mediante acciones subversivas que incluían adoctrinamiento político en sus filas, asaltos a bancos para financiar operaciones, lucha armada urbana y rural, y asesinatos selectivos que calificaban como “ajusticiamientos”.
El secuestro también fue parte de su estrategia militar. Una de sus operaciones más emblemáticas fue el asalto a la residencia de José María “Chema” Castillo, el 27 de diciembre de 1974. Otra fue el asalto al Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978, mientras sesionaba el Congreso. Ambos operativos culminaron con la liberación de importantes presos sandinistas, golpearon al régimen de Anastasio Somoza Debayle y catapultaron al FSLN a la escena internacional.
A finales de los años 60, el FSLN ya ejecutaba a figuras clave del somocismo. Un ejemplo fue el asesinato del sargento Gonzalo Lacayo, el 23 de octubre de 1967, célebre torturador de la Guardia Nacional. Para esta acción se organizó una célula de cinco miembros, entre ellos, el actual dictador Daniel Ortega.
Otro golpe al somocismo fue la ejecución del general GN-1, Reynaldo Pérez Vega, jefe del Estado Mayor Presidencial de la Guardia Nacional y agente encubierto de la CIA. El operativo ocurrió en marzo de 1978 y fue encabezado por la doctora Nora Astorga, una voluptuosa mujer quien usó su atractivo físico para atraer al general a una trampa. El plan era secuestrarlo, pero al oponer resistencia fue degollado en la habitación de Astorga, en el residencial Altamira. El FSLN lo denominó “operativo de justicia”.
El Frente también aplicó ejecuciones internas. El caso más emblemático fue el del guerrillero Narciso “Chicho” Zepeda, fusilado el 4 de octubre de 1974 por Amílcar Lorente Ruiz y Juan José Úbeda, bajo la acusación de “robo y traición”. Este crimen, calificado como “ejecución disciplinaria”, es el único reconocido oficialmente por el FSLN.
Con la caída de Somoza el 19 de julio de 1979, el dictador pasó a ser un objetivo a eliminar. El 17 de septiembre de 1980 fue asesinado en Asunción, Paraguay, por un comando argentino con respaldo del gobierno sandinista.
Ya en el poder, los crímenes del FSLN se extendieron dentro y fuera del país. Durante los años 80, se registraron asesinatos de opositores y figuras políticas. Pero el legado de violencia no se limitó a esa década: continuó en los 90 y se intensificó con el regreso de Daniel Ortega a la Presidencia el 10 de enero de 2007. Desde entonces, su régimen ha reincidido en los métodos históricos del FSLN: atentados, secuestros y asesinatos contra opositores. Estos crímenes siguen llevando el mismo sello de sangre con el que nació la organización.
Funerales del reconocido torturador de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), sargento Gonzalo Lacayo, ejecutado el 23 de noviembre de 1967 por una célula sandinista conformada por Hugo Medina, Edmundo Pérez, Óscar Turcios y el actual dictador Daniel Ortega. ARCHIVO/LA PRENSA“¿Así me pagan lo que hice por el Frente (FSLN)?”, fueron las últimas palabras de Narciso Zepeda, experimentado guerrillero con amplia trayectoria en el FSLN, antes de ser fusilado por sus propios compañeros. Los asesinos de “Chicho”, como se le conocía, fueron capturados por la Guardia Nacional y confesaron también el asesinato de otros guerrilleros como Francisco Flores, Bertín Hernández y Gustavo Andino. ARCHIVO/LA PRENSAPablo Emilio Salazar, conocido como el «Comandante Bravo”, fue uno de los principales jefes de la Guardia Nacional en el frente sur. Fue torturado y asesinado en Honduras por un comando de mercenarios argentinos liderado por Enrique Gorriarán Merlo. Su cuerpo fue hallado en estado de descomposición en una habitación. ARCHIVO/LA PRENSAAsí quedó el Mercedes Benz del dictador Anastasio Somoza Debayle tras el atentado que le costó la vida el 17 de septiembre de 1980, en Paraguay. El vehículo fue atacado con lanzacohetes y armas automáticas. Junto al dictador murieron su asesor financiero Jou Baittiner y su conductor César Gallardo. El atentado fue ejecutado por el sicario sandinista Enrique Gorriarán Merlo. ARCHIVO/LA PRENSAJorge Salazar Argüello, vicepresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), fue asesinado por agentes de la seguridad del Estado sandinista en una gasolinera de El Crucero, el 17 de noviembre de 1980. En el complot participaron Néstor Moncada Lau, actual asesor del régimen, y el general Álvaro Baltodano, recientemente condenado a 20 años de prisión por “traición a la patria”. ARCHIVO/LA PRENSAEdén Pastora, jefe militar de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), sufrió un atentado el 30 de mayo de 1984 mientras ofrecía una conferencia a periodistas internacionales y de Costa Rica en la frontera sur. La orden vino del Ministerio del Interior sandinista. El ataque dejó 7 muertos y 22 heridos con graves secuelas. ARCHIVO/LA PRENSAEl féretro de Arges Sequeira Mangas es escoltado por miembros del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), entre ellos Wilfredo Navarro y Silvio Américo Calderón, la noche del 23 de noviembre de 1992. Sequeira fue asesinado por las fuerzas punitivas de izquierda lideradas por el exmilitar sandinista, Frank Ibarra Silva. ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE/LA PRENSAEnrique Bermúdez Varela, comandante “3-80” y líder de la Contra, fue asesinado de dos disparos la noche del 16 de febrero de 1991 en el parqueo del Hotel Intercontinental Managua, a donde llegó a una cita con una persona cuya identidad nunca se conoció. ARCHIVO / LA PRENSAEl periodista Carlos Guadamuz, gravemente herido, es cargado por su hijo Selim Guadamuz (izq.) y colegas del Canal 23, tras recibir tres disparos del exmiembro de la seguridad del Estado, William Hurtado, el 10 de febrero de 2004. ARCHIVO/BOLSA DE NOTICIASHerty Lewites murió de forma repentina y en circunstancias sospechosas el 2 de julio de 2006, en plena campaña electoral. Era candidato presidencial y considerado un obstáculo para Daniel Ortega. Su esposa, Carmen García, afirmó que fue un infarto y pidió que no se le practicara autopsia. ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE/LA PRENSAAlexis Argüello, la máxima gloria del boxeo nicaragüense, fue hallado muerto con un disparo en el corazón el 1 de julio de 2009. La versión oficial fue suicidio, pero su hija Dora Argüello sostiene que fue asesinado en circunstancias no esclarecidas. ARCHIVO/LA PRENSAEl opositor Rodolfo Rojas Cordero, de 65 años, fue encontrado muerto el 25 de junio de 2022 en Trojes, Honduras. Fue líder del tranque de Carazo y había denunciado al régimen. Estuvo exiliado en Costa Rica, donde fue engañado para volver a Nicaragua, hasta donde llegó para ser torturado y asesinado. ARCHIVO/LA PRENSAJoao Maldonado, también exiliado tras participar en el tranque de Carazo, sobrevivió a dos atentados. El 10 de enero de 2024 fue atacado junto a su esposa Nadia Robleto en San José, Costa Rica. Se confirmó la participación de tres nicaragüenses, entre ellos el periodista Danilo Aguirre Sequeira. ARCHIVO/LA PRENSAJaime Luis Ortega Chavarría, de 54 años, excombatiente de la Contra y del movimiento campesino anticanal, asesinado el 28 de octubre de 2024 en Upala, Costa Rica. Fue llamado fuera de su casa por unos sujetos que iban en un vehículo y recibió ocho disparos. ARCHIVO/LA PRENSARoberto Samcam, mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, fue asesinado el 19 de junio en su casa en Moravia, San José. Samcam había denunciado la infiltración de células del régimen para ejecutar asesinatos en el exilio. ÓSCAR NAVARRETE/LA PRENSA
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