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El 22 de abril de 1991, a las 3:57 de la tarde, Costa Rica registró el terremoto más fuerte de su historia reciente, con una magnitud de 7.7 y epicentro a 40 kilómetros al sur de la ciudad de Limón, en el Caribe costarricense.
El evento sísmico mató a 48 personas, destruyó 4,400 viviendas y arrasó con decenas de puentes, acueductos, líneas férreas, puertos y cientos de kilómetros de carreteras, aislando a Limón del resto del país.
La carretera que une la capital costarricense, San José, con Limón quedó inhabilitada por cinco días, interrumpiendo el flujo de asistencia médica y ayuda humanitaria que la ciudad urgía, así como el traslado de heridos y enfermos hacia el interior del vecino país.

Nicaragua, entonces gobernada por doña Violeta Barrios de Chamorro, ofreció su ayuda para atender la emergencia en la que estaban los costarricenses. También donó dos helicópteros soviéticos del Ejército, mientras los sandinistas se oponían y amenazaban con tomarse el aeropuerto de Managua.
Tras el fallecimiento de la expresidenta nicaragüense el pasado 14 de junio y en medio del aluvión de condolencias, memorias afectuosas y anécdotas risueñas que develaban el espíritu humanista de doña Violeta, el ministro de Seguridad Pública de Costa Rica, Mario Zamora Cordero, recordó esta historia casi olvidada en el tiempo.
“Desde la Fuerza Pública queremos rendir un profundo homenaje a doña Violeta Barrios de Chamorro, primera mujer en ser presidenta de toda la historia de América Latina, pero también la única vez en la historia de Costa Rica que, en atención a una emergencia que tuvimos en el país, doña Violeta envió un destacamento desde Nicaragua para atender la crisis en Costa Rica”.
“Al final se quedó en el país un helicóptero y un convoy que fue donado por el Gobierno de Nicaragua al Gobierno de Costa Rica, como una muestra de solidaridad entre dos pueblos hermanos”, dijo consternado y agradecido.
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El terremoto y los “mastodontes”
Una de las principales consecuencias del terremoto fue la licuefacción del suelo en varias zonas de la provincia de Limón, como Moín, donde terrenos saturados de agua perdieron estabilidad, se volvieron pantanosos y provocaron el colapso de estructuras.
Ante la tragedia que vivía Costa Rica, el gobierno de doña Violeta ofreció al presidente tico Rafael Ángel Calderón Fournier, ayuda humanitaria inmediata con recursos para labores de búsqueda, rescate y traslado de víctimas
El 24 de abril, la Asamblea Nacional nicaragüense aprobó de manera urgente el envío de seis helicópteros MI-17 y MI-8 de la Fuerza Aérea de Nicaragua, dos aviones AN-26, así como un convoy todo terreno de tres camiones IFA y un ZIL, con asistencia médica, agua, medicina y víveres. La ayuda llegó a suelo tico ese mismo día por la noche.
El exjefe de la Fuerza Aérea, Javier Pichardo, explicó en aquellos años a El Nuevo Diario que los MI-17, fabricados por la empresa soviética Aiaexport, llegaron a Nicaragua a inicios de 1982, gracias a un convenio entre los ejércitos de la Unión Soviética y Nicaragua.
Detalló que se les consideraba a nivel internacional como “excelentes aparatos”, aunque con alto consumo de combustible. Los helicópteros medían 18 metros de largo por 5 de alto, con una capacidad para 36 soldados; tenían autonomía de vuelo de 675 kilómetros y 250 kilómetros de velocidad máxima por hora.
Podían trasladar 12 camillas y hasta 4,000 kilogramos de carga y eran considerados muy seguros. “Son unos mastodontes seguros, gracias a su maniobrabilidad y su capacidad de vuelo. Además, son de la última generación en su clase”, destacaba Pichardo.

Costarricenses quedaron impresionados
Según los reportes de prensa, la magnitud de la tragedia provocó una ola de solidaridad internacional que se volcó en toneladas de ayuda humanitaria, como alimentos, medicina, agua, colchones y tiendas de campaña.
En ese flujo de ayuda, se destacó el convoy de los camiones todoterreno de Nicaragua y su flota de helicópteros que trasladó heridos y enfermos, movilizó a rescatistas, entregó agua y víveres y brindó transporte.
El entonces ministro de Seguridad Pública, Víctor Emilio Herrera, destacó que el apoyo brindado a Costa Rica constaba al quinto día después de la tragedia, en 12 helicópteros, seis aviones extranjeros, y más 60 vehículos todoterreno para asistir a la población damnificada.
De ellos, 6 helicópteros y 6 camiones eran del Ejército de Nicaragua, que además había desplegado a cerca de 120 especialistas en rescate, personal sanitario y pilotos más tripulación aérea.
La delegación nicaragüense brindó asistencia en Costa Rica hasta el 24 de mayo cuando el vecino país pudo tomar el control de la emergencia con sus propios recursos.
Los servicios prestados por los pilotos y helicópteros MI-17 y MI-8 habían impresionado a los costarricenses, por su seguridad y gran capacidad de carga y transporte de personal (hasta 32 personas por vuelo).
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La donación de los helicópteros
Antes de regresar de su misión, el canciller nicaragüense Ernesto Leal Sánchez se reunió con su similar costarricense Bernd von Strenge y con el viceministro de Seguridad Pública, Erick Koberg, para coordinar qué tipo de ayuda podría seguir brindando Nicaragua a Costa Rica, más allá de la emergencia.
Como estaban encantados con los helicópteros de Nicaragua, estos preguntaron si era posible obtener algunos de ellos. Además, consultaron si la flota de IFA y ZIL podían quedarse operando algún tiempo más, mientras Costa Rica lograba reconstruir más de 300 kilómetros de carreteras dañadas severamente por el sismo.
De acuerdo con los reportes del periódico La República, el canciller Leal llevó el mensaje a Nicaragua y el gobierno de doña Violeta respondió de manera positiva: Nicaragua donaría dos helicópteros con la condición de no venderlos a terceros países y bajo el compromiso de que su uso fuese estrictamente humanitario.
Con respecto al convoy, también se donarían tres IFA y un ZIL, con las mismas condiciones que los helicópteros; acordaron entonces los dos países el envío de personal militar nicaragüense para entrenar a los pilotos costarricenses para operar los helicópteros y camiones, asumiendo Costa Rica el costo de sus salarios y gastos operativos.
Costa Rica, por aparte, donó siete buses civiles a Nicaragua para transporte urbano y escolar, así como insumos y maquinaria agrícola, según los reportes de la época.

Escándalo en Nicaragua
Una publicación de El Nuevo Diario de junio de 1991 detalla que la donación del equipo militar nicaragüense a Costa Rica generó un escándalo político en el país.
Los sandinistas, con el control del Ejército Popular Sandinista, reclamaron airadamente y protestaron en la Asamblea Nacional, mientras el secretario general del FSLN, Daniel Ortega, amenazó al gobierno de doña Violeta con paralizar el aeropuerto internacional de Managua si no regresaban de inmediato las aeronaves y el convoy.
Sin embargo, doña Violeta se mantuvo firme pese a las amenazas y presión en contra y sostuvo la donación a Costa Rica.
Un año después se explicaría la rabieta del Ejército sandinista: negociaban con Perú la venta de 25 helicópteros soviéticos; al final, el Ejército nicaragüense, por órdenes del general Humberto Ortega, vendió 21 aeronaves al país sudamericano por más de 24 millones de dólares.
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¿Qué pasó con los helicópteros en Costa Rica?
Después de la donación, Costa Rica regresó a Nicaragua en 1992 uno de los helicópteros debido a los altos costos de operación y la escasez de repuestos en el mercado internacional. El otro se utilizó hasta el año 2001 cuando el gobierno tico se vio obligado a venderlo en 26,640,000 millones de colones (75 mil dólares aproximadamente en la época).
Se trataba del helicóptero MSP016 (MI-17), con una capacidad para 24 personas; primero fue donado al Club de Leones de Alajuela y luego lo adquirió la empresa colombiana Cifsa, dedicada a la carga externa, según explicó el Ministerio de Seguridad Pública (MSP).
Aunque operativa, la nave requería de cuantiosas inversiones que superaban el costo de venta. El costo de reparación se calculó en 700 mil dólares, por lo que Seguridad Pública decidió deshacerse de la aeronave que, además, requería de 2,500 dólares por cada hora de vuelo que realizaba.
De acuerdo con el exministro Rogelio Ramos, los poco más de 26 millones de colones obtenidos por la venta del helicóptero se invirtieron en la compra de equipos para Vigilancia Aérea.
El pago de la aeronave, según una publicación aparecida en el diario oficial de Costa Rica La Gaceta del 27 de septiembre de 2001, se haría en los 30 días siguientes a la legalización del contrato de adjudicación.

Útil ante desastres
Una vez ejecutada la transacción de pago, Seguridad Pública entregó el helicóptero a su nuevo propietario. Por casi un mes, el aparato estuvo estacionado en un hangar del Aeropuerto Juan Santamaría y fue sustituido por dos pequeños helicópteros de observación, más versátiles, de menor consumo de combustible y amplio stock de repuestos.
El MI-17, aparte de trabajar en el suministro de combustible y alimentos durante la crisis del terremoto de Limón, participó en operativos de rescate cuando a Costa Rica la azotaron los huracanes César (1995) y Mitch (1998).
También se utilizó para combatir incendios forestales, pues permitía transportar a dos docenas de hombres y hasta tres toneladas de carga en su interior o colgando.
“Las máquinas llegaron al fin de su vida útil. El arreglo es elevado y su costo de operación también”, explicó entonces Jorge Solano, director de la sección de Vigilancia Aérea del MSP.
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