Cada temporada de lluvia, Managua se inunda y sus habitantes pagan las consecuencias. LA PRENSA/Archivo

¿Qué pasó con el Plan Maestro para mejorar el drenaje pluvial de Managua?

En 2017, la Alcaldía de Managua presentó un plan para mejorar la infraestructura del drenaje pluvial. Seis años después, la capital se sigue inundando con cada lluvia fuerte

Desde el 2017 la Alcaldía de Managua (ALMA) tiene en su poder un Plan Maestro de Escorrentía Superficial (PMES), para «mejorar la infraestructura del sistema de drenaje pluvial del municipio de Managua». Al presentarlo, la comuna capitalina anunció que la ejecución del plan costaría 518.39 millones de dólares; y que con ella se reducirían los puntos críticos de inundación y deslave en las zonas más vulnerables; además, el PMES serviría para planificar una capital más ordenada, segura y sostenible.

Seis años después, Managua se sigue inundando con cada lluvia fuerte; y sus habitantes pagando, incluso con vidas, las consecuencias del colapso del obsoleto sistema de drenaje de la ciudad.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pagó 1.2 millones de dólares por la elaboración de este plan. La propuesta incluye 56 proyectos, entre los que se incluye 7.33 kilómetros de túneles, entre nuevos y ampliación de los existentes. También, estabilización de taludes, cortinas, cambios de cauces abiertos a cerrados, revestimiento de cauces y construcción de micropresas nuevas y ampliación de otras.

Al hacer público el PMES, el secretario general de la ALMA, Fidel Moreno, aseguró que su ejecución sería crucial para proteger la laguna de Asososca, principal fuente de agua potable de la ciudad. También, para brindar protección a la laguna de Tiscapa, con la construcción de un cauce interceptor para desviar las aguas pluviales que llegan a ella.

Plazo de entre 7 y 10 años para su ejecución

Según el documento, los desarrollos urbanísticos están incluidos en el PMES, bajo la visión de obtener proyectos integrales que minimicen el impacto negativo de las construcciones y aprovechen las ventajas que ofrece la ciudad.

Debido a la política de secretismo que priva en las instituciones públicas y municipales, no se conoce ni siquiera si ya arrancó la ejecución de este plan. El documento contempla entre 7 y 10 años de plazo para concluir las obras. Eso significa que después de cinco años de presentado, ya debería haberse avanzado en al menos el 50 por ciento. Sin embargo, hasta ahora no se ha visto obras en ninguno de los cauces que contempla el plan.

Cada año, las corrientes bajan con más fuerza hacia la capital. LA PRENSA/Archivo

Llama la atención que en el estudio Adaptación al Cambio Climático y Manejo Integrado de los Recursos Hídricos en Managua, Nicaragua, elaborado en 2015, el BID le recomendó a la ALMA, implementar técnicas de almacenamiento, infiltración, evaporación y retención de las escorrentías en el sitio donde cae la lluvia; y de otras prácticas para el manejo de las aguas pluviales bajo un enfoque de Desarrollo de Bajo Impacto (LID, por su sigla en ingles).

Según ese estudio, implementar correctamente las prácticas LID generaría beneficios ambientales; pero también un ahorro de entre el 15 y el 80 por ciento en el costo del manejo de las aguas pluviales. Sin embargo, el PMES elaborado en 2017, con recursos del BID, no menciona ninguna de estas prácticas. Al contrario, en lugar de promover el uso de la vegetación para garantizar la infiltración, hace énfasis en las técnicas tradicionales, entre ellas recubrir con concreto todos los cauces nuevos y las ampliaciones.

Abrir un diálogo ciudad para buscar soluciones

Abdel García, planificador de espacios sostenibles, considera si el sistema actual de drenaje ya está obsoleto y no es capaz de drenar los volúmenes actuales de lluvia, hay que hablar de nuevos «códigos» y «megaproyectos» de infraestructura que debe tener la ciudad en sus partes altas, medias y bajas.

«Supongo que debemos reescribir algunos códigos y elementos alrededor del ordenamiento territorial. Porque aquí hay lugares con nombre y apellido que se deben fortalecer», dice García. Además, aclara que ese «ordenamiento» debe empezar por establecer un diálogo técnico sobre el espacio ciudad; de ese espacio de discusión, deben surgir soluciones integrales y sostenibles al problema del ordenamiento territorial y el drenaje pluvial de Managua.

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El diálogo abierto es necesario porque no se le puede dejar todo el trabajo a una unidad de ordenamiento territorial del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marena), que solo tiene diez empleados.

Arquitectos, ingenieros y la academia deben aportar

«Si ya no sos capaz con diez personas, entonces abrí la cancha. Llamá a especialistas, sean chinos, japoneses, rusos, hindúes o de donde sea que estén los mejores. Traelos y ponelos a trabajar con los especialistas locales para que juntos adapten a la realidad local, esas tecnologías de primer mundo que pueden resolver el problema», aconseja García.

El consultor independiente critica el reciente cierre de la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (ANIA); ya que este es un sector que está obligado a hacer planteamientos concretos y aportar mucho a la solución del problema anual de las inundaciones. Y confía en que si el cierre fue provocado porque la organización no estaba haciendo bien su trabajo, se aprovecha para fortalecerla. Y que una vez fortalecida, también aporte en ese diálogo, en el que deben participar también las escuelas de ingeniería y arquitectura y todas los involucrados.

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Por su parte, el ingeniero Agustín Jarquín, exdiputado miembro de la Comisión de Infraestructura de la Asamblea Nacional, considera que no se debe dejar toda la responsabilidad a la Alcaldía de Managua. Sino que esto debe ser un trabajo conjunto de los cinco municipios que forma la subcuenca III de la cuenca Sur del Lago de Managua; es decir, Managua (Distritos V y VI), Ticuantepe, La Concepción, El Crucero y Nindirí.

Convertir AMUSCLAM en una mancomunidad

Jarquín considera que la Asociación de Municipios de la Sub-Cuenca III, de la Cuenca Sur del Lago de Managua (AMUSCLAM) que integran estos cinco municipios debe convertirse en una mancomunidad. Es decir, una asociación que ejecute competencias específicas delegadas por los municipios miembros. Según Jarquín, al crear una mancomunidad los cinco municipios podrían captar recursos y ejecutar proyectos con enfoque de cuenca.

Ese enfoque implicaría que juntos controlen el desarrollo urbano de la zona. Pero no restringiendo las construcciones, sino incorporando en la planificación urbana, la implementación de prácticas amigables con el ambiente y sostenibles. Entre ellas, la retención e infiltración de toda el agua de lluvia, ya que eso quitaría gran presión a los cauces de Managua y se resolvería gran parte del problema.

Para Jarquín esa mancomunidad tendría que establecer esas normas de construcción y promover el enfoque de cuenca, es decir, administrar las escorrentías como una sola zona. Porque el agua que inunda Managua recorre zonas de estos cinco municipios antes de llegar a los cauces y zonas bajas de la capital. Entonces es en las zonas de esos municipios, donde nacen las escorrentías que llegan a Managua, donde hay que establecer obras de almacenamiento, infiltración, evaporación y retención.

A criterio de los especialistas de nada servirá ampliar y hacer grandes obras para el drenaje pluvial en la capital, porque mientras no se retengan las escorrentías en el sitio donde nacen, estas seguirán corriendo hasta llegar a inundar la capital. De ahí la urgencia de que AMUSCLAM se active y comience a trabajar como una mancomunidad. Porque hasta ahora, a pesar que en los últimos años recibió cerca de diez millones de dólares en cooperación, no trabaja con el enfoque de cuenca que requiere el manejo de las aguas pluviales, para evitar las inundaciones en la capital.

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