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La relación entre Colombia y Nicaragua tuvo un giro inesperado el viernes pasado. Casi dramático, de un día para otro. El canciller Álvaro Leyva habló por primera vez sobre la ausencia de su país en una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se llevó a cabo el 12 de agosto, y donde se condenó al régimen de Daniel Ortega por la persecución a la Iglesia católica y la situación de los presos políticos.
Leiva dijo en declaraciones al medio colombiano W Radio, que la ausencia de Colombia en el foro regional fue “por razones humanitarias”, pero que aún no han rendido frutos. Confirmó que Colombia abogó por la liberación de 21 opositores presos, como parte de esa gestión humanitaria, incluido el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, quien cumple este lunes 25 días de estar retenido policialmente donde sus familiares en Managua.
Sin embargo, el régimen nicaragüense no ha hecho declaraciones para confirmar dichas gestiones humanitarias, ni ha reaccionado a las declaraciones del canciller colombiano. En ese contexto, ¿por qué fracasó Colombia en su intento por liberar a los presos políticos?, ¿qué debe entender la comunidad internacional con este fiasco diplomático colombiano?
Analistas políticos y expertos en relaciones internacionales, consultados por LA PRENSA consideran que una de las claves del fracaso de Colombia en su gestión por la liberación de los presos políticos en Nicaragua se dio por una «pésima lectura» de la cancillería colombiana y porque el gobierno de Gustavo Petro dimensionó sus posibilidades con el régimen orteguista.
«Es decir, pensaron que podían tener una ascendiente sobre Nicaragua, sobre el régimen de Ortega y Murillo, por la relación pasada, años atrás en los ochenta entre Gustavo Petro y líderes sandinistas, incluido Daniel Ortega, y creo que pensaron que los ochenta son igual que esta década y creo que fue un error de cálculo muy severo», opinó el analista internacional Carlos Cascante Segura, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).

A lectura del experto en derecho internacional, temas de integración y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), Carlos Murillo Zamora, «Petro y el canciller pensaron que el régimen Ortega-Murillo es de izquierda y que aceptaría una propuesta de un gobierno de izquierda como el de Petro. No entienden que en Nicaragua hay una dictadura, que ve cualquier apertura o ceder en algo como darle un espacio al proyecto estadounidense de derrocar al régimen, según lo piensa Daniel y Rosario».
Disputa marítima
Otro punto al que apuntan los expertos es que Colombia quiso trabajar bilateralmente con Nicaragua para intentar manejar a su favor las disputas marítimas que Bogotá sostiene con Managua en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
«Segundo elemento, creo que ellos (el régimen) pensaron también que eso (el acercamiento) podría favorecer los intereses de Colombia en el manejo de la ejecución del fallo de La Haya y que eso podría meterse en un paquete de negociación, y está claro que para el gobierno de Ortega y Murillo no solo tiene un fin geopolítico, también tiene un fin simbólico y creo que entendieron que apoyar o brindarle a Colombia unas concesiones en la ejecución del fallo podría debilitarlos internamente», argumentó Cascante.
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Por su parte Murillo Zamora añadió que Bogotá también continúa con la lectura equivocada sobre el diferendo territorial. «No ha entendido que en esa materia Managua no va a ceder en nada, y demanda Colombia acepte en todos los extremos la sentencia de La Haya», sostuvo.
Evidente falta de voluntad del régimen
Para un exdiplomático nicaragüense que solicitó el anonimato, las gestiones humanitarias para liberar a los reos políticos eran independientes de las relacionadas con las sentencias de La Haya. «De manera que el fracaso de la gestión humanitaria se debió única y exclusivamente a la falta de voluntad de Ortega», expresó.
A la vez agregó que «con este fracaso se ha perdido otra oportunidad de revertir el cada vez más peligroso curso de los acontecimientos e iniciar un esfuerzo genuino por una solución política a la crisis del país».
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El politólogo y analista del Diálogo Interamericano en Washington, Manuel Orozco, coincide también en que «había buena intención de Leyva de sacar a los presos como gesto humanitario. Enviaron mensajero, pero el Gobierno de Nicaragua ignoró el contacto, de la misma manera que ha ignorado al resto de esfuerzos».
Orozco añadió que «Colombia deplora las violaciones de derechos humanos en Nicaragua y se suma al esfuerzo internacional por un cambio. Ortega está ‘talibanizando’ Nicaragua y por eso ha cortado todo vínculo internacional».
Mensaje a la comunidad internacional: «A Ortega no interesa ceder»
A lectura de Murillo, el revés de Colombia envía dos mensajes a la comunidad internacional. El primero que «el régimen Ortega-Murillo no acepta nada que implique ceder en algo; no importa si es Petro, (Nicolás) Maduro o (Miguel) Díaz Canel que lo soliciten. El régimen se siente totalmente empoderado y no le interesa ceder en algo».
Y segundo, «que el ímpetu que intenta mostrar Petro al inicio de su gestión parece mal orientado, pues no solo falló con esto de Managua, sino con la declaración que hizo respecto al referéndum en Chile. Pareciera que Petro sigue viviendo en el siglo pasado y que pretende asumir un liderazgo regional que no tiene. E insisto, desde hace buen rato la cancillería colombiana viene haciendo malas lecturas de la realidad regional», señaló Murillo.
El exdiplomático nicaragüense expresó que la comunidad internacional no puede más que resentir este rechazo del régimen. «Se queda en una situación donde parece haberse agotado toda gestión político-diplomática y seguramente este hecho tendrá repercusión en los próximos debates en el Consejo de Derechos Humanos en las Naciones Unidas en Ginebra y en la próxima Asamblea General de la OEA».
Al respecto, Leyva anunció en la entrevista que apoyarán una resolución de condena al régimen de Ortega, en Ginebra.
«Las expresiones del canciller colombiano fueron duras. Ortega reaccionó de manera violenta contra el presidente (Alberto) Fernández por el apoyo argentino a la última resolución aprobada por el Consejo Permanente de la OEA. De manera que alguna reacción habrá en la misma tonalidad», avizora el exdiplomático.
Ortega presiona por reconocimiento internacional hasta 2026
El analista político, Óscar René Vargas, desde el exilio concluye que «el objetivo de mediano plazo de Ortega es obtener el reconocimiento de su permanencia en el poder hasta el 2026 de parte de la comunidad internacional. En esa lógica uno de los instrumentos para alcanzar ese beneplácito son los presos políticos como carta de negociación con la comunidad internacional».
«Sabiendo que actualmente no goza del reconocimiento de la mayoría de los países de América Latina, de Norteamérica y de la Unión Europea, aunque esos países mantengan relaciones diplomáticas formales con el régimen, su aislamiento es un hecho real. Dentro de esa lógica, Ortega no va a conceder la liberación de los presos políticos sino es a cambio de que le reconozcan su elección de noviembre de 2021 como legítima. Mientras eso no suceda no va a hacer ninguna concesión», añadió Vargas.
Por lo tanto, el analista apuntó a que la estrategia de Ortega inmediata tiene dos vertientes: 1) a nivel nacional, «impedir cualquier veleidad de protesta y por lo tanto aplica la táctica de la represión ‘tous azimuts’ (ataque por todos los frentes), ya sea periodistas, sacerdotes, ONG, medios de comunicación, etcétera» y 2) a nivel internacional, «mantener el ‘status quo’, lo que implica no ceder nada solamente si logra su reconocimiento/legitimidad como gobernante hasta el 2026».
Relaciones diplomáticas
El alto funcionario colombiano sostuvo que su país condena la violación de los derechos humanos, y que de ninguna manera están con Ortega. Y agregó que por lo pronto parece que las relaciones con Nicaragua «están suspendidas».
Según el medio colombiano El Tiempo se conoció que Nicaragua estaría considerando retirar el beneplácito al designado embajador de Colombia, León Fredy Muñoz, tras las declaraciones de Leyva.
No obstante, el diario aseguró que habló con Muñoz, quien había expresado que el gobierno de Ortega «no se ha pronunciado en absolutamente nada» y que la relación con ellos «está bien tranquila».

El embajador designado confirmó a El Tiempo que el beneplácito ya se envió, el decreto de su designación está firmado y que le hace falta realizar un curso que es requerido dentro del proceso de nombramiento. Según dijo Muñoz, tiene planeado dirigirse a Nicaragua el próximo viernes 17 de septiembre para entregar las cartas credenciales.
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El exdiplomático nicaragüense dice que «es posible un retiro del beneplácito del nuevo embajador colombiano como ya hizo con el nuevo embajador de EE. UU.» y explicó que «el beneplácito lo pueden retirar en cualquier momento, como ya lo han hecho en otros casos, aún después de presentadas las cartas credenciales».
Aunque para Cascante, «no hay evidencia que así lo demuestre, más bien la reacción adversa puede venir de Colombia, de retirar el embajador, pero no me parece que sea la línea que quiera tomar el gobierno colombiano».
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