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Cardenal Miguel Obando, Daniel Ortega

El cardenal Miguel Obando y Bravo en sus tiempos de aliado político de Daniel Ortega. LAPRENSA/Archivo

El largo historial de atropellos de Ortega contra la Iglesia católica. Analista: “Es ateo y ha dicho ser cristiano simplemente por conveniencia”

Los sandinistas, liderados por Ortega, ya se atrevieron una vez a expulsar a un obispo en julio de 1986, algo que los críticos no dudan que se podría repetir.

Daniel Ortega tuvo una época de breve cercanía con la Iglesia católica. Tras limar asperezas con el cardenal Miguel Obando y Bravo, este se convirtió en uno de sus principales aliados hasta la muerte del purpurado, en junio de 2018. Sin embargo, en general la relación entre Ortega y la Iglesia católica ha sido tensa, confrontativa y violenta desde que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se tomó el poder por las armas a finales de los años setenta.

Las agresiones contra sacerdotes, los ataques a templos católicos, la expulsión de religiosos, la utilización de mujeres para demostrar que los sacerdotes tienen las debilidades de los hombres, son prácticas que los sandinistas también usaron en los años ochenta para combatir la crítica de los pastores.

Las diferencias tomaron relevancia con la práctica de la llamada “iglesia popular”, que los sandinistas apoyaban y que para la Iglesia católica era una afrenta a su doctrina. La “iglesia popular” –o los llamados “cristianos marxistas”–, era una corriente político-religiosa, basada en la llamada teología de la liberación, que se inclinaba más por servir a los pobres y desfavorecidos. Bajo esa doctrina, simpatizantes del sandinismo cometieron actos de violencia contra la Iglesia católica en los años ochenta.

Rafael Valdez, Nicaragua, Silvio Baez
El Diario LA PRENSA tiene registro de la agresión a los feligreses de la iglesia católica San Pablo Apóstol, de parte de turbas sandinistas lideradas por Rafael Valdez, hace 25 años, cuando representaba a la “ iglesia popular”. LA PRENSA/REPRODUCCIÓN/ARCHIVO

Rafael Valdez Rodríguez fue uno de los personajes más destacados de la “iglesia popular” hace 40 años, aunque sobresalió más por dirigir las agresiones contra sacerdotes y feligreses.

En estos nuevos tiempos de represión sandinista contra la Iglesia católica, Valdez también apoyó al régimen orteguista hasta los últimos días de su vida. Falleció en julio de 2020, ocho meses después de dirigir una turba furiosa que agredió a un sacerdote en el interior de la catedral de Managua, en el contexto de ataques contra las iglesias que daban refugio a ciudadanos que protestaban contra Ortega.

Valdez también fue quien acusó de golpista al obispo axiliar Silvio José Báez y pidió al Vaticano su retiro del país en octubre de 2018, en el contexto de la represión armada contra las protestas civiles.

Rafael Valdez, coordinador de la Comunidad Eclesial de Base San Pablo Apóstol y reconocido simpatizante del FSLN. LA PRENSA/TOMADA DE EL 19
Rafael Valdez, coordinador de la Comunidad Eclesial de Base San Pablo Apóstol y reconocido simpatizante del FSLN. LA PRENSA/TOMADA DE EL 19

La expulsión del obispo Vega

Otro de los hechos más recordados en la historia de los ataques sandinistas contra la Iglesia, fue la expulsión del obispo de Juigalpa, monseñor Pablo Antonio Vega de Nicaragua.

En 1986 monseñor Vega denunció, a nivel nacional e internacional, los crímenes del gobierno sandinista y el hostigamiento a sacerdotes y campesinos de la zona norte del país. El obispo incluso fue hasta Washington a exponer la situación de Nicaragua ante el Departamento de Estado de Estados Unidos, entre lo que contó que los militantes sandinistas interrumpían las clases de catecismo en las zonas rurales o se burlaban y contradecían a los catequistas.

A su regreso a Nicaragua, el 4 de julio de 1986, Vega fue detenido y montado en un helicóptero y lo dejaron tirado en medio de la nada, en una montaña ubicada en la frontera con Honduras, donde unos miembros de la contrarrevolución lo encontraron y lo salvaron de morir. Regresó al país en los años noventa, falleció en noviembre de 2007.

El régimen sandinista, encabezado por Ortega también en ese época, acusó a Vega de “actitud antipatriótica y criminal” por justificar una eventual intervención norteamericana.

Algunos críticos creen que la experiencia de monseñor Vega se podría repetir con el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, actualmente retenido bajo condición de casa por cárcel en la Curia Episcopal de Matagalpa.

Al igual que Vega en el pasado, monseñor Álvarez es una de las voces críticas que aún se mantiene en Nicaragua, pese a las amenazas y represión orteguista. Otros sacerdotes y obispos han tenido que salir del país o quedarse callados.

El obispo Rolando Álvarez se arrodilló en la calle tras salir de la sede episcopal de Matagalpa, que tiene tres días de estar rodeada por policías, tras el cierre de medios de comunicación de esa Diócesis.

En marzo de 1983, el papa Juan Pablo II arribó a Nicaragua en medio del contexto de guerra civil entre los sandinistas y la llamada “contrarrevolución”. Los sandinistas, encabezados por Ortega, utilizaron la agitación política para sabotear el discurso del papa. Mientras el líder mundial de la Iglesia católica intentaba hablar, los sandinistas gritaban “queremos la paz”.

Primera visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua en 1983. El Papa con Daniel Ortega presidente de la República y Sergio Ramírez, vicepresidente del país. Foto LA PRENSA/Archivo

Diferencias ideológicas

El sociólogo y disidente del FSLN, Oscar René Vargas, valoró que las verdaderas diferencias entre el sandinismo y la Iglesia, en el contexto de los años ochenta, tenían que ver con lineamiento ideológicos contrarios.

Vargas relató que en esos años, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), presidida por el entonces obispo Miguel Obando y Bravo, adoptó la política de Estados Unidos hacia Nicaragua de considerar a la guerrilla sandinista un peligro para la expansión comunista. Esta posición de la CEN además tenía el visto bueno del papa polaco Juan Pablo II.

“La hegemonía de Obando en la CEN hacía que los otros obispos no tuvieran una posición independiente, sometiéndose a la línea de Obando que contaba con el visto bueno del papa Juan Pablo II, que a su vez había adoptado la estrategia de (presidente de Estados Unidos, Ronald) Reagan en contra del comunismo”, manifestó Vargas.

El sociólogo Vargas aseguró que el papa Juan Pablo II hizo cardenal a Obando para darle mayor peso político al interior de la CEN. Su proclamación cardenalicia fue el 25 de mayo de 1985.

“Obando se transformó en el abanderado de la lucha en contra del sandinismo y contra la corriente de la teología de la liberación, señalada de aliada del sandinismo de los años ochenta”, explicó el sociólogo.

Cuando Ortega bajó del poder en los años noventa, los ataques a la Iglesia católica continuaron. En 1995 hubo en diferentes parroquias de Managua, Masaya y León más de una docena de ataques con tacos de dinamita. Estos reiterados ataques terroristas alarmaron a las autoridades eclesiales, ya que al siguiente año estaba programada la segunda visita del papa Juan Pablo II.

La parábola de la víbora

Las diferencias entre Ortega y la Iglesia católica fueron tan extremas, que el cardenal Obando orientó a la ciudadanía a no votar por Ortega en las votaciones presidenciales de 1996. El 17 de octubre de ese año, Obando pronunció en su homilía la leyenda de una víbora que mordió la mano de quien le dio de comer, lo que para muchos fue un mensaje directo a Ortega, que era candidato presidencial del FSLN. El cardenal expresó ese mensaje en una celebración religiosa en la que participó el también candidato presidencial Arnoldo Alemán, quien fue el que ganó esos comicios (1997-2002).

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Años más tarde, Ortega y Obando se reconciliaron tras revelarse un caso de corrupción y evasión de impuestos de la Comisión de Promoción Social Arquidiocesana (Coprosa), una organización sin fines de lucro ligada a la Igelsia católica y que dirigía el protegido de Obando y Bravo, Roberto Rivas Reyes. Bajo la protección del cardenal Obando, Rivas llegaría a convertirse en el poderoso presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), quien miraría para otro lado ante las denuncias de fraudes electorales que favorecieron a Ortega y lo mantienen en el poder hasta el día de hoy.

La confianza y cercanía entre Obando y Ortega creció tanto, que el cardenal unió en matrimonio a Ortega y su actual esposa y cogobernante, Rosario Murillo, el 3 de septiembre de 2005, en un evento ampliamente mediático.

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Cuando Ortega regresó al poder en 2007, le pidió perdón públicamente al cardenal Obando por los “errores del pasado” y lo puso a cargo de la llamada Comisión de Paz y Reconciliación, la cual no dio muchos frutos. Obando y Bravo falleció el 3 de junio de 2018, en medio del contexto de represión armada ordenada por Ortega y su esposa, Rosario Murillo, contra las protestas civiles. Murió siendo aliado de Ortega, aunque sus apariciones en público se habían reducido.

La pareja presidencial, Daniel Ortega y Rosario Murillo, junto al cardenal Miguel Obando y Bravo. Foto de El 19 Digital

El sociólogo Vargas señaló que detrás de esta alianza Obando-Ortega había chantaje y corrupción. “El inicio del idilio entre Obando y Bravo y Ortega nace de las pruebas de corrupción en Coprosa”, aseveró Vargas.

“Ortega es ateo”

El analista político Eliseo Núñez Morales manifestó que en los últimos tiempos la relación con la Iglesia ha sido más difícil que antes, porque “Ortega pareciera que quiere tener su propia religión, distinto a los ochenta en que simplemente era la destrucción de la Iglesia por el ateísmo que ellos profesaban”.

“Ortega es ateo y ha dicho ser cristiano simplemente por conveniencia y eso también es igual para su esposa y sus hijos, es decir, ellos no tienen ningún aprecio por la espiritualidad ni se encomiendan a Dios ni nada por el estilo, porque simplemente creen en su propio poder y creen que la Iglesia es un estorbo, es un invento de las élites que ellos quieren destruir”, expresó el analista.

En el contexto actual, los ataques contra la Iglesia católica y sus líderes iniciaron con mayor intensidad en 2018, tras denunciar la represión armada contra las protestas civiles que demandan un cambio de Gobierno en Nicaragua.

En ese contexto, Ortega y su esposa Murillo en reiteradas ocasiones han descalificado a los sacerdotes llamándolos “terroristas” y “demonios”.

Amenaza de cárcel contra sacerdotes de la Iglesia católica es oficial

El 4 de mayo pasado, la Asamblea Nacional, bajo el control del régimen Ortega-Murillo, aprobó un informe que propone enjuiciar a sacerdotes a propuesta de un grupo de sandinistas consultados por la Comisión de Justicia del Legislativo. Los consultados declararon que los sacerdotes cometieron delitos “con saña y odio hacia la militancia sandinista y personas relacionadas con el GRUN (Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional)”.

Además del obispo Álvarez que tiene una condición de casa por cárcel, existen dos sacerdotes presos bajo acusaciones de delitos que no han sido demostrados de forma fehaciente y que han sido sometidos a juicios sin el debido proceso de ley.

Particularmente el padre Manuel Salvador García fue acusado y condenado por amenazar a fanáticos sandinistas y por golpear a una mujer con la que, según los medios oficialistas, mantenía una relación sentimental, algo que recuerda el caso del sacerdote Bismarck Carballo.

Lea además: A monseñor Bismarck Carballo la seguridad sandinista lo desnudó a punta de pistola

El 12 de agosto de 1982, el padre Carballo fue sacado desnudo de la casa de Maritza Castillo por un sujeto identificado como Alberto Téllez Medrano; al sacerdote lo golpearon y lo metieron preso. El cardenal Miguel Obando y Bravo dijo que todo fue un “complot” contra la Iglesia.

Política Daniel Ortega Iglesia Católica Nicaragua archivo
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