Como si estuviéramos en primaria, descubra el error en el siguiente párrafo, repetido mil veces estos últimos días: “No hay que temerle a la reelección. Dejemos que sea el pueblo quien decida con su voto si quiere premiar o castigar a un presidente, reeligiéndolo o negándole esa posibilidad con su voto”. ¿Ya? ¡Exacto! ¿Cómo va a elegir ese pueblo quién se queda y quién se va si desde hace varios años el Consejo Supremo Electoral ya ni cuenta los votos?
Fabián Medina
En Letra Pequeña
¿Cómo se caza un ratón? Bueno, la forma más común es ofrecerle un cebo que lo lleve a la trampa. El cebo, lógicamente, tiene que atraer el interés de la presa para que llegue hasta donde se quiere. Por ejemplo, el queso. Al principio, el ratón comerá agradecido y hasta pensará en qué buen hombre es este que hasta queso de su preferido le deja para que se alimente. “Si fuera candidato a presidente, yo votaría por él”, podría pensar el ratón, si fuese eso posible. El secreto es ese, hacer que la presa se confíe tanto, que ni siquiera vea venir el muelle que se soltará con violencia y caerá sobre él, rompiéndole el cuello y las costillas, sin que ya pueda hacer nada para liberarse.
En Letra Pequeña
Una vez aprobadas estas reformas constitucionales, tal cual han sido planteadas, no habrá forma en este mundo que Daniel Ortega deje la Presidencia por las buenas. La estructura de gobierno queda montada para que solo existan dos posibilidades para que desaloje la Presidencia: muerto o derrocado. Como un rey. Un rey de aquellos tiempos. Absolutista. Dictador. Imagínense lo mal que estamos. La República ha muerto ¡Qué viva el rey!
En Letra Pequeña
Resulta difícil entender cómo se enredó tanto el uso de tarjetas electrónicas en el transporte colectivo. Todo debió ser algo muy sencillo. En primer lugar, creo que nadie está en contra del uso de pago electrónico. Al contrario, es una buena idea en el proceso de modernización del transporte. Lo malo está en quererlo imponer como única forma de pago, sin que se tengan las condiciones para ello. Debió, como digo, ser un proceso sencillo, donde se ofreciera a los usuarios la posibilidad (no la obligación) de pagar con tarjeta, y si el interés era lograr tener el mayor número de usuarios electrónicos en el menor tiempo posible, pues se debieron ofrecer ventajas tales como rebajas, bonos o premios, para los que comiencen a usar la nueva tecnología, como hace cualquier empresa en cualquier parte del mundo. Pero no, aquí a algún genio se le ocurrió que se ahorraría tiempo y dinero si se hacía a la fuerza, metiéndolo como purgante, y ahí están los resultados.
En Letra Pequeña
Todo campesino sabe que una yegua puede parir un caballo u otra yegua si se cruza con caballo, o una mula o un macho si se cruza con un burro. Nunca podrá salir de la yegua una vaca o un toro, por más cachos que se le quieran poner a la cría. Traigo este ejemplo a colación, a lo mejor tan obvio, porque aquí en Nicaragua se está pretendiendo que reformas constitucionales legalicen el modelo personal-familiar-autoritario-capitalista que Daniel Ortega construyó ilegalmente. O sea, se espera que una yegua para una vaca.
En Letra Pequeña
Si la Policía y el Ejército están tan ganosos, como dicen estarlo, de combatir grupos delincuenciales, pues deberían comenzar a buscarlos por aquí, cerquita, en lo limpito. Abundan. Y, en teoría, son fáciles de atrapar y enjuiciar porque sus delitos son, digamos, descarados. Grupos delincuenciales son aquellos encapuchados que se bajaron de camiones de la Alcaldía de Managua la madrugada del 22 de junio pasado a golpear a jóvenes y ancianos, destruir y robar. Grupos delincuenciales son aquellos que el viernes pasado llegaron en motos, sin quitarse los cascos para ocultar sus rostros, y agredieron a los ciudadanos que pacíficamente protestaban contra los abusos de MPeso. Y si de verdad la Policía y el Ejército se pusieron ahora como correctos en esto de castigar delitos, pues atrapen también a los cómplices, aquellos que los entrenan, a quienes los avituallan, y sobre todo a quienes ordenan sus tropelías. Y no se olviden de los policías corruptos que colaboraron en la comisión de estos delitos, ya sea haciéndose de la vista gorda o, incluso, dándole una ayudadita a los delincuentes en sus fechorías. ¿O no es de estos grupos delincuenciales que hablan?
En Letra Pequeña
Las reformas que se anuncian al seguro social se pueden resumir en una frase: paguen más para recibir menos. ¡Ve que lindo! De las llamadas “siete medidas administrativas” que anunció el Gobierno, cinco son solo para hacer bulto y son dos las que realmente le interesan: aumentar la cotización y disminuir las pensiones. Esa es la fórmula mágica que encontraron estos inteligentes señores para salvar la Seguridad Social. ¿Salvarla de qué?, o más importante aún, ¿salvarla por qué?
En Letra Pequeña
No sé cuántos machetes se habrán vendido a finales del 2008, pero deben haber sido muchos, pues vimos a centenares de pandilleros armados de machetes nuevos, morteros y garrotes reprimiendo el descontento que se generó después del descarado fraude electoral de ese año. Más de algún ferretero habrá hecho buen negocio, y contando los billetes habrá dicho: “Ve, qué bien va la economía de este país”, talvez en el momento que los machetes que vendió acorralaban y negaban el derecho a los que quisieron protestar pacíficamente cerca del hotel Princess o cuando uno de esos machetes persiguió, hirió y negó con ello el derecho a informar que tenía el periodista Iván Olivares, cuando se acercaba a ese mismo lugar.
En Letra Pequeña
Cuando anduve en el servicio militar, teníamos un teniente que buscaba cualquier pretexto para tirarse su media de guaro. “Ve, qué ricos están esos manguitos”, decía cuando pasaba por algún caserío. “Pero lucen con una media”, remataba. Y ¡plas! se mandaba a comprar una. Igual decía de los jocotitos, los chicharroncitos, la sopa y hasta de la tortilla con queso cuando se encontraba. Todos sabíamos que el antojo real era el licor y no los pretextos que ponía para tomárselo. El colmo del descaro sucedió una vez que fue a comprarse unos chicharroncitos porque estaba antojado. “Pero ve, traeme una media, porque así es que lucen”. Y cuando el mandadero le dijo que ya se habían acabado los chicharrones, le dijo: “Bueno, pero traeme la media de todos modos”. Y se lanzaba su media, haciéndose el inconforme, cuando todos sabíamos que era el guaro el que le importaba.
En Letra Pequeña
Lo del presidente colombiano Juan Manuel Santos podemos tomarlo como una bravuconada de matón de barrio o como la peligrosa señal de un escalamiento al conflicto, que sabemos cómo comenzó, pero que no sabemos cómo puede terminar. Yo más bien me inclino por lo primero. Patadas de ahogado. Es el matón acorralado por la ley, y que solo le queda fanfarronear: —¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer, jodido!—. Claro, siempre existe el riesgo de que en una de esas bravuconadas se le pueda ir un tiro y sin que haya sido su intención armar la de San Quintín.