Una bebé de familia pobre, pobrísima, nace en un hospital público y para su desgracia adquiere ahí una bacteria peligrosa. De emergencia, la trasladan a otro hospital público especializado en niños y, por la maldita desgracia, no hay medicamentos para su mal. Tampoco —otra vez la desgracia— hay fondos para comprarlos de emergencia y salvarle la vida. En un gesto desesperado, los trabajadores intentan con sus flacos salarios recoger los dos mil córdobas para el medicamento que podría salvarla. ¡Dos mil córdobas por una vida! Muy tarde. La desgracia nuevamente. O le amputan la mano para salvarle la vida o se muere. Le cortan su manita. No nos equivoquemos. No fue el destino quien se ensañó con esta niña, sino un sistema despiadado, más preocupado por pregonar buena salud en los informes y afiches que por darla en las salas de los ruinosos hospitales de anaqueles vacíos.
Fabián Medina
En Letra Pequeña
Una de cal. A mi criterio el Gobierno manejó bien la crisis del terremoto y sus sucesivas réplicas, porque en estos casos es mejor pecar por exceso que por defecto. Nadie se muere porque se exagere en las precauciones, pero sí puede morir gente porque falten esas precauciones. Sin embargo, y aquí viene la de arena, este mismo Gobierno sucumbió a la tentación de aprovechar políticamente la destrucción y la amenaza. Si la intención era salir con imagen positiva, bastaba dejar que las acciones hablaran por sí solas y no estar machacando con el sambenito de “en nombre del comandante Daniel y la compañera Rosario Murillo” que solo busca instalar en la mente de los nicaragüenses que todo lo que vive y respira en este país es por la graciosa voluntad de este par de “deidades”.
En Letra Pequeña
¡Ay esos noviazgos! Dos historias. En una, él regala chocolates, ella sonríe. (En la otra, ellos le regalan buses y harina, y él sonríe coqueto). Él se le declara, ella le pide que la visite en casa. (Él pide que lo visiten en casa como a toda novia decente, y ellos llegan al país en aviones superbombarderos y un acorazado de su flota naval). Él le pide la prueba de amor, ella se acuesta con él. (Ellos le piden la prueba de amor, y él deja que instalen sus bases militares en el país). Él la golpea porque la considera “suya”, ella lo denuncia. (Ellos se consideran dueños del país, y él es derrocado, destituido o cambiado por entreguista.) Ella pide separarse, él la mata porque es “mía o de nadie”. (El país pide su expulsión y soberanía, y ellos lo invaden porque tienen “que defender sus intereses nacionales”.) ¡Ay estos noviazgos con abusadores!
En Letra Pequeña
Para dejarlo bien claro: yo no puedo alegrarme por los muertos, la destrucción y el sufrimiento en Venezuela, como dicen algunos que critican la solidaridad que se pueda sentir con la lucha del pueblo venezolano. Es un asunto de perspectivas. Yo lo veo como cuando hay un cáncer. Nadie se puede alegrar por la operación que sufrirá alguien para que le extirpen un tumor. Es dolorosa. Y nunca se sabe cómo terminará. Puede sanar, quedar peor o morir el paciente. Incluso, posiblemente haya que sacrificar algún tejido sano. O algún órgano. Pero es necesaria. Claro, el tumor la ve desde otra perspectiva y según su propio concepto de democracia y respeto a su derecho soberano, debería dejárselo crecer en paz sobre el cuerpo que está matando.
En Letra Pequeña
En nombre de los cerca de seiscientos muertos que cada año dejan en Nicaragua los accidentes de tránsito, el Gobierno, las alcaldías, la Policía y las aseguradoras, entre otros, se dieron un festín con las reformas a la Ley de Tránsito. Se pusieron en evidencia. Mostrándose interesados en detener esta matanza, que según las estadísticas, se ha convertido en la primera causa de muerte en el país, hicieron esta reforma que lejos de buscar una solución a la tragedia parece destinada a sacarles de la bolsa la mayor cantidad de dinero a los ciudadanos. Para graficar con un ejemplo lo que pasó, es como que se esté quemando su casa, y quienes supuestamente llegan a socorrerlo se dediquen al saqueo en nombre, claro está, de la solidaridad entre vecinos. Y hasta debe darles las gracias, según ellos.
En Letra Pequeña
Mientras en España e Inglaterra se cuestiona la utilidad y el costo de sus familias reales, aquí en Nicaragua ni siquiera nos preguntamos cuánto nos está costando y, por el contrario, estamos dejando que se instale tranquilamente. Es un asunto de perspectivas. Esos países vienen mientras nosotros vamos. Los reyes eran los dueños absolutos de todo, como si de una hacienda se tratase, y ahora cada vez tienen menos poder, al punto de quedar como figuras decorativas, y hasta están obligados a declarar sus gastos. Por eso se sabe cuánto cuestan y para qué sirven. Aquí en Nicaragua es al revés, vamos a una especie de monarquía donde, como hace mil años en Europa, creemos que ellos son dueños de vida y hacienda, y sus gastos salen de su propia y legítima riqueza, olvidando que hasta hace unos años esta familia tenía…. nada.
En Letra Pequeña
Durante siete años Daniel Ortega ha disfrutado de un relativo periodo de vacas gordas. Cuando cien años más tarde se analice sin apasionamientos este capítulo de la historia, se verá que, a su manera, jugó bien y con suerte. Durante 15 años creó el andamiaje que lo llevaría al poder y cuando lo logró, se encontró con la billetera llena por el dinero venezolano, una estabilidad económica que no tuvo ninguno de los gobiernos anteriores, más buenas cosechas y buenos precios de nuestros productos en el mercado internacional. Eso le permitió gobernar con ese estilo populista, donde por un lado va armando sus propios negocios y por el otro repartiendo prebendas para ganar voluntades. Y yo sí creo que hay mucha gente, tal vez hasta mayoría, que se siente cómoda en este gobierno “que regala cosas”, aunque quite otras que al parecer les importan menos.
En Letra Pequeña
El otro día escuché en una radio local una canción que es toda una apología a la violencia contra la mujer: “Si tu mujer te pone pereque, dale duro pa que respete! y si acaso te forma líos, dale que tú eres su marido. Dale, dale con ese juete, dale duro pa que respete, dale pa que no sea grosera, dale duro pa que le duela ” La canción hasta recomendaba los lugares más convenientes para golpear “En el pecho no, dale duro por la espalda” Los locutores de la radio celebraban a carcajadas cada estrofa de la canción, porque está viva esa cultura, primitiva-machista donde este tipo de expresiones se encuentran, cuando menos, chistosas.
En Letra Pequeña
Así como en Peio, Italia, el deshielo expuso los restos momificados de soldados caídos durante la Primera Guerra Mundial, en Nicaragua, un decreto de Ortega sacó del armario varios esqueletos que tienen guardada nuestra seguridad social. Veamos. La seguridad social ha entrado en crisis, se dijo, porque los nicaragüenses estamos viviendo más de lo calculado originalmente. En otras palabras, lo que quiere el sistema es que tengamos la cortesía de morirnos antes de cumplir 60 años, para así no gastar en las pensiones por las que cotizamos durante varias décadas. Y aquí viene la primera paradoja: el sistema se compromete a cuidar nuestra salud, pero no le conviene que tengamos “tanta buena salud” como para vivir muchos años recibiendo pensiones, porque, dicen, entra en crisis.
En Letra Pequeña
“El país pasa a ser una monarquía, me designo rey y destruiré la luna porque no me gusta”, anuncia con desparpajo el dictador. “¡Un momento! Negociemos. El país no puede pasar a ser una monarquía con rey y todo, sería un retroceso, y mucho menos estamos de acuerdo con que se destruya la luna. Es una locura”, reclama el líder de los empresarios. “Ok. Negociemos”, cede el dictador. Horas más tarde el líder de los empresarios llama a una conferencia de prensa para anunciar alegremente: “¡Hemos salvado a la luna!”