Tumor
Para dejarlo bien claro: yo no puedo alegrarme por los muertos, la destrucción y el sufrimiento en Venezuela, como dicen algunos que critican la solidaridad que se pueda sentir con la lucha del pueblo venezolano. Es un asunto de perspectivas. Yo lo veo como cuando hay un cáncer. Nadie se puede alegrar por la operación que sufrirá alguien para que le extirpen un tumor. Es dolorosa. Y nunca se sabe cómo terminará. Puede sanar, quedar peor o morir el paciente. Incluso, posiblemente haya que sacrificar algún tejido sano. O algún órgano. Pero es necesaria. Claro, el tumor la ve desde otra perspectiva y según su propio concepto de democracia y respeto a su derecho soberano, debería dejárselo crecer en paz sobre el cuerpo que está matando.
Dictaduras
Cuando digo tumor no me refiero a personas ni siquiera a grupos políticos de ningún signo. Estoy hablando más bien de esos quistes sociales que van apareciendo en un gobierno —fraudes, autoritarismo, censura, control totalitario, corrupción, partidarización de las instituciones, abusos de poder, reelección y otros— que cuando hacen metástasis derivan en lo que llamamos dictadura y vuelven inútiles los instrumentos que la democracia contempla para el castigo de los abusadores y el relevo pacífico en el poder, porque ya no quieren dejar el cuerpo del que tomaron posesión.
Hijos de papi
Cada vez son más notorios. Se les ve en discotecas, gimnasios, fiestas, eventos o centros comerciales. Se distinguen fácilmente porque ellos disfrutan el mostrarse. En México les dicen “los junior”, aquí son “hijos de papi”. Son una plaga. Tal vez lo más notorio son los policías que los custodian. ¿En qué momento la Policía comenzó a destinar tantos efectivos para cuidar a gente que ni siquiera se sabe quiénes son y qué peligros enfrentan? Y ahí andan patrullas y policías, cargando compras, cuidando chavalos borrachos o custodiando parejas de novios como si no tuvieran otra misión más importante que hacer en este país.
Preguntas
Uno entiende la escolta al presidente y posiblemente la de algunos muy pocos funcionarios, por el trabajo de peligro que realizan. Pero aquí no solo Ortega tiene una escolta exagerada, sino también funcionarios medio pelo, hijos de papi y extranjeros que no se sabe qué pito tocan y por qué necesitan protección policial. La Policía debería explicar por qué destina tantos recursos y personal a la escolta personal. ¿Qué es lo que sucede en Nicaragua ahora que se ve más policías cuidando gente del poder y menos en los barrios combatiendo a la delincuencia? ¿Por qué el Estado debe pagar por ello? ¿Por qué no pagan ellos sus propios guardas personales? ¿De quiénes o de qué los protegen?
Nada es gratis
Bien dice el dicho: Nada es gratis en la vida. Que vienen buses rusos Gratis. Que viene trigo ruso. Gratis. Que vienen carros ladas ¿Gratis? Sí. Que Daniel Ortega se haya quedado con lo regalado para venderlo a “precios bajos y cuotas suaves” no le quita lo gratis. Que vienen bases rusas ¿Gratis también? No, hombre, este es el pago. Nuevamente estamos como en los tiempos de Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro, cuando se pagaba con la soberanía patria los favores personales que les hacían a ciertos individuos. O sea, algunos se comieron la gallina y a nosotros nos toca pagar la cuenta.
Marullero
Se han fijado que el Consejo Supremo Electoral no solo es un perfecto marullero sino que también hace de todo para mostrarse como tal. Al principio no entendía esa deliberada intención de “no solo serlo sino también aparentarlo”. ¿Será pura maldad?, me preguntaba cuando no dejaban entrar a periodistas o fiscales de partidos opositores en actividades o recorridos tontos e inofensivos, cuando no les miraba ni disimular sus tropelías o cuando aparecía aquella sonrisa mefistofélica de Roberto Rivas al anunciar sus propios resultados “electorales”. Marrullería de poca monta. No comprendía esa obsesión por pavonearse como “el malo del barrio”, hasta que entendí que es parte del guion. El Consejo Supremo Electoral es un sistema armado para robarse las elecciones siempre que sea necesario, pero su escenario ideal es aquel en el que ya nadie vea las elecciones como una posibilidad de cambiar el gobierno, y por ello mismo ni tenga que hacer nada para robárselas porque su equipo gana “por forfait”.
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