CRÓNICA DE UNA DESGRACIA
Una bebé de familia pobre, pobrísima, nace en un hospital público y para su desgracia adquiere ahí una bacteria peligrosa. De emergencia, la trasladan a otro hospital público especializado en niños y, por la maldita desgracia, no hay medicamentos para su mal. Tampoco —otra vez la desgracia— hay fondos para comprarlos de emergencia y salvarle la vida. En un gesto desesperado, los trabajadores intentan con sus flacos salarios recoger los dos mil córdobas para el medicamento que podría salvarla. ¡Dos mil córdobas por una vida! Muy tarde. La desgracia nuevamente. O le amputan la mano para salvarle la vida o se muere. Le cortan su manita. No nos equivoquemos. No fue el destino quien se ensañó con esta niña, sino un sistema despiadado, más preocupado por pregonar buena salud en los informes y afiches que por darla en las salas de los ruinosos hospitales de anaqueles vacíos.
EFICIENCIA POLICIAL
Sin ánimo de exonerar a nadie de sus responsabilidades, tampoco creo que sea jalado de los pelos que la directora del Colegio Americano haya dicho que no entregó la información sobre el profesor pedófilo porque no confía en el comportamiento de la Policía de Nicaragua. Si fuese el caso de confiar, igual podríamos reclamarles a los jóvenes de #OcupaInss a quienes apalearon y robaron sus carros. También podríamos decir eso a las mujeres abusadas en las oficinas policiales de Nueva Guinea. Igual a Leonor Martínez, a quien le quebraron un brazo y la amenazaban con matarla cada día. Lo mismo al periodista Mario Sánchez vapuleado por una horda furiosa ante las cámaras de televisión Igual podríamos decir de todos ellos si no hubiesen puesto la denuncia correspondiente, pero el asunto es que ellos sí la pusieron y la Policía hizo Nada. En algunos casos ni siquiera quiso darse por enterada.
CUAREZMA
La historia recordará que cuando se vencieron los tiempos de sus cargos, y a los altos funcionarios les tocó decidir entre la dura calle con dignidad y la vergüenza con prebendas, solo uno de ellos se comportó a la altura de las circunstancias que exigía el juramento que una vez hicieron a la patria: el doctor Sergio Cuarezma. Es justo decirlo. Alguien podrá decir que apenas hizo lo que correspondía, y es cierto, pero en estos tiempos donde ya no se distingue al magistrado del delincuente, al funcionario del ladrón, que uno solo de ellos haya tenido la decencia de preferir la dura calle en vez de los 30 denarios, establece una diferencia ética que, al menos en términos históricos, hay que consignar.
PREMIOS Y CASTIGOS
Vivimos un mundo al revés. Se premia al malandrín y se castiga al honesto. Fíjense nomás: todos los que optaron por la vergüenza y las prebendas, fueron premiados con la reelección de sus cargos. Y ahí los vimos nuevamente, jurando lealtad a una patria que le aseguro no es la nuestra. Mientras tanto, el único que cumplió su juramento fue rechazado, excluido, bajo el explícito comentario: “Es muy difícil trabajar con él”.
TALCAZO
Otro ejemplo: el fiscal del talcazo. ¿Dónde se ha visto que un fiscal se coluda con el juez y la defensa para “hacerse los tontos” y convertir la cocaína que incrimina a un acusado en el talco que lo libera? Este es uno de los más extraños, vergonzosos y absurdos casos de la historia judicial nicaragüense. ¿Qué paso con este fiscal? ¿Fue sancionado? ¿Fue despedido? No. Todo indica que será ascendido a un cargo —inspector General de la Fiscalía— al que difícilmente habría llegado de no ser por el milagro de la cocaína que se convirtió en talco.
PAÍS EN VENTA
Nicaragua en un país en venta. O alquiler. Durante años, Nicaragua fue prácticamente la hacienda de Hugo Chávez, quien pagó generosamente, hay que reconocerlo, a quienes se la administraban. En la medida que Venezuela ya no podía pagar, comenzaron las negociaciones con China, un mafioso que prácticamente ofreció comprarlo todo, toneladas de dinero prometió. Pura fanfarronada. Apareció entonces otro comprador: Rusia. El que paga manda y aquí todo tiene un precio. Se apoyan ideologías por absurdas que sean, se vota por lo que usted quiera en la ONU, se ataca feroz a sus enemigos y se defiende al comprador en cualquier foro internacional, se deja instalar bases militares, refinerías y, si puede pagarlo, hasta puede descuartizar en canal al país. ¡Quién da más!
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A