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El rey
Una vez aprobadas estas reformas constitucionales, tal cual han sido planteadas, no habrá forma en este mundo que Daniel Ortega deje la Presidencia por las buenas. La estructura de gobierno queda montada para que solo existan dos posibilidades para que desaloje la Presidencia: muerto o derrocado. Como un rey. Un rey de aquellos tiempos. Absolutista. Dictador. Imagínense lo mal que estamos. La República ha muerto ¡Qué viva el rey!
Habilitado
En Venezuela hay escándalo e indignación porque Nicolás Maduro consiguió una ley habilitante que le permitirá gobernar como dictador durante un año, y aquí, en Nicaragua, Daniel Ortega impondrá una “habilitante” perpetua, y casi que lo vemos como un arrebato folclórico, un chiste, sin medir todo lo que se nos viene encima.
Película repetida
Lo que sucedió, primero con la Policía, y ahora con el Ejército, debería sonar las alarmas de todos. Sandinistas, liberales, conservadores, ricos y pobres. Una familia que controla el Ejército, la Policía, el Gobierno, y un partido ¿Se acuerdan? Somoza, Presidencia, Guardia Nacional, Partido Liberal ¿Les dice algo eso? Es que ya pasamos por ahí. Igualito. Es la vieja película que estamos volviendo a ver otra vez. Y pecaríamos de estúpidos si por ver la misma película, en otro momento y con diferentes actores, estemos esperanzados en que vaya a cambiarse el final.
Responsabilidad histórica
Ni la comisionada Aminta Granera, ni el general César Avilés, ni ninguno de los altos oficiales actuales de la Policía y el Ejército podrán evitar la responsabilidad de este momento histórico. El momento en que el que la patria que juraron defender dejó de tener sentido. El momento en que las prebendas pudieron más que los principios. Este momento en el que bastaba un puñado de hombres dignos que al parecer no los hubo en la Policía y el Ejército.
Capital mixto
En las reformas que Ortega quiere hacer al Código de Organización Militar se deja, como quien no quiere la cosa, que el Ejercito “protegerá” las instituciones públicas o “de capital mixto”. Es el descaro total. Déjenme explicar. Bajo el cuento de empresas de capital mixto se esconde una de las peores “ladronadas” que alguien puede hacer. Dicho así, “capital mixto”, pareciera buena cosa: dos socios que aportan recursos a un negocio, y en proporción a su esfuerzo y aportes, se reparten de manera equitativa las ganancias. Pues no. Cuando ahora se habla de “empresas de capital mixto” se refieren a empresas donde el Estado participa poniendo sus recursos y cubriendo los costos del negocio, y la otra parte —coincidentemente casi siempre la Familia— participa quedándose con las ganancias.
Al batazo
Voy a poner un ejemplo. Albanisa es una empresa de capital mixto. Petronic, empresa estatal, posee el 49 por ciento de las acciones de Albanisa y aporta al “negocio” toda su infraestructura de almacenamiento y distribución de petróleo y combustible. O sea, pone los recursos nuestros al servicio de un negocio. Sucede, sin embargo, que el año pasado, las ganancias reportadas por Petronic fueron de apenas treinta millones de córdobas, es decir, poco más de un millón de dólares. A nadie con más de tres dedos de frente se le ocurre que el negocio petrolero de Albanisa, que representa más de mil millones de dólares al año, va a dejar solo un par de millones de dólares de ganancia. A alguien le están dando vuelta aquí. ¿Adivinen a quién?
Futuro
¿Qué sociedad vamos a heredar a nuestros hijos? Por muy orteguista que sea alguien, es difícil creer que quiera un país donde solo pueda informarse a través de los medios “del poder ciudadano”, donde la Policía y el Ejército funcionen como una guardia pretoriana, al servicio de la Familia que gobierna con pretensiones de emperadores, donde no se permite pensar, ni criticar, ni decidir. Donde no se valoran las capacidades profesionales para los cargos, pero si la fidelidad perruna. Una donde todos somos vigilados, y nuestros derechos y libertades se subordinan a los supremos intereses de un grupo que se cree dueño de Nicaragua. ¿Eso realmente quiere alguien?
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