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Fórmula mágica
Las reformas que se anuncian al seguro social se pueden resumir en una frase: paguen más para recibir menos. ¡Ve que lindo! De las llamadas “siete medidas administrativas” que anunció el Gobierno, cinco son solo para hacer bulto y son dos las que realmente le interesan: aumentar la cotización y disminuir las pensiones. Esa es la fórmula mágica que encontraron estos inteligentes señores para salvar la Seguridad Social. ¿Salvarla de qué?, o más importante aún, ¿salvarla por qué?
Kupia kumi
El 28 de marzo de 1971, Anastasio Somoza Debayle y Fernando Agüero Rocha se reunieron en nada menos que la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío para firmar el acuerdo que luego sería bautizado como Kupia kumi. El nombrecito le vino porque, previo a la firma del pacto, se presentó una pieza cultural miskita llamada “Kupia kumi”, un solo corazón en miskito. No era este un pacto entre iguales. Era más bien la capitulación de una oposición maltrecha, donde un dictador fuerte le hacía un rinconcito en su regazo para tenerla bajo control, o lo que es lo mismo, un monigote por oposición. Las razones que dieron los pactistas han sido las mismas de siempre: aprovechar los espacios, arrancarle concesiones democráticas al dictador e incidir en el gobierno. Los resultados fueron los mismos de siempre: los espacios entregados son estrictamente para el aprovechamiento personal, las concesiones democráticas solo son aquellas encaminadas a legitimar al dictador y su dictadura, y la incidencia en el Gobierno es una simulación de participación que no decide nada.
Caja chica
El INSS ha sido consuetudinariamente usado como caja chica de todos los gobiernos que han pasado por él. Se ha derrochado irresponsablemente el dinero de los asegurados en negocios de dudosa rentabilidad con amigotes de los gobernantes de turno. Ha sido el refugio de un ejército de personas que se emplean para pagar favores políticos. Se ha desgastado en dietas, prebendas, indemnizaciones Y son estos mismos que han hecho fiesta con el dinero ajeno los que ahora ponen cara de sorpresa y dicen: “Ve, se dañó el sistema”, y para pagar los platos rotos, se busca, no al administrador irresponsable que derrochó el dinero, no al amigote que hizo negocios a expensas de las cotizaciones, no al gobernante que lo usó de caja chica, sino al mismo que han esquilmado: el cotizante. Es como si un ladrón que ya no halla más que robar, le exija a su víctima que busque nuevos bienes para seguirle robando.
Oposición
Es un hecho que ahora mismo no hay oposición política. Al menos oposición política formal. Una oposición política vigorosa es un signo de vitalidad de una sociedad que pretende ser democrática. Y no es algo que le debería interesar solo a aquellos que quieran hacer esa oposición formal para tomar el poder, sino es algo que nos debe importar a todos, incluso al gobierno. Claro, si estamos hablando de una sociedad democrática. La oposición es el balance natural de la sociedad, un contra poder que da equilibrio y evita que solo un polo político haga y deshaga a su antojo sin que nadie le cuestione.
Insatisfacción
Pero el problema del INSS no termina en el saqueo al que se ha visto expuesto durante su existencia. Tampoco existe una correspondencia de calidad entre lo que se da y lo que se recibe. ¿Cuántos están satisfechos con la seguridad social que reciben? Si la afiliación al Seguro Social fuese voluntaria, ¿cuántos cotizantes quedarían en el sistema?
Viveza
El hecho de que no exista una oposición formal, sin embargo, no puede ser la excusa de todos aquellos que creen otra vez que el Kupia kumi es la única salida que queda. Salvar el pellejo propio. Es que oposición no solo es la que hacen los partidos. Es también la voz libre de los medios de comunicación, son los empresarios exigiendo reglas del juego claras e igualitarias en un entorno libre y democrático, es la Iglesia, los jóvenes, reclamando sus espacios. Son los sindicatos defendiendo los intereses de los trabajadores. Así las cosas, en esta lucha entre democracia y dictadura, es una viveza de ratón hacer pandilla con el dictador, como lo hizo Agüero con su Kupia kumi, arguyendo que es a una oposición política formal que no existe a quien le corresponde defender el estado democrático que ellos mismos se están encargando de demoler.
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