Twitter: Fabian_Med
Examen fácil
Como si estuviéramos en primaria, descubra el error en el siguiente párrafo, repetido mil veces estos últimos días: “No hay que temerle a la reelección. Dejemos que sea el pueblo quien decida con su voto si quiere premiar o castigar a un presidente, reeligiéndolo o negándole esa posibilidad con su voto”. ¿Ya? ¡Exacto! ¿Cómo va a elegir ese pueblo quién se queda y quién se va si desde hace varios años el Consejo Supremo Electoral ya ni cuenta los votos?
Dos errores
Entonces, es cuando aparece el señor Roberto Rivas y repite el otro estribillo que ya nos tiene dundos. “Los magistrados del Consejo no somos los que contamos los votos, se cuentan en la Juntas Receptoras de Votos, donde los partidos participantes tienen representantes”. Aquí no hay uno, sino dos grandes errores. El primero, que con frecuencia el Frente Sandinista se despacha hermoso y solo, debido a que echa con violencia a los fiscales o miembros de “otros partidos” en las Juntas durante el “conteo”. Y segundo, y talvez más decisivo, es que aunque se contaran bien los votos en la Juntas Receptoras, ¿de qué sirve eso si a la hora de las horas don Roberto Rivas va a dar la cifra que se le antoje, sin siquiera tomarse el cuidado de que cuadren sus datos o, al menos, demostrar de dónde salieron esos alegres números?
Elecciones en Honduras
Podemos decir lo que sea del sistema electoral hondureño. Podemos tenerle todas las desconfianzas y dudar de su imparcialidad. Podemos, incluso, presumir que hubo fraude en las recientes elecciones. Pero al menos, está ahí, sometiendo las actas de votos a revisión para demostrar que sus números son correctos o, en caso contrario, corregir el error. Es lo que hace cualquier tribunal electoral del mundo.
Lo peor
Nosotros, en cambio, tenemos el peor tribunal electoral del mundo. Es una vergüenza que cargamos y el origen de todos los males que padece este país. Se gastan millonadas de dólares en unas votaciones que de antemano ya tienen los resultados finales y los argumentos listos —los mismos de siempre— contra los reclamos de fraude. “El que pierda siempre queda inconforme”, dicen hasta el cansancio o, como dijimos antes, “los magistrados no cuentan los votos, son las juntas”. Más que explicaciones pueriles, lo que se espera de un tribunal electoral es que 1) permita el acceso al voto a todos los ciudadanos en condiciones igualitarias; 2) que se cuenten con transparencia esos votos; 3) que se publiquen los resultados de tal forma que todos podamos hacer nuestras cuentas y 4) que, si existen dudas de alguna parte, se recuenten las actas o votos.
Información
Ayer por la tarde circulaban versiones confusas de un enfrentamiento armado en Ayapal, Jinotega, que habría dejado 10 muertos. Que eran nueve u once muertos, que si era un grupo de armados que quería tomarse la sede de la Policía local o que si eran delincuentes que querían asaltar a comerciantes y hasta se habló de una secta religiosa que garrotes en manos comenzaba su propio “fin del mundo” en esa zona. Y siempre es lo mismo: hasta que ya los rumores o versiones no oficiales inundan los medios y redes, sale la Policía o el Ejército dando su versión oficial. Y a veces ni eso.
Armados
Es un hecho que en el campo están pasando cosas. Sin embargo, lo peor que podemos hacer es interpretarlas desde nuestra exclusiva posición política. No es así la cosa. Ni todos los armados son delincuentes comunes, como dice el Ejército y la Policía, ni todos son armados con propósitos políticos, como quieren ver muchos. Hay armados con intenciones políticas y delincuentes comunes. Esa es una premisa que se debería de aceptar de todos lados para empezar a buscar soluciones. Alentar como patriotas a los delincuentes es estimular el delito y, al revés, tratar como delincuentes a los inconformes con el Gobierno, es multiplicar el descontento.
¿Vamos bien?
El asunto es que, mientras en Nicaragua tenemos un tribunal electoral incapaz y deslegitimado, mientras llegan de la montaña noticias de enfrentamientos entre armados y autoridades; mientras el Frente Sandinista se prepara para imponer una reforma constitucional que le dará vuelta de calcetín al país, nos dicen que en el último informe de Transparencia Internacional nos posicionamos como el cuarto país más corrupto de América Latina. Vamos bien, dicen algunos. Vamos bien, dijo el que iba en las tapas del lagarto…
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A