Twitter: @Fabian_Med
Grupos delincuenciales
Si la Policía y el Ejército están tan ganosos, como dicen estarlo, de combatir grupos delincuenciales, pues deberían comenzar a buscarlos por aquí, cerquita, en lo limpito. Abundan. Y, en teoría, son fáciles de atrapar y enjuiciar porque sus delitos son, digamos, descarados. Grupos delincuenciales son aquellos encapuchados que se bajaron de camiones de la Alcaldía de Managua la madrugada del 22 de junio pasado a golpear a jóvenes y ancianos, destruir y robar. Grupos delincuenciales son aquellos que el viernes pasado llegaron en motos, sin quitarse los cascos para ocultar sus rostros, y agredieron a los ciudadanos que pacíficamente protestaban contra los abusos de MPeso. Y si de verdad la Policía y el Ejército se pusieron ahora como correctos en esto de castigar delitos, pues atrapen también a los cómplices, aquellos que los entrenan, a quienes los avituallan, y sobre todo a quienes ordenan sus tropelías. Y no se olviden de los policías corruptos que colaboraron en la comisión de estos delitos, ya sea haciéndose de la vista gorda o, incluso, dándole una ayudadita a los delincuentes en sus fechorías. ¿O no es de estos grupos delincuenciales que hablan?
Coartada
Cada vez con más frecuencia uno se encuentra con personas, pongámosle bienintencionadas, que consideran que sí, bien es cierto que Daniel Ortega es abusivo, se reeligió a contrapelo de la Constitución, ha desbaratado la institucionalidad, no juega limpio en las elecciones… Es cierto, dicen, pero con él la economía ha crecido. Y ese argumento, a su criterio, sirve para justificar todo. Como si los nicaragüenses fuésemos tan idiotas, que necesitamos un dictador que violente nuestros derechos para poder crecer económicamente. Como si no hubiese otra manera, y como si eso, no fuera después de todo, una gran mentira, que los fríos números desmienten.
Quién es quién
A la Policía no le debería resultar tan difícil reconocer dónde están los delincuentes y dónde están los ciudadanos honestos. No se necesita para ello haber pasado por una Academia de Criminalística. No se necesita una gran investigación detectivesca. Bastaría contestar estas sencillas preguntas: ¿Quiénes se cubren el rostro y quiénes dan la cara en eventos como #OcupaINSS o la protesta contra MPeso? ¿Quiénes actúan con “premeditación, alevosía y ventaja” como dicen los abogados y quiénes tienen todas las desventajas? ¿Quiénes están armados y quiénes desarmados? ¿Quién agrede a quién? ¿Quién se beneficia de esos delitos? Deberían ser suficientes esas respuestas para que la Policía reconozca quién es quién y deje de ponerse al servicio de los delincuentes, haciendo como que se equivoca. Como si fuese la Policía más torpe del mundo.
Fríos números
Para cuando Daniel Ortega llegó al poder en el 2007, los nicaragüenses teníamos un ingreso per cápita de 1,150 dólares y actualmente andamos por los 1,650. Subimos 500 dólares. O sea, sí hemos crecido. Pero si analizamos el crecimiento del resto de países, veremos que el per cápita promedio de Latinoamérica y el Caribe pasó de 3,400 dólares en el 2007 a 9,000 dólares en el 2012, según datos del Banco Mundial. Y el grupo de países con más bajos ingresos pasó de 660 dólares a 1,880 en ese mismo periodo. O sea Nicaragua creció, pero creció mucho menos que el promedio latinoamericano. Y si se consideran las ventajas excepcionales que ha tenido Ortega —500 millones de dólares anuales de dinero venezolano y buenos precios internacionales de los productos de exportación, principalmente—, pues el asunto no es entonces que la economía nicaragüense ha crecido con Daniel Ortega, sino que la economía nicaragüense ha crecido a pesar de Daniel Ortega. Otros gobiernos, sin “danieles Ortega” ha cuestas, han crecido más y mejor.
Xolotlán
Para que vean que no solo en negativo veo las cosas, yo celebro todo lo que se está haciendo por darle vida al malecón de Managua y con ello al Xolotlán, el abandonado lago de Managua. El lago no se está muriendo solo porque desde 1927 a un malhadado genio se le ocurrió conectarle las aguas negras de la ciudad. Peor que toda la podredumbre que le cae es la indiferencia con que lo hemos visto. Y quiero creer que en la medida que empecemos a sentirnos orgullosos de ese lago al que por casi cien años le hemos dado la espalda, el Xolotlán va a empezar a revivir. Un punto para quien o quienes se les hayan ocurrido tan buenas ideas.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A