Twitter: @Fabian_Med
Machetes
No sé cuántos machetes se habrán vendido a finales del 2008, pero deben haber sido muchos, pues vimos a centenares de pandilleros armados de machetes nuevos, morteros y garrotes reprimiendo el descontento que se generó después del descarado fraude electoral de ese año. Más de algún ferretero habrá hecho buen negocio, y contando los billetes habrá dicho: “Ve, qué bien va la economía de este país”, talvez en el momento que los machetes que vendió acorralaban y negaban el derecho a los que quisieron protestar pacíficamente cerca del hotel Princess o cuando uno de esos machetes persiguió, hirió y negó con ello el derecho a informar que tenía el periodista Iván Olivares, cuando se acercaba a ese mismo lugar.
Medidos y pesados
Traigo este ejemplo a colación porque algunos celebran ahora la relación que han establecido con el gobierno, sin detenerse a pensar en qué medida y para qué están siendo usados. Celebran los beneficios y las ganancias a los suyos sin percatarse que solo fue que les tomaron la medida, los pesaron, establecieron su precio y los compraron para presentar una especie de consenso ficticio como si todo en este país marchara de maravillas.
La fiera
A Daniel Ortega se le ha terminado aceptando como el invivible al que hay que llevarlo a las buenas para que “medio se comporte”. Muchas de sus maldades, que en otro gobierno hubiesen provocado al menos un golpetazo en su mesa, se han terminado aceptando como pecadillos menores, de los cuales hasta es mejor ni hablar para no irritar a la fiera. Fraude, mezcla partido, gobierno y negocios familiares e institucionalidad, entre otras, son malas palabras para muchos ahora.
Asistentes
A Ortega es a quien se le pide que elija a funcionarios con cargos vencidos, o lo que es lo mismo, que le ordene a sus asistentes legislativos que lo hagan. Ya no hay división de poderes. Ortega tiene asistentes electorales, judiciales, legislativos. Y eso parece ahora importarle solo a muy pocas personas. Incluso muchos de los que ayer reclamaban democracia, hoy recurren a Ortega como el señor que todo lo puede para que se apruebe tal o cual ley, que dé vida o mate a tal o cual partido, o que tal o cual caso se mueva o se resuelva en cierto sentido en los tribunales.
Cargos vencidos
Así las cosas, ya ni caso tiene ahora elegir los cargos vencidos, que parece ser la gran concesión democrática que le han arrancado de esos concubinatos. Victoria pírrica. Y esto si le da la gana al fin al señor. Es que si Ortega quisiera respetar las leyes, habría comenzado por no usurpar la función de la Asamblea Nacional cuando no tenía los votos suficientes para elegir a quien él quería. De eso se trata. No es cumplir la ley cuando me conviene y dejar de hacerlo cuando no me conviene. ¿Qué chiste tiene este “Estado de Derecho” que elige conforme la ley cuando se tienen los votos suficientes y a la brava cuando no se tienen? Es que si es así la cosa, dejemos que el hombre tenga el poder absoluto por ley, para que no haya riesgo y podamos decir: “¡Qué respetuoso de la ley es Daniel Ortega!”.
Círculo vicioso
Y vale recordar que si ahorita Ortega puede elegir conforme a ley es porque antes eligió a la brava. O sea, que la elección de cargos que pueda hacer ahora es la criatura de la violación que antes cometió. Porque, imagínese, son los electos a la brava, de facto, los que designaron a quienes ahora van a elegir “conforme a ley”. ¿Y a quiénes van a elegir? Pues a los mismos que los eligieron a ellos. Pagar el favor. Un círculo vicioso. Así que no nos asustemos si vemos en esta “elección por ley” una ratificación de los mismos mantenidos a la brava.
Usados y abusados
Un ferretero tiene derecho a vender sus machetes a quien quiera, incluso, si su conciencia lo determina así, alegar que él no tiene por qué meterse en los usos que vayan a darle a sus machetes, aunque estos usos sean matar o reprimir. Pero resulta torpe deducir que todo va bien, porque en ese momento a él le vaya bien. Porque al dejarse usar para que abusen de otros, lo único que logra es ganar tiempo mientras le toca el turno. Y es iluso creer que por vender los machetes con poco filo dejarán de ser las armas que son en las manos que los empuñan.
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