Twitter: @Fabian_Med
Chicharrones
Cuando anduve en el servicio militar, teníamos un teniente que buscaba cualquier pretexto para tirarse su media de guaro. “Ve, qué ricos están esos manguitos”, decía cuando pasaba por algún caserío. “Pero lucen con una media”, remataba. Y ¡plas! se mandaba a comprar una. Igual decía de los jocotitos, los chicharroncitos, la sopa y hasta de la tortilla con queso cuando se encontraba. Todos sabíamos que el antojo real era el licor y no los pretextos que ponía para tomárselo. El colmo del descaro sucedió una vez que fue a comprarse unos chicharroncitos porque estaba antojado. “Pero ve, traeme una media, porque así es que lucen”. Y cuando el mandadero le dijo que ya se habían acabado los chicharrones, le dijo: “Bueno, pero traeme la media de todos modos”. Y se lanzaba su media, haciéndose el inconforme, cuando todos sabíamos que era el guaro el que le importaba.
Empresarios
Me acordé de aquel teniente de mi servicio militar cuando ahora he oído a los empresarios pedir elecciones libres, el cambio del árbitro electoral, seguridad jurídica, gobernabilidad democrática, institucionalidad y otros chicharroncitos más, pero también —y aquí viene la media— “crecimiento económico sostenido”, o lo que es lo mismo, oportunidad de hacer negocios. Pero sucede que en la pulpería no hay elecciones libres ni seguridad jurídica ni institucionalidad ni gobernabilidad democrática, “pero bueno, dejame hacer negocios de todos modos”.
Atila
Si hay algo que ha hecho bien Daniel Ortega es la demolición de la institucionalidad del país. Aquí ya no hay más poder que el suyo. Los llamados poderes “electoral”, “judicial” y “legislativo” entregaron la valija hace rato y se han convertido en los mandaderos de Ortega. ¿A alguien con tres dedos de frente se le ocurre que alguno de estos “poderes” va a contradecir una orden salida de El Carmen, por muy descabellada que sea? Qué economía, qué manejo internacional Su mejor obra es la demolición. No vayan a creer, ha sido un trabajo arduo, esforzado, complejo que comenzó hace quince años, y que solo hoy puede contemplar casi terminado. Ahí está, como Atila, con el mazo al hombro, el rostro sudoroso, alegre y exhausto, con el pie sobre la cabeza de sus víctimas, viendo todos los escombros que ha dejado atrás: Consejo Supremo Electoral, Corte Suprema de Justicia, Fiscalía, Contraloría, Policía, Asamblea Nacional, Procuradurías, alcaldías… No queda piedra sobre piedra.
Dictadura
Yo soy de los que creen tanto en la democracia que creo que una sociedad tiene incluso el derecho de vivir en dictadura, si eso es lo que quiere. Pero que nos dejen elegir. El problema es que nos han impuesto este modelo de país bajo la ficción de que hay un amplio consenso, cuando nos han quitado la capacidad de elegir, porque en ese proceso de demolición que ha ejecutado Ortega, el llamado “poder electoral” terminó de hecho convertido en la antítesis de lo que debe ser. No solo porque está administrado por un grupo de personas que se lo tomaron por asalto, sino porque desde entonces su función es precisamente no elegir. Y cobran caro por ello. Y todos pagamos por eso.
Sálvese quien pueda
Y en ese “sálvese quien pueda” que se ha desatado al paso demoledor del Atila, muchos encontramos en la inútil oposición política que tenemos una coartada fácil para esconder nuestra propia cobardía. Y decimos que son ellos los que deben dar la cara reclamando los derechos de todos, porque nosotros estamos ocupados salvando nuestro propio pellejo, aunque veamos que a otros se “los comen los perros”. Y les queremos dejar a ellos la responsabilidad de defender esas libertades y derechos que nos quitan a todos, sabiendo que esos partidos políticos —disminuidos unos, comprados; herrados y vendidos, los otros— son el resultado también de ese mismo proceso de demolición de la democracia y la institucionalidad.
La gran pregunta
La pregunta que debemos respondernos todos los nicaragüenses, no solo los empresarios, es si el país puede funcionar así. A lo mejor, la institucional es una extravagancia que no nos merecemos. A lo mejor, solo es lujo de países ricos y lo importante aquí es que se coma, se beba, se viva y, por supuesto, se hagan negocios, aunque se nieguen esas libertades y derechos que hasta hace poco teníamos como la base de una sociedad democrática. Es que si esto está bien, como dicen algunos viendo solo para lo “limpito”, dejen ya de estar pidiendo en sus comunicados ese país que no los vemos interesados en tener. Para qué van a estar haciéndose los antojados por los chicharrones cuando todos sabemos lo que de verdad les importa.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A