Patadas de ahogado
Lo del presidente colombiano Juan Manuel Santos podemos tomarlo como una bravuconada de matón de barrio o como la peligrosa señal de un escalamiento al conflicto, que sabemos cómo comenzó, pero que no sabemos cómo puede terminar. Yo más bien me inclino por lo primero. Patadas de ahogado. Es el matón acorralado por la ley, y que solo le queda fanfarronear: —¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer, jodido!—. Claro, siempre existe el riesgo de que en una de esas bravuconadas se le pueda ir un tiro y sin que haya sido su intención armar la de San Quintín.
Del primer tiro
Veamos las cosas en perspectiva. Si Colombia dice que ejercerá “soberanía” en un mar que la Corte Internacional de Justicia le concedió a Nicaragua, y donde nuestro país ya está haciendo legítima presencia, ¿qué va a pasar cuando uno de los buques de guerra colombianos dispare o violente a alguna de las humildes lanchas patrulleras nicaragüenses? ¿De qué lado se pondrá el derecho internacional? ¿Del forajido que se quiere hacer gato bravo de lo que no es suyo o del propietario legal? Y ese es el punto. No deberíamos llegar a ese primer tiro, porque del primero al último, pueden ocurrir muchas cosas, y no es cierto que en estos asuntos gana siempre quien tenga la pistola más grande.
Tiempo de elecciones
Yo de alguna manera entiendo al presidente Santos. Se acaba su periodo presidencial, vienen elecciones, casi todos los colombianos le echan a él la culpa de haber perdido un territorio que consideraron suyo durante más de 80 años, y ¡le exigen que haga algo! Y él es político. Algo tenía que hacer para no deslucir tanto en la foto. Y se le ocurrió ese decreto que le salvará el cuerpo por unos días, pero que él mismo sabe que no vale ni el papel en que lo firmó. ¿Qué sentido tiene ir a buscar justicia a un tribunal, estando dispuesto a acatar solo si falla a favor mío? ¿Cómo puede alegarse una norma nacional para desconocer el fallo de una corte internacional? Y por último, ¿en qué cabeza cabe que se pueda interpretar el fallo con un mapa que ya fue rechazado en los alegatos del juicio? Lo que quiero decir es que, posiblemente, el propio presidente Santos sabe de la inutilidad de su decreto, pero no encuentra qué más hacer para evitar el linchamiento político. Y por eso lo entiendo. Y por eso da un poco de lástima.
Lecciones
Y es extraño, porque el hombre de los disparates, de los decretazos, del cálculo matrero, que ha sido siempre Daniel Ortega, esta vez se ha mostrado inusualmente ponderado. Es más, el manejo en esta materia debería ser el ejemplo a tomar como lección para otros temas nacionales. En primer lugar, el esfuerzo sostenido durante varios gobiernos de distintos signos; en segundo, la selección de los puntos en los que todos estábamos de acuerdo; y tercero, en la ponderación con que se maneja el asunto. ¿Por qué no se puede actuar así para el funcionamiento de las instituciones, de las elecciones, de la economía y la seguridad social, por ejemplo?
Pandilla
En cambio, la estrategia de Colombia para derrotar a Nicaragua en la Corte fue hacerla aparecer como el “vecino indeseable”. Honduras, Costa Rica, Panamá y Colombia le cayeron en pandilla durante muchos años, mostrándonos como los pleitistas del vecindario, cuando en realidad Nicaragua estaba siendo cercada y desmembrada. Basta ver los mapas antiguos y recorrer un poco de historia para saber que en estos últimos 200 años Nicaragua solo ha perdido territorio y ha sido hasta estos dos últimos fallos de la Corte de La Haya que se ha recuperado parte de lo que por derecho era propio y perdió como consecuencia de los pleitos internos y los malos hijos que ha tenido.
Historia
Colombia podrá decir que todo el mar Caribe es suyo. Podrá acusar. Podrá su presidente firmar mil decretos. Incluso, podrá desobedecer durante algún tiempo lo que la Corte manda. Podrá enviar sus fragatas a nuestras aguas. Lo que no puede hacer es cambiar la historia. Esta vez a Nicaragua la respalda el derecho y solo le toca mantener su presencia en el territorio, y poner oídos sordos a la vocinglería que viene del sur, porque eso, lo sabemos, es más para consumo interno de ellos.
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