Tareas donde la “profe” Cándida

“Vení ve Carlitos, ¿cuánto es 6 por 2?”, pregunta la mujer que está sentada en una mecedora abuelita, con un cuaderno sobre las piernas mientras empuña un lápiz de grafito en la mano derecha.

Lágrimas de un perseguido

Milton Arcia, el empresario de la Isla de Ometepe y a quien recientemente el Gobierno encarceló y le demolió un hotel en las riberas de la misma, no viste de saco y corbata ni asiste a reuniones con grandes inversionistas en hoteles extranjeros

Un monstruo come basura

La Chureca recibió la basura de los capitalinos durante 40 años sin que se implementara ningún plan para que el impacto ambiental fuera mínimo ni para que las personas que laboraban por espontánea voluntad buscando materiales reciclables, lo hicieran en condiciones decentes.

Recuerdos en clave Morse

Un cura, el comandante de Policía y el telegrafista eran personajes relevantes en los pueblos de la Nicaragua del siglo pasado, más o menos hasta la década de los años ochenta, cuando primero el teléfono y luego también el fax comenzaron a hacer perder protagonismo al telégrafo como medio de comunicación.

Fervor y colorido en Domingo de Ramos

Decenas de miles de católicos de todas partes de Nicaragua celebraron ayer el evento de Domingo de Ramos, con lo cual la Iglesia católica da por iniciada la celebración de la Semana Santa.

Redes sociales surgen como nuevo poder

“Me trataron como la peor de las delincuentes”, dijo con rabia ella. Nelly Márquez, 45 años de docencia infantil y dueña de una sólida reputación social en su vecindario, había visto destruirse todo su prestigio y su tranquilidad cuando en menos de 48 horas, más de cien mil personas habían visto tres vídeos donde ella aparecía, de muy mal humor, reprendiendo a varios niños bajo su cuido. El método de sanción de la profesora, aunque leve físicamente, evidenciaba un actitud violenta contra los niños del jardín infantil. Y el caso específico de haber colocado un basurero en la cabeza a un niño recibió una dura sentencia desde las tribunas de las redes sociales cuando ella misma confesó que el niño humillado era autista.

La insomne Scarlett

Su figura es discreta, delicada y perfumada. Es tan menuda que casi pasa inadvertida en medio de las otras tres mujeres que se sientan junto a ella en el muro rojo que rodea el árbol desramado, una especie de Cristo crucificado por el tendido eléctrico que pasa frente a la Joyería Karen, en el sector de la rotonda de Bello Horizonte. El torrente de trompetas y guitarrones de los conjuntos de mariachis que pueblan la rotonda alcanzan a mojar esta acera en la que hay cuatro mujeres plantadas, matando el tiempo charlando, esperando que esta noche tibia se afiance y alguien llegue a contratarlas. Ninguna de las mujeres vive por el sector. Todas vienen de distintas partes de la capital. Algunas incluso son originarias de otros departamentos del país. Una de ellas comenta que es de Chinandega, la otra dice que tiene raíces bluefileñas. Las dos tienen en común que sus familias no saben a lo que se dedican en la capital. La tercera, quien viste de negro completo y usa una moña alta como bailadora de flamenco, enmudece y se aparta del grupo. La mujer menuda dice que es de la capital, del barrio Loma Linda, y que lleva algunos años ejerciendo la prostitución. Ofrece sus nombres y apellidos, pero solicita que solo se usen los segundos: Scarlett Hernández.

El verdulero de San José

Santiago Jarquín se agacha, alza la carretilla metálica desvencijada que tiene encima un canasto con frutas y verduras y sale andando por las calles de San José de los Remates, Boaco. Lleva puesto un sombrero verde olivo y los ojos entreabiertos. Santiago es ciego, pero, para esta entrega de verduras dice que no necesita bastón. A través de sus “pasos ciegos” explica que ha ido memorizando giros, pliegues y baches de las calles, olores de los patios, voces, ruidos de animales, nombres y ha construido un mapa mental que le permite movilizarse sin ver. Corre el riesgo sí, y lo sabe, de que la casualidad le juegue una mala pasada y que por ejemplo pueda ir caminando por el adoquinado, confiado, y no se percate de un vehículo estacionado, de un adoquín suelto, de un perro que se cruza repentinamente. Casi nunca le ocurre, cuenta. Como la gente del pueblo lo conoce, le gritan: “Santiago, por ahí hay algo”. Hasta ahora, desde que arrancó este negocio con su amigo y socio, Rigoberto Martínez, quien a veces maneja la carretilla, no le ha pasado nada extraño.

La agrónoma que se rindió ante las pesas

Sentada en una mecedora una mujer recién parida carga en el regazo a su pequeño hijo y exhibe una enorme sonrisa frente a la cámara que congela ese instante. La madre lleva el pelo suelto y tiene los ojos grandes y risueños con ojeras. La fotografía está reproducida en un recorte de periódico que es parte del dossier personal de Sujad Zaharan y que muestra, más o menos, cómo era ella antes de incursionar en el mundo del fisicoculturismo, disciplina a la que se consagró al poco tiempo de su segundo parto, cuando todavía era una ingeniera agrónoma en ejercicio.

La picardía de “Cordoncito”

En la escuela había un niño, el más grande y fuerte de la clase, que les pedía un peso diario a cada uno de sus compañeros. Al que no se lo daba, le pegaba. Todos le tenían pavor y hacían lo imposible por darle el córdoba al niño. Por miedo estaban dispuestos a cachar. Ricardo Palacios un día no consiguió el córdoba, pero había visto en la cartera de su mamá cinco pesos. Fue y le sacó uno del bolso para cumplir con el peaje. Cuando volvió a su casa, su mamá lo apaleó con una raja de leña. Estuvo 15 días sin ir a la escuela. “Me debés 15 pesos”, le dijo el niño con ínfulas de banquero. Ricardo se armó de coraje y se le fue encima. Aunque era más pequeño, un David contra un Goliat, lo sometió. Los demás también le perdieron miedo. Veinte años después, una cicatriz detrás de la rodilla le recuerda a Ricardo el episodio que le hizo perder el miedo a otro niño, pero también la inocencia con el dinero, desde entonces trabaja en las calles vendiendo algo.