La entrenadora divide el entrenamiento del cuerpo en tres partes para no saturar los músculos. LA PRENSA/ A. MORALES

La agrónoma que se rindió ante las pesas

Sentada en una mecedora una mujer recién parida carga en el regazo a su pequeño hijo y exhibe una enorme sonrisa frente a la cámara que congela ese instante. La madre lleva el pelo suelto y tiene los ojos grandes y risueños con ojeras. La fotografía está reproducida en un recorte de periódico que es parte del dossier personal de Sujad Zaharan y que muestra, más o menos, cómo era ella antes de incursionar en el mundo del fisicoculturismo, disciplina a la que se consagró al poco tiempo de su segundo parto, cuando todavía era una ingeniera agrónoma en ejercicio.

Sentada en una mecedora una mujer recién parida carga en el regazo a su pequeño hijo y exhibe una enorme sonrisa frente a la cámara que congela ese instante. La madre lleva el pelo suelto y tiene los ojos grandes y risueños con ojeras. La fotografía está reproducida en un recorte de periódico que es parte del dossier personal de Sujad Zaharan y que muestra, más o menos, cómo era ella antes de incursionar en el mundo del fisicoculturismo, disciplina a la que se consagró al poco tiempo de su segundo parto, cuando todavía era una ingeniera agrónoma en ejercicio.

Esta Sujad, de 48 años, no se parece a la de la fotografía y es lógico. Los años han pasado. La de ahora luce rejuvenecida y hace gala de una figura compacta menuda, muy distinta a la silueta relajada de la madre.

Sujad dice que tras el parto de su segundo hijo quedó pesando alrededor de 170 libras, y esa fue una de las razones para correr a un gimnasio y buscar cómo reducir la talla 12-13, que le dejó el parto, hasta la 5-6 que siempre había tenido. “Yo siempre había sido delgada, atlética”, dice esta mujer que de niña jugaba kickbol.

Se metió al gimnasio. En esa época era directora de un proyecto de AID (Agencia para al Desarrollo Internacional) de Estados Unidos (EE. UU.) y sus jefes estadounidenses la evaluaban por resultados. Mientras no descuidara sus obligaciones con el proyecto, podía dedicarle al gimnasio su tiempo. Así fue.

Era tan disciplinada que “El Chino”, su entrenador, le propuso entrenar para competir en eventos de fisicoculturismo. Tenía 38 años, pero él le dijo que no había ningún inconveniente, lo importante eran sus condiciones físicas. Le entusiasmó la idea y se dedicó a labrar su cuerpo con músculos y luego se subió a tarimas para exhibirlos. Se sumergió en la dieta estricta de “todo cocido”. Desayunaba clara de huevo cocida, almorzaba pechuga de pollo cocida y cenaba atún, también cocido.

Su primera competencia fue en el 2005. A esas alturas, no imaginó que años más tarde aprovecharía esa disciplina y la figura que comenzó a esculpir en el gimnasio Ilusiones, el más costoso de la época.

Alternaba sus viajes del proyecto, por el país y el extranjero (anduvo en Egipto, EE. UU., entre otros) con torneos nacionales y centroamericanos.

PRESEAS Y DESEMPLEO

Un escritorio de su casa en Las Palmas resulta pequeño para la cantidad de trofeos que ganó en tantos eventos en los que participó. Y dice que no está ni la tercera parte, que ha ido perdiendo medallas y preseas en mudanzas.

En el 2008, la historia de Sujad tuvo un giro radical. Se acabó el proyecto en el que había trabajado 15 años y pasó al desempleo. Metió papeles en todas partes. “Uuuuuuh en infinidad, infinidad de lugares”, afirma. “En ningún lugar encontré puertas abiertas. No encontré trabajo como agrónoma no, ni como otra cosa que me pagaran más o menos algo decente”, dice esta mujer de brazos torneados por las máquinas de gimnasio.

Aunque dice que no le hubiera gustado emplearse en un Call Center, admite que terminó yendo a buscar empleo.

Recuerda que el entrevistador le dijo que estaba “sobrecalificada y que cómo una persona que venía de ganar dos mil dólares venía a buscar un salario de quinientos dólares… Yo le dije: ‘Mirá, ese no es tu problema’. La cosa es que le caí mal al hombre y me dijo que no”.

Estiró al máximo la liquidación de su trabajo, priorizó la escuela de sus hijos, pero llegó un momento en que no pudo más seguir en el gimnasio, sobre todo cuando en el 2011 su esposo, también agrónomo, se quedó sin trabajo.

“Estoy agüevada”, le comentó a su entrenador y él, generoso, le propuso que se lanzara como entrenadora personal. Tenía todos los ingredientes: figura y disciplina. Su mismo entrenador la recomendó con una adolescente que fue su primera clienta. “Ha bajado pero no al nivel que hubiera querido porque no es constante”, afirma y cuenta que la sigue entrenando. “Ahora va a cumplir 18 años”, dice Sujad, quien ha añadido otros “alumnos” por las recomendaciones de boca a boca de otros conocidos y clientes.

Su rutina como entrenadora arranca muy temprano. A las 6:00 de la mañana atiende a su primera cliente. Una hora después ella misma entrena en un gimnasio, luego regresa a su casa y se mira con otros clientes después de las tres de la tarde y hasta las 8:00 de la noche cuando acaba de entrenar a Raymundo Cruz y a su hijo. En este caso va a la casa de ellos porque tienen sus propias máquinas. “Comencé entrenando a la esposa y luego me quedé con él”, dice Sujad quien se alejó de los escenarios del fisicoculturismo.

Demandaba mucho tiempo, dinero y rondando los 44 años llegó a la conclusión de que su musculatura no podía seguir creciendo, lo mejor era retirarse y dedicarse a entrenar a otros. Era más rentable, aunque puede serlo todavía más.

150 dólares es el cobro mensual de Sujad Zaharan por el servicio como entrenadora personal. Esta mujer que se graduó como agrónoma en la Universidad Nacional Agraria (UNA) aprendió a ganarse la vida con el entrenamiento físico.

EL ARTE DE REPETIR HASTA HINCHAR

“Ahora hacete seis”, le ordena Sujad Zaharan a Raymundo Cruz, su alumno cliente desde hace tres años. La esposa de Raymundo y su hijo han sido clientes de esta entrenadora personal, que tiene cuatro clientes. Dice que en este momento tiene cupo para atender a más gente. Esta noche de lunes, Sujad está entrenando a Raymundo en el gimnasio Tryfitness que queda en Camino de Oriente, donde alguna vez fue la discoteca Lobo Jack. La rutina con Raymundo dura alrededor de una hora diario. En este gimnasio coincide con otros entrenadores personales que reconocen a Sujad como “la campeona” de fisicoculturismo. Ella recomienda a los que se ejercitan con pesas balancear la rutina en distintas partes del cuerpo. Su celular de contacto: 88854977

Boletin Reportajes Fisicoculturismo archivo

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COMENTARIOS

  1. gabriela Arguello
    Hace 11 años

    UNA CAMPEONA SIN DUDA. MI RESPETO …

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