Disidentes del trumpismo

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Si algo contribuyó al segundo triunfo electoral de Donald Trump fue el apoyo que durante la campaña de 2024 le brindó el influencer de extrema derecha Tucker Carlson. A lo largo de los años ambos han tenido una relación oscilante, pero en lo esencial, que es afianzar la facción MAGA dentro del Partido Republicano, hasta ahora se mantenían unidos, lo que aseguró que en los ciclos electorales Carlson, armado de un gran poder mediático, apartara sus diferencias personales y respaldara al republicano con tal de garantizar la derrota de los demócratas.

Pero, al cabo de dos años en la Casa Blanca tras su reelección, el presidente ya no cuenta con el sostén de esta figura ultraconservadora que en el pasado fue el presentador con mayor audiencia en la cadena de televisión Fox, al servicio del trumpismo. Carlson pasó de ser un intocable en el medio de Rupert Murdoch a acabar despedido por la demanda millonaria que provocó al difundir una noticia falsa que le costó a Fox millones de dólares. Su salida de los medios convencionales no impidió que continuara siendo una suerte de gurú para la base MAGA que sigue ciegamente a Trump. Desde su tribuna en un Podcast semanal, Carlson es faro y guía de la ultraderecha y le enmienda la plana a la administración Trump cuando así lo cree conveniente, tal y como lo ha demostrado desde que el mandatario y sus asesores se embarcaron en una guerra contra Irán que la corriente aislacionista MAGA, más preocupada por el lema “América primero” que por las ansias imperiales del actual gobierno, rechaza de plano.

Si Carlson volvió a apostar por un candidato al que en otros tiempos (1999) llegó a calificar como “la persona más repulsiva del planeta”, lo hizo convencido de que en su segunda presidencia Trump cumpliría con la promesa de centrarse en el bienestar económico de los estadounidenses con una severa política anti inmigratoria, y alejado de injerencias en política internacional en el marco de la ideología “etno nacionalista” vinculada al supremacismo blanco. Sin embargo, desde su retorno Trump no ha hecho más que entrometerse en el panorama internacional. Su propio vicepresidente, JD Vance, lo proclamó el “nuevo sheriff” en una cumbre europea y lo ha cumplido: insiste en su deseo de “anexionar” Groenlandia; intervino en Venezuela, ahora bajo la tutela de Washington; un día sí y otro también amenaza con hacer algo similar en Cuba. Y hace tres meses se embarcó en un conflicto con Irán al que al parecer lo arrastró el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Para la línea dura MAGA, que escucha muy atentamente las opiniones de Carlson, estas políticas intervencionistas en ningún modo contribuyen a ese renacimiento de Estados Unidos que auguraba el empresario neoyorkino como un profeta ungido por la gracia divina. Todo lo contrario: con una inflación al alza, la economía estadounidense no está en su mejor momento y los consumidores no creen que su calidad de vida ha mejorado. De hecho, la popularidad del presidente está en mínimos y los republicanos temen que en las elecciones de medio término se imponga un voto de castigo que favorezca a los demócratas.

Carlson, junto a otra republicana MAGA disidente, la excongresista por Georgia, Marjorie Taylor Greene, lidera el sector que apunta con el dedo a un gobierno metido en jardines peligrosos como el contencioso con Irán, del que la administración Trump ha salido más perdedora que triunfante con un acuerdo desventajoso. El periodista ultraconservador no ha tardado en decir públicamente que está harto de las políticas erráticas de un partido que decepciona a sus votantes MAGA y ha decidido retirar su apoyo. Desde su megáfono particular, con largo alcance entre la base más radical, insiste en que el presidente es más un títere de los intereses del actual gobierno de Israel que un líder con criterio independiente. Carlson, amigo personal de JD Vance, considera que el vicepresidente, más en la cuerda de la corriente aislacionista, tiene las manos atadas frente a halcones como el secretario de Estado, Marco Rubio, más proclive a políticas intervencionistas, sobre todo en la región vecina de América Latina. Lo cierto es que en el entorno de la Casa Blanca parece haber dos bloques que pugnan por el control y la influencia sobre un mandatario obsesionado con ponerse medallas y capaz de quedarse con un Premio Nobel de la Paz que nadie le concedió.

Cuando falta poco para los comicios de noviembre, no contar con el beneplácito de un agitador de las redes sociales como Carlson puede representar un revés para un presidente que suspende en las encuestas y que en la órbita internacional ha perdido lustre, incluso entre políticos afines como la primera ministra de Italia, Georgia Meloni, dispuesta a poner en su sitio a su homólogo estadunidense antes de dejarse humillar por sus comentarios peyorativos. Sin pelos en la lengua, Tucker Carlson ha dicho que se arrepiente de haber pedido el voto para Trump. Es un sentimiento que hoy en día secundan no pocos MAGAS que ya no saben si lucir la gorra de “Haz a América grande de nuevo”. [©FIRMAS PRESS]

La autora (La Habana, 1960) es periodista y escritora.  Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald  y en  diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes (Grijalbo).

*Twitter: ginamontaner

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