El cadáver desmembrado del sastre fue enterrado en el área de comedor de una casa del barrio Los Ángeles
El cadáver desmembrado del sastre fue enterrado en el área de comedor de una casa del barrio Los Ángeles
Hace poco más dos semanas, representantes de las distintas facciones que reclaman la personería jurídica del Partido Liberal Independiente (PLI) fueron a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), para solicitar a esta instancia que resuelva de una vez por todas a cuál de los grupos hará dueño del PLI.
Maki Sato (43) lo perdió todo. El tsunami del 11 de marzo de 2011, ocurrido en la costa norte de Japón, la dejó sin casa. Sin trabajo. Sin madre y sin abuela. Pero ella no se ve como una víctima. Sus palabras lo confirman: “Yo quiero levantarme por mi propio pie, si yo esperara ayuda del Gobierno o que alguien venga y me resuelva los problemas, eso me convertiría en una víctima”.
Prevenir es mejor que lamentar. Enseñar a niños, jóvenes, adultos, ancianos sobre cómo actuar en caso de un desastre resulta indispensable en un país como Nicaragua, vulnerable ante todas las amenazas posibles: terremotos, huracanes, inundaciones, sequías, erupciones volcánicas, deslizamientos, etc.
En Kobe es difícil imaginar que hace veinte años un terremoto de 7.3 grados en la escala Richter destruyó gran parte de la ciudad. Edificios, casas, estaciones de tren y autopistas colapsaron por el sismo, que además causó cientos de incendios y dejó sin vida a más de seis mil personas.
El 22 de junio de 2012, la Ley 779 o Ley Integral Contra la Violencia hacia las Mujeres, entró en vigencia en Nicaragua prometiendo combatir, entre otros problemas, el femicidio. El mismo día, a las afueras de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en Managua, activistas de la Red de Mujeres Contra la Violencia (RMCV) y del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) se manifestaban exigiendo la implementación correcta de la legislación. Y en la Avenida Bolívar una manta colgada rezaba: “La Ley 779 sin presupuesto, es un gallo pinto sin frijoles”.
Por 14 años, Katia Pérez López soportó violencia verbal, física y psicológica por parte de su excónyuge. En junio de 2012 sobrevivió al miedo de un arma apuntándole y a la posibilidad de un gatillo halado.
Si pudiera pedir un deseo, Magali Mercado Dávila pediría una casa. Una casa propia en Ticuantepe para vivir con sus tres hijos. Y ella no lo dice, pero de ser posible añadiría a un acompañante más en su vida, para no derramar la lágrima que raya su mejilla cuando recuerda que está sola.
El profesor Salvador Ampié se vistió de pantalón gris y una camisa a la que le recogió las mangas hasta el codo para la entrevista. Parece que daría una clase como en sus tiempos de maestro, allá por los años 50 y adelante.
Hace tres años Bayardo Rivas y su esposa Sandra Rivas eran profesionales con un futuro prometedor. No eran empleados, sino empleadores.
Después de 17 años de haber llegado a Nicaragua, con la finalidad de ayudar a las familias afectadas por el huracán Mitch (1998), principalmente en algunas zonas del departamento de Madriz y Nueva Segovia, funcionarios de la Cruz Roja de Holanda abandonaron recientemente el país, al considerar que ya habían cumplido con el propósito de crear cambios sociales