Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Querida Nicaragua: La palabra que uso para el título de esta carta no existe en el diccionario de la Real Academia Española y lo dudo que exista en ningún otro diccionario. Diversionismo ideológico fue un concepto creado por el castrismo cubano para darle nombre a toda expresión que no tomara en cuenta los “progresos” de la revolución cubana. Introducir una idea para corregir algo mientras se está en una reunión o charla marxista entre camaradas cubanos, eso es diversionismo ideológico, y quien lo haya expresado queda inhibido para dar ninguna idea. Hay que hablar de la revolución y sus progresos, del bloqueo del imperialismo yankee, de la prodigiosa verborrea de Fidel Castro, pero nunca de problemitas sencillos como el desabastecimiento, la escasez de agua, la represión policial, los fusilamientos. Nada de eso. Eso es diversionismo ideológico.
Algo bueno está pasando: se está hablando y escribiendo sobre educación más que antes. Lo estimuló el deplorable resultado de los exámenes de admisión universitarios y es señal feliz de que hay una conciencia creciente sobre la importancia del tema. Prueba adicional de esto último fue el evento al que invitó la ONG “Eduquemos”, la semana pasada, para presentar el reporte sobre el estado de nuestra educación elaborado por el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (Preal). No cabía más gente en el salón del hotel Crowne Plaza. Se agotó la comida y tuvieron que añadirse mesas. Esto no pasaba antes.
El pueblecito toscano de Certaldo conserva sus murallas medievales, pero la casa donde hace siete siglos nació Giovanni Boccaccio fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Ha sido reconstruida con esmero y desde su elevada terraza se divisa un paisaje de suaves colinas con olivares, cipreses y pinos que remata, en una cumbre lejana, con las danzarinas torres de San Gimignano.
Nuestra pobre Nicaragua ha sido prolífica en dictaduras, tiranías y gobernantes cuyo principal objetivo no es velar por una nación en búsqueda de su desarrollo, para que las futuras generaciones mejoren su nivel de vida. Al contrario, ha sido unánime el comportamiento histórico de casi todos los que han detentado el poder en un esmero vigoroso en superar al anterior en riqueza, y, lo más deleznable, en querer perpetuarse en el poder. Sin embargo, dentro de la disyuntiva de dictadores buenos y dictadores malos, aunque creo que todas las dictaduras son aberrantes y perjudiciales para los pueblos y países, de repente surgen actos que son beneficiosos como leyes sociales o laborales a favor de los trabajadores.
Un amigo diplomático japonés me comentó —a propósito de mi columna de la semana pasada titulada “Amaterasu, la diosa de la luz”—, que según la tradición de su país, de esta divinidad descienden los emperadores de Japón hasta en la época actual.
Ni los cinco muertos que van ya en Venezuela, ni los cientos de heridos, ni las multitudinarias manifestaciones de protesta dicen tanto del descalabro del chavismo como la pobreza de argumentos con que Maduro y los suyos han querido explicarlo. Según ellos, todo lo que sucede se trata de un “ataque nazifascista”, “orquestado por el imperialismo norteamericano” para (¡otra vez!) “quedarse con el petróleo venezolano”. Un monumento a la estupidez humana.
¿Qué ha provocado que apenas en un par de décadas, de un 15 por ciento de expresarse declaradamente como independentistas se haya pasado a rebasar de largo el 50 por ciento que votarían por la secesión en un referendo, y un tercio más de indecisos? Simplemente, ha sucedido que una parte notable de la ciudadanía catalana, de diversos estratos, ha perdido la paciencia. Se ha intentado todo para negociar con el Gobierno central. Ahora se siente desilusión.
Querida Nicaragua: Si la envidia es pecado, confieso que he pecado grandemente al observar el desarrollo de las elecciones tanto en El Salvador como en Costa Rica. Tuve muchísimo interés en enterarme de cómo marchaban esos procesos electorales. No me importaba tanto quién ganara, pues al fin y al cabo los que ganaran lo harían en buena ley, sin trucos, ni zancadillas, sin boletas falsificadas, y sin retención de cédulas a ningún ciudadano, en plena calma, en sosiego, en un acto masivo verdaderamente limpio, una fiesta cívica completa.
Medir es fundamental. Medimos continuamente: distancias, tiempo, temperaturas, ingresos y egresos. Medir es parecido a ver: nos permite situarnos y corregir el rumbo, saber si nos acercamos o alejamos de la meta.
La Constitución Política ha sido considerada, por el derecho y la filosofía, como el texto fundamental en el que se expresan la voluntad general y los valores y principios comunes a una sociedad, elevados a la condición de norma jurídica, mediante la cual se regulan los derechos y deberes de todos y cada uno de sus componentes y, particularmente, los alcances, límites y formas del ejercicio del poder.