Querida Nicaragua: Si la envidia es pecado, confieso que he pecado grandemente al observar el desarrollo de las elecciones tanto en El Salvador como en Costa Rica. Tuve muchísimo interés en enterarme de cómo marchaban esos procesos electorales. No me importaba tanto quién ganara, pues al fin y al cabo los que ganaran lo harían en buena ley, sin trucos, ni zancadillas, sin boletas falsificadas, y sin retención de cédulas a ningún ciudadano, en plena calma, en sosiego, en un acto masivo verdaderamente limpio, una fiesta cívica completa.
En El Salvador el candidato para llegar a la Presidencia requiere el 50 por ciento más uno de los votos. El candidato del FMLN, con el 65.5 de votos escrutados llegó al 49.05. Imaginemos lo que hubiese ocurrido aquí si la ley estipulara, como antes, que el candidato necesitara para ganar el 45 por ciento de los votos. Obviamente uno de los candidatos sería el señor don Daniel. Imaginemos que en el conteo del 65 por ciento de los votos escrutados hubiera sacado el 44.05 por ciento de los sufragios, algo similar a lo del candidato del FMLN en El Salvador. Este es un caso totalmente hipotético, pero si se hubiese dado, seguro que media hora más tarde, el conteo del señor don Daniel sube al 46.05 por lo menos y ahí mismo, don Roberto lo declara ganador de las elecciones y presidente electo de la República.
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En El Salvador, la izquierda gobernante, una izquierda chavista, tiene un Consejo Electoral compuesto por ciudadanos probos incapaces de juguetear con los votos. El señor Salvador Sánchez Cerén, candidato del FMLN, tendrá que ir a una segunda vuelta a competir con su contrincante del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), señor Norman Quijano. Todo en orden, con abundante observación nacional e internacional, con comisiones de Derechos Humanos vigilando, con la Policía Nacional ayudando en forma civilista a la buena marcha de los comicios. Francamente que siento envidia.
Y de las elecciones en Costa Rica no esperaba otra cosa. Desde hace 64 años han sido transparentes y se convierten siempre en una fiesta cívica. En Costa Rica la Ley electoral dice que para elegir presidente se necesita el 40 por ciento de los votos. Y ninguno de los candidatos llegó a ese número. Don Johnny Araya, del Partido Liberación Nacional, llevaba el 32.9 por ciento y don Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana, el 25.9, de modo que, como ninguno de los dos llega al requerido 40 por ciento, van a una segunda vuelta para decidir quién gana la Presidencia de la nación.
Igualmente en Costa Rica hubo centenares de observadores tanto nacionales como internacionales, limpieza absoluta en el Tribunal Electoral, cédulas en orden, padrón electoral escrupulosamente correcto. Y nosotros, aquí, viendo cómo nuestros vecinos, Honduras hace unos días, y ahora El Salvador y Costa Rica realizan sus procesos electorales sin que los presidentes se aferren a la silla presidencial.
Qué falta de patriotismo la nuestra, qué falta de amor por la patria, tanto de los presidentes que quieren eternizarse en el poder, como de los funcionarios que le hacen el juego comportándose como sirvientes del presidente de facto. También falta de patriotismo de los miembros de los poderes del Estado, que por intereses personales dejan pasar todas las situaciones vergonzosas haciéndose de la vista gorda. Y falta de patriotismo también de todos y cada uno de nosotros los nicaragüenses, que tenemos obligación de defender nuestra patria a como dé lugar, de no permitir que militarotes o machetones, o seudo revolucionarios pretendan presidencias vitalicias. No le echemos la culpa a nadie. Todos somos culpables del destino de nuestro país. Y si no queremos que esto siga así, hagamos algo, pero no hablemos tanto, luchemos cívicamente porque la patria lo necesita. Hay que recobrar la democracia perdida. Es un deber y una obligación ciudadana. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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