Querida Nicaragua: La palabra que uso para el título de esta carta no existe en el diccionario de la Real Academia Española y lo dudo que exista en ningún otro diccionario. Diversionismo ideológico fue un concepto creado por el castrismo cubano para darle nombre a toda expresión que no tomara en cuenta los “progresos” de la revolución cubana. Introducir una idea para corregir algo mientras se está en una reunión o charla marxista entre camaradas cubanos, eso es diversionismo ideológico, y quien lo haya expresado queda inhibido para dar ninguna idea. Hay que hablar de la revolución y sus progresos, del bloqueo del imperialismo yankee, de la prodigiosa verborrea de Fidel Castro, pero nunca de problemitas sencillos como el desabastecimiento, la escasez de agua, la represión policial, los fusilamientos. Nada de eso. Eso es diversionismo ideológico.
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Así vamos nosotros por estos lares pero al revés. Aquí podemos hablar de todo género de problemas, que la electricidad es un robo, que el servicio de agua es pésimo, que los impuestos nos están dejando en la calle, que la Policía no actúa cuando no se lo ordenan desde arriba, que las turbas son ahora motorizadas y atacan toda manifestación de protesta, que las leyes están ahí pero el ciudadano no tiene acceso a ellas, que el presidente es ilegal, ilegítimo y la mayoría de los funcionarios públicos son ilegales tal como es el señor don Daniel. Todo eso y más podemos decir y nadie nos acusa de “diversionismo ideológico”. Parece que el señor don Daniel cambió las reglas del juego, se la ganó al propio Fidel de quien todo el mundo sabe que tiene una dinastía de 55 años, una isla esclava, sin libertad de nada, sin medios de comunicación contrarios, con las cárceles abiertas a la orden del día para cualquier “diversionista”; que es traficante de médicos, es decir de personas, como los encomenderos de la colonia.
Al señor don Daniel no se le puede señalar nada de esto. Aquí hay cantidad de medios de comunicación. Eso sí, el 95 por ciento son del gobierno. Cinco canales de televisión y en duda dos más. En ellos hay enorme libertad de expresión solo para divulgar las maravillas del gobierno, los números falsos de las encuestas y de las instituciones gubernamentales. El señor don Daniel manda en todos los poderes del Estado. Ha desaparecido la autonomía municipal ya que todos sabemos que es la primera dama quien manda en la Alcaldía de Managua y la que ha hecho colocar más de dos docenas de lo que ella llama “árboles de la vida”, unos adornos de hojalata con miles de luces para que Managua luzca como la capital más bella de Centroamérica.
Maduro se está cayendo en Venezuela, pero el señor don Daniel sigue tan campante proyectando enormes canales interoceánicos, ferrocarriles de costa a costa, aeropuertos y zonas de libre comercio, maravillas que parecen sacadas de los cuentos de Las mil y una noches .
Aquí el gobierno no acusa a nadie de diversionismo ideológico. Todos hablamos, todos criticamos tanto al gobierno como a nosotros mismos por nuestra indolencia e incapacidad. El gobierno ha optado por guardar un profundo silencio. No contesta ninguna crítica, ha ordenado a sus ministros evitar las declaraciones sobre todo a los medios independientes. Hasta hoy don Daniel no ha dado una sola conferencia de prensa al periodismo nacional e internacional. Únicamente dio declaraciones, hace unos meses, a un periodista ruso cuyo nombre no retengo en la mente.
Y asómbrese. El mundo internacional no se ocupa de don Daniel y cuando lo hace es para alabar el buen ingreso per cápita o el Producto Interno Bruto y el crecimiento anual según los números del Banco Central.
La historia se repite. Al parecer vamos a necesitar quién sabe cuántos muertos para poner en orden nuestro país. Quiera Dios que lo ordenemos pacíficamente. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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